En una clasificación comparativa, la religiosidad telúrica constituye una de varias grandes categorías empleadas para ordenar la diversidad de las religiones. Comparte esa clasificación con las religiones celestes, las étnico-políticas, las mistéricas, las universales y la religión revelada. El término alude a una orientación religiosa en la que la tierra y sus realidades vivificadoras -en particular, la vida y la fecundidad- adquieren especial significado religioso.1
Por tanto, «religiones telúricas» no designa una institución común, un credo compartido ni un conjunto uniforme de prácticas. Tampoco permite concluir, por sí solo, que todas las tradiciones incluidas bajo esa categoría mantengan idénticas creencias sobre la divinidad. Funciona como una herramienta de comparación: destaca ciertos motivos religiosos recurrentes sin borrar las diferencias históricas y doctrinales entre las religiones. La clasificación comparativa de las religiones se apoya precisamente en la búsqueda de constantes comunes, aunque cada tradición conserve rasgos propios.1

