Antecedentes
En la primera mitad del siglo XI la Iglesia estaba marcada por abusos como la compra de cargos eclesiásticos (simonía) y la práctica del matrimonio entre clérigos. Además, los monarcas y señores feudales solían conferir los beneficios eclesiásticos mediante la investidura, lo que comprometía la independencia del clero2.
El papado de Gregorio VII
Hildebrando de Sovana, elegido papa bajo el nombre de Gregorio VII, se presentó como el defensor de la reforma cristiana. Su pontificado se caracterizó por una firme defensa de la supremacía papal y por la promulgación de decretos que atacaban los abusos señalados3.
