En el uso contemporáneo, sexo suele designar la dimensión biológica que diferencia a varones y mujeres. Género puede referirse a los significados, las expectativas y los papeles sociales asociados a esas diferencias, así como a la manera en que cada persona las vive. Por tanto, los términos no son sinónimos, aunque su significado varía según los contextos académicos, sociales y políticos. La Congregación para la Educación Católica reconoce que pueden distinguirse, pero advierte contra su separación radical.1
Esta distinción permite analizar cómo las sociedades asignan funciones y expectativas a hombres y mujeres. Los papeles sociales no son idénticos en todas las épocas o culturas; la Comisión Teológica Internacional distingue esa variación de la identidad sexual, que considera vinculada a la condición corporal de la persona.2
La palabra género también puede adquirir un sentido más amplio: la interpretación de la identidad sexual como algo independiente del cuerpo o determinado exclusivamente por la elección individual. Ese uso no equivale a toda reflexión sobre los papeles sociales ni a toda investigación sobre las diferencias entre hombres y mujeres. La discusión católica se dirige especialmente contra la separación entre identidad y diferencia corporal cuando convierte la autonomía individual en criterio único de la identidad.1,3
