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Reforma gregoriana

La reforma gregoriana fue el gran movimiento de renovación eclesial que transformó la Iglesia latina entre los siglos XI y XII. Su objetivo consistió en liberar la vida y el gobierno de la Iglesia de la influencia abusiva de los poderes seculares, corregir la simonía y la incontinencia clerical, restaurar la disciplina canónica y afirmar la libertas Ecclesiae, es decir, la libertad de la Iglesia para elegir a sus ministros y ejercer su misión sin sometimiento político. Aunque recibió su nombre de Gregorio VII (1073-1085), culminó un proceso iniciado varias décadas antes por movimientos monásticos, sínodos regionales y pontífices reformadores.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreReforma gregoriana
CategoríaOrganización religiosa
DescripciónMovimiento que buscó liberar a la Iglesia del dominio secular, erradicar la simonía y la incontinencia clerical, y afirmar la libertas Ecclesiae
ConsecuenciasMayor autonomía papal, elecciones canónicas de obispos y abades, debilitamiento de la investidura laica, y fundamento para la monarquía pontificia.
Contexto HistóricoIglesia latina y feudalismo en Europa occidental
DesarrolloA través de sínodos romanos, decretos pontificios, legados y centralización del poder papal se restablecieron elecciones canónicas y se reforzó el derecho canónico.
ImportanciaBase de la separación entre autoridad eclesiástica y temporal y de la consolidación del papado como autoridad central de la cristiandad latina.
Personas RelacionadasGregorio VII, Clemente II, Damaso II, León IX, Víctor II, Enrique III, Enrique IV, Alejandro II, Alejandro III, Calixto II
TipoMovimiento eclesial, Reforma de la Iglesia latina, Renovación moral y jurídica, XI-XII, Alta Edad Media

Tabla de contenido

Concepto y alcance histórico

La expresión reforma gregoriana designa una transformación religiosa, disciplinar, jurídica y política de gran alcance. El movimiento no nació como un programa completo elaborado por Gregorio VII, sino como la culminación de iniciativas anteriores que adquirieron una fuerza nueva durante su pontificado.

La reforma pretendía renovar la Iglesia en dos planos relacionados, pero distintos:

  • La reforma de las costumbres, dirigida contra la simonía, el concubinato clerical y otras formas de relajación disciplinar.
  • La reforma de la estructura jurídica y política, orientada a garantizar la libertas Ecclesiae frente a la intervención de reyes, emperadores, nobles y señores feudales.

La Santa Sede dirigió progresivamente este proceso mediante sínodos romanos, decretos pontificios, legados y una creciente centralización de la autoridad eclesiástica. El movimiento contribuyó a restablecer las elecciones canónicas de obispos y abades y puso fin, al menos como principio jurídico, a la designación sistemática de dignatarios eclesiásticos por parte de poderes seculares.1

Contexto: la Iglesia latina en el siglo XI

La sociedad cristiana medieval

Durante la Alta Edad Media, la Iglesia y las estructuras políticas formaban una realidad estrechamente entrelazada. El Sacro Imperio no actuaba únicamente como poder protector, mientras que la Iglesia asumía también funciones temporales y participaba profundamente en la organización social y política de la cristiandad occidental. Esta cooperación aportó beneficios para la evangelización, la educación y la formación de una Europa cristiana, pero también favoreció la progresiva mundanización de sectores eclesiásticos.2

El sistema feudal vinculó numerosos cargos eclesiásticos a bienes, rentas y derechos jurisdiccionales. Los obispados, abadías y parroquias podían constituir auténticos beneficios económicos. Quien recibía un oficio eclesiástico obtenía con frecuencia una considerable independencia patrimonial y social, mientras que el cargo resultaba difícil de retirar.3

Los señores laicos que controlaban tierras y beneficios tendían a intervenir en la provisión de los cargos eclesiásticos. A menudo elegían candidatos atendiendo más a intereses familiares, económicos o políticos que a la preparación espiritual y pastoral. Esta práctica perjudicaba la calidad del episcopado y del clero y convertía determinados oficios sagrados en instrumentos de poder.

La crisis moral y disciplinar

La intervención laica en los nombramientos favoreció dos abusos que la reforma convirtió en objetivos prioritarios:

  • La simonía, entendida como la compra o venta de cargos, bienes o funciones espirituales.
  • El nicolaísmo, término medieval utilizado para designar principalmente la incontinencia o la convivencia marital de clérigos obligados al celibato.

La obtención de un beneficio mediante dinero o influencia degradaba el sentido espiritual del ministerio. Además, la transmisión patrimonial de los beneficios podía impulsar a algunos clérigos a considerar sus cargos como propiedades familiares.

La reforma gregoriana no inventó la disciplina del celibato, pues las exigencias de continencia clerical contaban con una larga tradición en la Iglesia latina. Su objetivo consistió en reforzar y hacer efectiva una obligación ya existente, especialmente en un contexto donde la relajación de las costumbres había alcanzado amplias regiones de Occidente.4,3

Los antecedentes de la reforma

El monacato reformador

El movimiento reformador encontró uno de sus principales impulsos en los monasterios, especialmente en aquellos que buscaban recuperar una observancia más estricta de la vida religiosa. La renovación monástica promovió la oración, la austeridad, la disciplina comunitaria y la independencia frente a los poderes locales.

La abadía de Cluny desempeñó un papel destacado dentro de este ambiente, aunque la reforma gregoriana no puede reducirse a una extensión de la reforma cluniacense. También participaron obispos, sacerdotes, laicos y grupos de renovación espiritual que reclamaban una Iglesia más fiel al Evangelio y menos sometida a intereses feudales.

Los pontífices reformadores

Durante la primera mitad del siglo XI, diversos papas impulsaron la reforma desde Roma. La intervención del emperador Enrique III en la crisis del papado permitió la celebración de los sínodos de Sutri y Roma, que depusieron a varios pontífices rivales cuya elección estaba vinculada a prácticas simoníacas y a la violencia política.5

A continuación ocuparon la sede romana varios papas de orientación reformadora, entre ellos Clemente II, Dámaso II, san León IX y Víctor II. Con san León IX, la renovación alcanzó de manera más clara el propio papado y adquirió una dimensión europea. Hildebrando, futuro Gregorio VII, colaboró estrechamente con este movimiento y participó en la reorganización de la vida eclesial.

La acción de estos pontífices preparó el terreno para una intervención más firme de Roma en la elección de obispos, la corrección de los abusos y la defensa de la autonomía eclesiástica.

La evolución de la elección papal

La reforma gregoriana estuvo estrechamente relacionada con la transformación del sistema de elección del papa. Durante siglos, la elección pontificia dependió de un equilibrio inestable entre el clero romano, el pueblo de Roma, la aristocracia local y los emperadores.

La influencia imperial

En los siglos anteriores, los emperadores habían adquirido una influencia considerable sobre las elecciones papales. Otón III intervino en la designación de Gregorio V y Silvestre II, mientras que Enrique III desempeñó un papel decisivo en la elevación de Clemente II, Dámaso II, León IX y Víctor II. Aunque la confirmación de los electores jurídicos seguía siendo necesaria, la presión imperial condicionaba claramente el resultado.6

Enrique III recibió también una posición privilegiada en los asuntos romanos. La autoridad imperial alcanzó entonces uno de sus momentos culminantes, pero la reforma posterior buscó reducir progresivamente esa dependencia.

El decreto In nomine Domini de 1059

El cambio decisivo llegó durante el pontificado de Nicolás II. En el sínodo celebrado en Letrán en 1059, el decreto In nomine Domini estableció nuevas normas para la elección papal.

La disposición concedió el papel principal a los cardenales, especialmente a los cardenales obispos. Estos debían examinar inicialmente a los candidatos y, junto con los demás cardenales, proceder a la elección. El clero y el pueblo de Roma conservarían una función de aprobación o aclamación, pero dejarían de controlar el proceso. El emperador podía recibir una consideración especial, aunque ya no disfrutaba del derecho ordinario de designar al papa.7,6

La norma transformó la relación de fuerzas entre el papado y el Imperio. La elección dejó de depender principalmente de la voluntad imperial y pasó a organizarse alrededor del colegio cardenalicio. El emperador conservaba una referencia honorífica y una posibilidad de confirmación, pero la designación efectiva correspondía a la Iglesia romana.

La corte alemana rechazó esta reducción de sus prerrogativas. La elección de Alejandro II provocó una reacción imperial y la designación de un antipapa, Cadalo de Parma, conocido como Honorio II. El conflicto terminó favoreciendo a Alejandro II, reconocido en Mantua en 1067.8,5

Consecuencias a largo plazo

El decreto de 1059 no creó inmediatamente el sistema electoral moderno, pero proporcionó la base de su desarrollo posterior. La elección papal se convirtió progresivamente en una competencia propia del colegio cardenalicio. Más adelante, Alejandro III estableció que ningún candidato pudiera considerarse elegido sin obtener dos tercios de los votos de los cardenales, para evitar elecciones disputadas.7

Este proceso debilitó la tutela imperial sobre el papado y reforzó la concepción de la Santa Sede como autoridad autónoma dentro de la cristiandad latina.

La reforma de las costumbres

La lucha contra la simonía

La simonía constituía uno de los principales objetivos del movimiento reformador. La compra de cargos eclesiásticos no solo corrompía el acceso al ministerio, sino que también vinculaba la autoridad espiritual a intereses económicos y políticos.

Los reformadores reclamaron que los oficios eclesiásticos procedieran de una elección legítima y de una designación conforme al derecho de la Iglesia. Los candidatos debían mostrar preparación, idoneidad moral y disposición para el servicio pastoral, en lugar de obtener el cargo por parentesco, dinero o presión señorial.

Gregorio VII llevó esta lucha a un nivel de particular intensidad. Consideraba que la simonía y la incontinencia clerical destruían la credibilidad de la Iglesia y obstaculizaban su renovación espiritual.9

El celibato y la continencia clerical

La reforma impulsó la recuperación de la disciplina del celibato y de la continencia de los clérigos. La situación variaba según las regiones, pero el matrimonio o la convivencia de sacerdotes aparecía con frecuencia asociado a la transmisión hereditaria de beneficios y bienes eclesiásticos.

Los reformadores entendían que la continencia clerical protegía la disponibilidad pastoral del ministro y evitaba que el oficio sagrado se convirtiera en patrimonio familiar. Por ello, la campaña contra el matrimonio de los clérigos no constituyó únicamente una exigencia ascética: también pretendía impedir la apropiación privada de los bienes y cargos de la Iglesia.

El II Concilio de Letrán, celebrado en 1139, declaró inválidos los matrimonios contraídos por clérigos mayores y por personas consagradas mediante votos religiosos. Esta decisión no introdujo por primera vez la prohibición, sino que otorgó una sanción jurídica más contundente a una obligación disciplinar anterior.4

Reforma moral y reforma jurídica

La reforma de las costumbres y la reforma de la estructura eclesial estaban relacionadas, pero no eran idénticas.

La reforma moral pretendía purificar la vida de los ministros y restaurar la disciplina: combatía la simonía, la incontinencia clerical y la negligencia pastoral. La reforma jurídica aspiraba a modificar quién tenía autoridad para elegir, investir y controlar a los titulares de los cargos eclesiásticos.

Esta distinción resulta fundamental. La reforma gregoriana no fue simplemente una campaña contra sacerdotes casados o contra determinadas prácticas inmorales. También fue una lucha por determinar la naturaleza de la Iglesia, la fuente de la autoridad episcopal y los límites de la intervención secular.

La libertas Ecclesiae

Significado

La expresión libertas Ecclesiae designaba la libertad de la Iglesia para cumplir su misión sin quedar sometida a la voluntad de los poderes políticos. Incluía varios aspectos:

  • La elección canónica de papas, obispos y abades.
  • La prohibición de comprar o vender cargos eclesiásticos.
  • La independencia de los bienes y derechos de la Iglesia.
  • La autoridad del papa para juzgar y corregir abusos eclesiásticos.
  • La autonomía de la jurisdicción espiritual frente a reyes y emperadores.

La libertad defendida por los reformadores no equivalía a una separación moderna entre Iglesia y Estado. La sociedad medieval entendía la religión y la política como dimensiones estrechamente vinculadas. La libertas Ecclesiae pretendía establecer una distinción jerárquica entre la misión espiritual de la Iglesia y la potestad temporal de los príncipes.

La investidura laica

La investidura laica consistía en la entrega por parte de un soberano o señor de los signos y derechos asociados a un obispado o abadía. En la práctica, el acto podía incluir la concesión del báculo y del anillo, símbolos que también expresaban la autoridad espiritual.

Los reyes y emperadores defendían su intervención porque los obispos desempeñaban funciones políticas, administraban extensos territorios y participaban en el gobierno del reino. La Iglesia reformadora rechazaba que un poder secular confiriera una autoridad espiritual o que tratara los obispados como feudos.

La controversia alcanzó su máxima intensidad durante la querella de las investiduras, especialmente bajo Gregorio VII y el emperador Enrique IV.

Gregorio VII y la culminación del movimiento

Hildebrando antes del pontificado

Gregorio VII nació con el nombre de Hildebrando y participó durante décadas en la reforma de la Iglesia romana antes de acceder al papado. Colaboró con varios pontífices reformadores y adquirió una experiencia excepcional en la administración eclesial, la diplomacia y la aplicación de la disciplina canónica.

Su elección en 1073 ocurrió en un ambiente de fuerte adhesión popular y clerical. Tras la muerte de Alejandro II, el clero y el pueblo de Roma proclamaron a Hildebrando como sucesor, y finalmente adoptó el nombre de Gregorio VII.8

El programa reformador

Gregorio VII heredó un proyecto ya iniciado, pero lo desarrolló con energía y coherencia excepcionales. Sus objetivos principales fueron:

  • Erradicar la simonía.
  • Reprimir la incontinencia clerical.
  • Defender las elecciones canónicas.
  • Impedir la investidura laica.
  • Reforzar la autoridad pontificia.
  • Afirmar la libertad de la Iglesia frente al Imperio y los poderes feudales.

El papa entendía que la renovación moral no podía avanzar sin una transformación jurídica. Mientras los príncipes conservaran la capacidad de nombrar obispos y abades, la Iglesia seguiría expuesta a la corrupción de los intereses temporales.

El sínodo romano de 1075

En 1075, Gregorio VII intensificó la condena de la simonía y de la investidura laica. El sínodo romano de aquel año consolidó la política pontificia contra quienes recibieran cargos eclesiásticos de manos de laicos.

La decisión provocó una fuerte resistencia, especialmente entre los obispos vinculados al poder imperial. El enfrentamiento no se limitó a una disputa ceremonial sobre los símbolos de la investidura, sino que afectó a la cuestión central de quién poseía autoridad para constituir la jerarquía de la Iglesia.

La querella de las investiduras

El conflicto con Enrique IV

Enrique IV consideraba que la designación de obispos formaba parte de sus derechos como rey y emperador. Gregorio VII, por el contrario, sostenía que ningún soberano podía conceder una autoridad espiritual ni controlar la elección de los pastores de la Iglesia.

El conflicto se agravó cuando Enrique IV apoyó a obispos contrarios al papa y exigió la renuncia de Gregorio. El pontífice respondió con la excomunión del emperador y con la liberación de sus súbditos del juramento de fidelidad, una medida de enorme trascendencia en la sociedad feudal.

La disputa alcanzó un momento emblemático en Canosa, donde Enrique IV buscó la reconciliación con el papa en 1077. La penitencia del emperador no puso fin a la controversia, pero mostró la capacidad de la autoridad pontificia para intervenir en la vida política de la cristiandad.

Nuevas rupturas

La reconciliación resultó frágil. Enrique IV volvió a enfrentarse con Gregorio VII, apoyó la elección de un antipapa y marchó sobre Roma. Gregorio encontró apoyo militar en los normandos, aunque esta alianza produjo también graves daños en la ciudad y complicó la posición del pontífice.

Gregorio VII murió en el exilio en Salerno en 1085. Su pontificado no logró resolver definitivamente la querella de las investiduras, pero transformó de modo irreversible la relación entre el papado, el Imperio y las Iglesias locales. Su programa continuó bajo sus sucesores.

Continuación y resolución del proceso

Víctor III, Urbano II y Pascual II

Después de Gregorio VII, la reforma continuó a través de sus sucesores. Víctor III mantuvo la línea reformadora, aunque en un contexto político difícil. Urbano II consolidó la autoridad pontificia y extendió la influencia de Roma en la cristiandad occidental. Pascual II prosiguió la oposición a la investidura laica, aunque tuvo que afrontar nuevas tensiones con los soberanos.

La reforma no avanzó de manera uniforme. Algunos obispos apoyaron al papa, mientras que otros defendieron sus vínculos tradicionales con el monarca. También hubo resistencia entre sectores del clero, pues las nuevas normas afectaban a costumbres arraigadas y a intereses económicos.

El Concordato de Worms

La querella de las investiduras concluyó jurídicamente con el Concordato de Worms, acordado en 1122 entre el papa Calixto II y el emperador Enrique V.

El acuerdo distinguió entre:

  • La elección y consagración espiritual del obispo, vinculadas a la Iglesia.
  • La concesión de derechos temporales, relacionada con la autoridad imperial.

Esta separación no eliminó toda influencia política en la elección de obispos, pero estableció una diferencia decisiva entre la autoridad espiritual y los bienes o poderes temporales asociados al cargo.

El Concordato de Worms confirmó una de las grandes conquistas conceptuales de la reforma: el obispo no recibía su misión espiritual del emperador.

Instituciones y métodos de la reforma

Los sínodos romanos

Los sínodos romanos constituyeron uno de los instrumentos principales de la reforma. En ellos, el papa y los obispos examinaban casos de simonía, abusos disciplinares, elecciones irregulares y conflictos jurisdiccionales.

La utilización sistemática de sínodos reforzó el papel de Roma como centro de coordinación de la Iglesia latina. El papado dejó de limitarse a resolver problemas locales y asumió una función directiva en asuntos que afectaban a regiones enteras de Occidente.

Los legados pontificios

Los legados enviados por el papa difundieron las decisiones reformadoras y supervisaron su aplicación. Visitaban diócesis, presidían sínodos, investigaban denuncias y exigían la corrección de clérigos y obispos.

Esta red de representantes permitió a la Santa Sede intervenir con mayor eficacia en territorios alejados de Roma y contribuyó a la formación de una estructura eclesial más centralizada.

El derecho canónico

La reforma impulsó la recopilación, interpretación y aplicación de normas canónicas. La autoridad pontificia recurrió a decretos, cartas y decisiones sinodales para establecer criterios comunes sobre las elecciones, la simonía, la disciplina clerical y la jurisdicción.

El desarrollo posterior del derecho canónico medieval recibió un impulso decisivo de esta etapa. La reforma convirtió la disciplina eclesiástica en un campo más sistemático y reforzó la idea de que la Iglesia poseía un orden jurídico propio.

Dimensión espiritual y teológica

La reforma gregoriana no fue únicamente un programa administrativo. Sus promotores entendían que la Iglesia debía recuperar su identidad como cuerpo santo, libre y ordenado al servicio de Cristo.

Gregorio VII veía la pureza de la Iglesia y su libertad como realidades inseparables. Una Iglesia sometida a la compra de cargos o a la voluntad de los príncipes no podía ejercer plenamente su misión espiritual. Por ello, la defensa de la autonomía institucional tenía una finalidad religiosa y pastoral.

Juan Pablo II describió la acción de Gregorio VII como una respuesta a la crisis de la cristiandad medieval y a la mundanización que había favorecido la simonía y el deterioro moral del clero. El pontífice quiso una Iglesia pura, santa y libre, aun cuando su política provocara una resistencia intensa entre príncipes y eclesiásticos.2

Consecuencias históricas

Consolidación del papado

La reforma convirtió al papado en la principal autoridad coordinadora de la Iglesia latina. El pontífice adquirió mayor capacidad para intervenir en elecciones episcopales, juzgar conflictos y exigir la aplicación de normas comunes.

La elección papal pasó a depender fundamentalmente del colegio cardenalicio, lo que redujo la intervención directa del emperador y de la aristocracia romana. El decreto de 1059 constituyó así un paso decisivo hacia la autonomía institucional de la Santa Sede.

Renovación del episcopado y del clero

La reforma favoreció la elección canónica de obispos y abades y procuró que los candidatos recibieran una preparación más adecuada. La lucha contra la simonía y el nicolaísmo buscaba restablecer la dignidad del ministerio y evitar la transmisión patrimonial de los cargos eclesiásticos.

El proceso no eliminó inmediatamente todos los abusos. La aplicación de las normas fue desigual y dependió de la situación política de cada territorio. Sin embargo, la reforma estableció criterios jurídicos y espirituales que orientaron la evolución posterior de la Iglesia.

Nueva relación entre Iglesia y poder secular

La reforma modificó profundamente la relación entre la autoridad espiritual y la autoridad temporal. El emperador dejó de ejercer una tutela directa sobre la elección del papa y encontró mayores límites a su intervención en los nombramientos episcopales.

La Iglesia no abandonó su presencia en la vida pública, pero reclamó un ámbito propio de autoridad. Esta reivindicación contribuyó al nacimiento de una concepción medieval más diferenciada de las potestades espiritual y temporal.

Desarrollo de la monarquía pontificia

La reforma favoreció la centralización del gobierno eclesial en torno a Roma. El papado amplió sus tribunales, sus comunicaciones, sus delegaciones y su legislación. Durante los siglos XII y XIII, estos avances desembocarían en una estructura pontificia mucho más desarrollada.

La llamada monarquía pontificia no apareció de manera repentina con Gregorio VII. La reforma gregoriana proporcionó sus fundamentos doctrinales, jurídicos y administrativos, aunque su consolidación plena perteneció a generaciones posteriores.

Valoración histórica

La reforma gregoriana constituyó una renovación profunda, pero también generó conflictos duraderos. Su defensa de la independencia eclesial fortaleció la libertad de la Iglesia y corrigió abusos reales; al mismo tiempo, la creciente afirmación del poder pontificio amplió la intervención papal en cuestiones políticas y temporales.

El movimiento tuvo, por tanto, una doble dimensión:

  • Reformadora, porque combatió la corrupción, exigió una mejor disciplina y restauró elecciones eclesiásticas.
  • Institucional, porque transformó el gobierno de la Iglesia y reforzó la centralización romana.

La denominación «gregoriana» resulta legítima por la importancia excepcional de Gregorio VII, pero puede inducir a error si presenta la reforma como una creación personal suya. El papa recogió iniciativas anteriores, las articuló en un programa coherente y las llevó a una confrontación decisiva con los poderes seculares. La reforma nació antes de su pontificado, alcanzó con él su momento más intenso y produjo consecuencias que se prolongaron durante todo el siglo XII.

Significado para la historia de la Iglesia

La reforma gregoriana marcó el paso de una Iglesia profundamente integrada en el sistema feudal a una Iglesia consciente de poseer una autoridad jurídica, espiritual y disciplinar propia. Su legado puede resumirse en cuatro transformaciones principales:

  1. La elección del papa quedó progresivamente en manos del colegio cardenalicio, con la consiguiente reducción de la influencia imperial.
  2. La simonía y la incontinencia clerical pasaron a ocupar el centro de la acción disciplinar pontificia.
  3. La Iglesia afirmó su libertad institucional frente a reyes, emperadores y señores.
  4. El papado se convirtió en el principal centro de unidad, legislación y gobierno de la cristiandad latina.

La reforma gregoriana no resolvió todos los problemas de la Iglesia medieval, pero estableció las bases de su renovación disciplinar y de su organización jurídica posterior. Su principal aportación consistió en unir la purificación de las costumbres con la defensa de la libertad de la Iglesia, mostrando que la reforma moral necesitaba también estructuras jurídicas capaces de protegerla.

Citas y referencias

  1. I. De 1054 al Concilio de Florencia (1438-1439), Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana. Sinodalidad y primacía en el segundo milenio y hoy, 1.2 (2023).
  2. Papa Juan Pablo II. 26 de mayo de 1985: Consistorio público: Cocelebración con los nuevos cardenales en la Solemnidad de Pentecostés - Homilía, 3 (1985). 2
  3. VI. La reforma gregoriana, A.M. Stickler. El celibato eclesiástico, su historia y sus fundamentos teológicos, 25 (1994). 2
  4. A.M. Stickler. El celibato eclesiástico, su historia y sus fundamentos teológicos, 26 (1994). 2
  5. Estados de la Iglesia. Catholic Encyclopedia, Estados de la Iglesia (1913). 2
  6. Elecciones papales. Catholic Encyclopedia, Elecciones papales (1913). 2
  7. Elección de los papas. Catholic Encyclopedia, Elección de los Papas (1913). 2
  8. John Henry Newman. La reforma del siglo XI: Selección de ensayos de John Henry, Cardenal Newman, 37 (1903). 2
  9. Papa San Gregorio VII. Catholic Encyclopedia, Papa San Gregorio VII (1913).
Modificado el 5 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.69 • 89 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/8rppfpf1d

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