La Regla contiene un prólogo y setenta y tres capítulos. Su contenido puede agruparse en varios grandes ámbitos.
Prólogo espiritual
El prólogo invita a escuchar la voz de Dios, abandonar la desobediencia y emprender el camino de la conversión. La imagen principal presenta la vida monástica como un combate espiritual bajo el señorío de Cristo y como una escuela en la que el discípulo aprende gradualmente a vivir el Evangelio.,
Tipos de monjes
Benito distingue cuatro clases de monjes:
- Los cenobitas, que viven bajo una regla y un abad.
- Los anacoretas, que han recibido una larga formación comunitaria antes de retirarse a la soledad.
- Los sarabaítas, que viven sin una autoridad estable ni una disciplina común.
- Los giróvagos, que vagan de monasterio en monasterio sin estabilidad.
La Regla dirige su atención principalmente a los cenobitas. Benito considera la estabilidad comunitaria el ámbito ordinario de la formación monástica y desconfía de la independencia espiritual que prescinde de una autoridad, una tradición y una comunidad concretas.
El abad
El abad ocupa el lugar de Cristo dentro del monasterio, pero no recibe un poder arbitrario. Debe enseñar con la palabra y, sobre todo, con el ejemplo. Ha de unir firmeza y misericordia, corregir los vicios sin destruir a la persona y adaptar su trato a la edad, el carácter y la madurez de cada monje.
Benito compara al abad con un padre de familia y con un pastor. Su autoridad posee una finalidad medicinal y educativa: conducir a los monjes hacia la madurez espiritual. El abad debe rendir cuentas ante el juicio de Dios por sus decisiones y por el cuidado de la comunidad.,
El consejo comunitario
La Regla no reduce el gobierno a la voluntad personal del abad. Cuando una cuestión afecta a toda la comunidad, el superior debe convocar a los hermanos, escuchar sus opiniones y valorar sus consejos antes de decidir. La decisión final corresponde al abad, pero el proceso incorpora la escucha y la responsabilidad compartida.,
La obediencia
La obediencia constituye una de las virtudes centrales de la Regla. El monje renuncia a su propia voluntad para seguir a Cristo, no mediante una sumisión ciega desligada de la razón, sino dentro de una relación de fe, humildad y caridad. Benito presenta la obediencia como un camino de retorno a Dios y como una forma concreta de vencer el egoísmo.,
La humildad
El capítulo séptimo dedica una amplia exposición a los grados de la humildad. Benito entiende la humildad como la verdad sobre uno mismo ante Dios. El monje aprende a reconocer su dependencia de la gracia, a aceptar la corrección, a obedecer sin arrogancia y a moderar sus palabras y gestos.
La humildad no significa desprecio de la dignidad humana. Ordena la libertad hacia la verdad y permite vivir sin colocar el propio interés en el centro de la comunidad.
El oficio divino
La oración litúrgica ocupa el centro de la jornada monástica. La comunidad participa en el Opus Dei, la «obra de Dios», mediante la recitación de salmos, himnos, lecturas y oraciones. Benito distribuye las horas de oración a lo largo del día y de la noche, de modo que el tiempo entero quede orientado hacia Dios.
La liturgia no funciona como una actividad entre otras. Ordena el ritmo del monasterio y vincula el trabajo, el descanso y la lectura con la alabanza divina. La oración comunitaria expresa la identidad común de los monjes y protege la vida espiritual frente al individualismo.
La lectura espiritual
La lectio divina-lectura orante y meditativa de la Sagrada Escritura y de otros textos espirituales- forma parte esencial de la jornada. La lectura no busca únicamente adquirir conocimientos, sino escuchar a Dios, interiorizar su Palabra y transformar la conducta.
Los periodos de lectura contribuyeron además a la conservación y transmisión de manuscritos. La tradición benedictina desarrolló bibliotecas, escritorios monásticos y centros de enseñanza, aunque la finalidad original de la Regla no consistía en crear instituciones culturales, sino en formar espiritualmente a los monjes.,
El trabajo manual
La Regla asigna un lugar importante al trabajo manual. El trabajo combate la ociosidad, sostiene la comunidad y permite servir a los demás. Benito no lo considera una actividad inferior reservada a esclavos, sino una dimensión propia de la vida humana y cristiana.
El trabajo puede incluir la agricultura, la artesanía, la administración de la casa, la atención a los huéspedes y diversas tareas necesarias para la comunidad. La tradición benedictina vinculó así la oración con el cultivo de la tierra, la enseñanza, la copia de manuscritos y el desarrollo de oficios.
La fórmula moderna ora et labora, «reza y trabaja», resume adecuadamente el espíritu benedictino, aunque no aparece como una frase literal que estructure toda la Regla. La vida monástica integra oración y trabajo bajo una misma orientación: buscar a Dios y glorificarlo en todas las cosas.
La estabilidad
La estabilidad expresa el compromiso del monje con una comunidad y un monasterio determinados. Frente a la itinerancia de los giróvagos, Benito propone perseverar en el mismo lugar y afrontar allí las dificultades de la convivencia.
La estabilidad no significa inmovilidad espiritual. Exige conversión continua dentro de relaciones concretas, responsabilidades compartidas y circunstancias que el monje no puede abandonar cada vez que aparecen conflictos. La comunidad se convierte así en un espacio de purificación de la voluntad y de ejercicio de la caridad.
La pobreza y los bienes
La Regla prohíbe la propiedad privada del monje. Los bienes pertenecen a la comunidad y el abad debe distribuirlos según las necesidades de cada persona. Benito no propone necesariamente una comunidad desprovista de recursos; desea que el monasterio administre sus bienes con sobriedad, justicia y finalidad apostólica.
El monasterio debe atender a los pobres, enfermos, viajeros y necesitados. La pobreza individual permite que los bienes comunes sirvan a la vida fraterna y a la hospitalidad. Esta concepción difiere de formas posteriores de pobreza religiosa que exigieron también una pobreza corporativa radical.