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Religión revelada cristiana

La religión revelada cristiana es la respuesta de fe a la iniciativa por la que Dios se da a conocer y comunica su plan de salvación a la humanidad. Su centro y plenitud es Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre: en su persona, sus palabras y sus obras, y especialmente en su muerte y resurrección, Dios manifiesta definitivamente su amor y su voluntad salvadora. La Iglesia transmite esta revelación y profundiza en su comprensión en la historia, sin añadirle una nueva revelación pública.

ReligionSymbolAbr
Ver información de la imagenSímbolo de las tres religiones abrahámicas, c. 2006. Creado por el usuario Tinette de la Wikipedia en italiano, Tinette, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreReligión revelada cristiana
CategoríaDoctrina
DescripciónLa autocomunicación de Dios culminada en Jesucristo, recibida en la fe y transmitida por la Iglesia. Respuesta de fe a la iniciativa por la que Dios se da a conocer y comunica su plan de salvación a la humanidad
Referencias
Enseñanzas PrincipalesDios se revela mediante acontecimientos y palabras; la revelación culmina en Jesucristo; la Iglesia transmite y profundiza en la tradición apostólica.
Escritos RelacionadosCatecismo de la Iglesia Católica, Dei Verbum, Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica
HistoriaHistoria progresiva que comienza con la creación y la alianza con los patriarcas, pasa por Israel y la ley, y alcanza su plenitud en la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo.
Importancia EclesialConstituye el fundamento común de la fe cristiana y la base de la economía de la salvación.
OrigenIniciativa divina gratuita para comunicar el plan de salvación a la humanidad.
Personas RelacionadasJesucristo, Noé, Abrahán
Tema
  • Revelación divina y fe cristiana
  • Fe, Tradición apostólica, Revelación pública, Revelaciones privadas, Jesucristo
Tesis CentralJesucristo es el centro, mediador y plenitud de la revelación divina.

Tabla de contenido

Concepto de religión revelada

La expresión religión revelada distingue la iniciativa de Dios de la búsqueda religiosa humana. La razón natural puede llegar a conocer con certeza que Dios existe a partir de las criaturas; la revelación, en cambio, permite conocer una realidad que el ser humano no alcanza por sus propias capacidades: el misterio del plan divino de amor y la llamada a participar de la vida de Dios. La fe cristiana no consiste, por tanto, solo en aceptar unas ideas acerca de Dios, sino en acoger su comunicación personal y responder a ella.1

Dios revela tanto verdades como a sí mismo. Su comunicación da a conocer quién es y cuál es su propósito, pero también invita a la humanidad a la comunión con él. La revelación no aparece como un conjunto aislado de mensajes: Dios la realiza mediante acontecimientos y palabras relacionados entre sí, que se iluminan mutuamente. Así, las acciones divinas forman parte de la revelación, y las palabras permiten comprender su significado.1,2

Esta iniciativa divina es gratuita. Dios no revela algo que la humanidad pudiera exigirle, sino que libremente se acerca a ella y la hace capaz de conocerlo y amarlo de un modo que supera sus fuerzas naturales. La fe es la acogida de esa iniciativa: el creyente recibe el anuncio cristiano como palabra de Dios y procura vivir conforme a él.1,2

Desarrollo histórico de la revelación

La tradición cristiana entiende la revelación como una historia progresiva. Dios prepara a la humanidad para recibir su comunicación plena, mediante etapas que culminan en Jesucristo. Esa progresión no significa que Dios cambie de propósito, sino que conduce gradualmente a los seres humanos hacia la comprensión de su designio salvador.1

La historia comienza con la creación, que ofrece señales de Dios, y con la relación que él establece con los primeros seres humanos. El pecado no pone fin a esa relación: Dios mantiene su solicitud y abre una esperanza de redención. Tras la dispersión de la humanidad, la alianza con Noé expresa una economía divina dirigida a todos los pueblos. Después, Dios llama a Abrahán y promete que, mediante él, recibirán bendición todas las naciones.1

Dios forma luego a Israel como pueblo suyo, lo libera de la esclavitud y establece con él la alianza del Sinaí. La ley lo orienta al culto del Dios único y a la esperanza del Salvador. Los profetas mantienen viva la expectativa de una alianza nueva y universal: anuncian la purificación del pueblo y una salvación destinada también a las naciones. De este modo, la historia de Israel prepara la llegada de Cristo.1

La revelación cristiana reconoce en esas etapas una preparación que alcanza su cumplimiento en Jesús. La continuidad entre ambas no elimina la novedad de Cristo: en él, Dios no solo habla mediante un mensajero, sino que el Hijo mismo entra en la historia humana.1,3

Jesucristo, centro y plenitud

Jesucristo es el centro de la religión revelada cristiana porque es el Hijo de Dios hecho hombre y la Palabra definitiva del Padre. Su misión no se limita a transmitir enseñanzas. En él, Dios se comunica personalmente: sus palabras y obras revelan al Padre y llevan a cumplimiento la obra de salvación. La revelación culmina en el conjunto de su vida y misión, especialmente en su muerte, su resurrección y el envío del Espíritu Santo.3,4

«En estos últimos días [Dios] nos ha hablado mediante su Hijo».3

La plenitud de la revelación en Cristo no significa que el misterio de Dios quede agotado o pueda abarcarse por completo. La fe cristiana sostiene a la vez que Dios ha comunicado plenamente su designio salvador en Jesús y que la profundidad de la realidad divina supera toda comprensión humana. La plenitud se refiere a la definitividad de la comunicación de Dios en Cristo, no a que la inteligencia humana llegue a comprender exhaustivamente a Dios.5

Por eso, la revelación cristiana no considera a Jesús una etapa provisional que deba completarse con una revelación pública posterior. El Hijo es mediador y plenitud de la revelación: en él se manifiesta plenamente el misterio salvador de Dios, aunque la Iglesia necesite profundizar con el tiempo en las implicaciones de lo recibido.1,4

Transmisión de la revelación y misión de la Iglesia

Los apóstoles recibieron el mensaje de Cristo y anunciaron la buena noticia al mundo. Su testimonio incluyó tanto la predicación como el ejemplo de vida. La Iglesia continúa esa misión y conserva la continuidad de la tradición apostólica mediante la sucesión episcopal. De este modo, la revelación recibida en Cristo llega a las generaciones posteriores como una herencia que la comunidad cristiana custodia y transmite.6,2

La Iglesia no sustituye a Cristo como fuente de la revelación ni crea otro mensaje salvador. Su tarea consiste en anunciar fielmente el Evangelio y penetrar cada vez más en su significado. El desarrollo de la comprensión cristiana puede hacer explícitas consecuencias que no se formularon plenamente en épocas anteriores, sin convertir por ello el depósito recibido en una revelación distinta o contradictoria. La recepción e interpretación de la verdad evangélica requieren fidelidad a lo recibido y una comprensión que madura a lo largo del tiempo.1,2

La revelación, por tanto, tiene una dimensión personal y también una dimensión comunitaria e histórica. El creyente responde a Dios mediante la fe, pero recibe el anuncio cristiano en una Iglesia que lo proclama, lo conserva y lo transmite. La fe cristiana permanece ligada a la persona y al acontecimiento de Jesucristo, no a una sucesión indefinida de mensajes nuevos.6,2

Revelación pública y revelaciones privadas

La revelación pública es la comunicación de Dios que alcanza su plenitud en Jesucristo y que constituye el fundamento común de la fe cristiana. La Iglesia no espera una nueva revelación pública que complete o corrija lo que Dios ha dado en Cristo:

«La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca pasará; y no hay que esperar ninguna nueva revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo».1

La tradición cristiana distingue de ella las llamadas revelaciones privadas, algunas de las cuales la autoridad de la Iglesia ha reconocido. Estas no pertenecen al depósito de la fe ni tienen la misión de perfeccionar o completar la revelación definitiva de Cristo. Su posible función consiste en ayudar a vivir más plenamente esa misma revelación; por eso, no pueden ocupar el lugar del Evangelio ni convertirse en una nueva norma universal de la fe cristiana.1

Significado para la fe cristiana

La religión revelada cristiana presenta a Dios como aquel que toma la iniciativa, sale al encuentro de la humanidad y la llama a la comunión consigo. Presenta también la historia como ámbito de esa comunicación: Dios actúa en ella y se da a conocer progresivamente, hasta que el Hijo hecho hombre revela plenamente su amor y su propósito salvador.1,2

Por ello, el cristianismo no entiende la revelación como una simple colección de doctrinas ni como una intuición religiosa que cada época pueda reemplazar por otra. La entiende como la autocomunicación de Dios culminada en Jesucristo, recibida en la fe y transmitida por la Iglesia. La respuesta cristiana consiste en acoger a Cristo, confiar en el Dios que él revela y vivir de acuerdo con el Evangelio.7,2,6

Citas y referencias

  1. Capítulo segundo: Dios sale al encuentro del hombre, Catecismo de la Iglesia Católica, 50 (1992). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. Audiencia general del 17 de octubre de 2012, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 17 de octubre de 2012, 1 (2012). 2 3 4 5 6 7
  3. Capítulo I: La revelación misma, Concilio Vaticano II. Dei Verbum, 4 (1965). 2 3
  4. Primera parte: La profesión de fe. Capítulo segundo: Dios sale al encuentro del hombre. La revelación de Dios, Promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 9 (2005). 2
  5. I. La plenitud y definitividad de la revelación de Jesucristo, Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración «Dominus Iesus»: Sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, 6 (2000).
  6. Primera parte: La fe de la Iglesia, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo, nuestra Pascua, 14 (2016). 2 3
  7. III. Algunas consecuencias para una teología cristiana de las religiones - III. 2. La cuestión de la revelación, Comisión Teológica Internacional. El cristianismo y las religiones del mundo, 88 (1997).
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