La expresión religiones celestes no designa una única religión ni una comunidad histórica concreta. Nombra una categoría interpretativa para estudiar tradiciones en las que el cielo aparece como manifestación de la majestad divina. En esta clasificación, el rasgo central consiste en un culto originario al Dios Altísimo, cuya grandeza se manifiesta en los cielos.1
El término «celeste» alude, por tanto, a una orientación religiosa: la experiencia de una realidad divina superior al mundo y asociada simbólicamente con la altura y la amplitud del cielo. La categoría pone el acento en la relación entre la trascendencia de Dios y la percepción del orden cósmico; no basta, por sí sola, para identificar las creencias, los ritos o las instituciones de una tradición particular.1
La descripción de un culto inicial monoteísta al Dios Altísimo presenta una interpretación de los orígenes religiosos, no una definición exhaustiva de todas las religiones incluidas en la categoría. La tipología busca reconocer afinidades profundas entre fenómenos religiosos distintos, sin afirmar que todas sus formas históricas sean idénticas.1

