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Religiones telúricas

Las religiones telúricas son una categoría comparativa de la historia de las religiones que agrupa formas de religiosidad vinculadas simbólicamente a la tierra, la vida y la fecundidad. Su imagen más característica es la de la Madre Tierra o Gran Madre, asociada a la intuición de que la vida constituye un don cuyo origen último trasciende las criaturas. La expresión describe una constante religiosa, no una religión única ni una familia de creencias con doctrina y organización comunes.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreReligiones telúricas
CategoríaTérmino
DescripciónCategoría comparativa de la historia de las religiones que agrupa formas de religiosidad vinculadas simbólicamente a la tierra, la vida y la fecundidad. Categoría comparativa que alude a una orientación religiosa en la que la tierra y sus realidades vivificadoras adquieren especial significado religioso, expresando la vida y la fecundidad como un don
Doctrinas RelacionadasReligiones celestes, religiones étnicopolíticas, religiones mistéricas, religiones universales, religión revelada
Escritos RelacionadosScripta Theologica. Recensiones, El Hecho Religioso y Su Valoración, Enciclopedia Católica
Referencias en DocumentosNostra aetate, Lumen gentium, Ad gentes
Tema
  • Historia de las religiones y comparación de formas de religiosidad
  • Madre Tierra, fecundidad, don de la vida, religiosidad prehistórica, culto a la naturaleza

Tabla de contenido

Concepto y alcance

En una clasificación comparativa, la religiosidad telúrica constituye una de varias grandes categorías empleadas para ordenar la diversidad de las religiones. Comparte esa clasificación con las religiones celestes, las étnico-políticas, las mistéricas, las universales y la religión revelada. El término alude a una orientación religiosa en la que la tierra y sus realidades vivificadoras -en particular, la vida y la fecundidad- adquieren especial significado religioso.1

Por tanto, «religiones telúricas» no designa una institución común, un credo compartido ni un conjunto uniforme de prácticas. Tampoco permite concluir, por sí solo, que todas las tradiciones incluidas bajo esa categoría mantengan idénticas creencias sobre la divinidad. Funciona como una herramienta de comparación: destaca ciertos motivos religiosos recurrentes sin borrar las diferencias históricas y doctrinales entre las religiones. La clasificación comparativa de las religiones se apoya precisamente en la búsqueda de constantes comunes, aunque cada tradición conserve rasgos propios.1

La Madre Tierra y el significado religioso de la fecundidad

La representación más característica de esta religiosidad es la Gran Madre o diosa Madre Tierra. La imagen expresa una percepción religiosa de la vida como realidad recibida y fecunda, no simplemente como una propiedad que el ser humano controle a voluntad. En una formulación sintética:

la vida y la fecundidad tienen para el hombre carácter de don

Esta intuición conduce a atribuir su origen a un ser personal y superior a las realidades mundanas, no necesariamente a identificar la tierra misma con la divinidad. La imagen materna expresa así una relación de dependencia y gratitud ante el origen de la vida. La figura de la Madre Tierra puede entenderse como una representación religiosa de ese don, aunque las tradiciones concretas puedan interpretarla de maneras distintas.1

La imagen de la Gran Madre también puede aparecer en interpretaciones de la religiosidad prehistórica. Un estudio reseñado propuso leer ciertas representaciones del arte rupestre en clave de una divinidad suprema concebida como diosa madre; sin embargo, esa lectura aparece como una interpretación académica concreta, no como una conclusión que defina por sí sola todas las religiones telúricas.2

Diferencia entre religiosidad telúrica y culto a la naturaleza

La relación con la tierra no equivale automáticamente a adorar las fuerzas naturales ni a considerar divino todo lo creado. La religiosidad telúrica, tal como la presenta esta clasificación, apunta a una intuición acerca del origen de la vida y la fecundidad; la fuente última de esos dones puede concebirse como un ser personal superior a los seres del mundo. La tierra tiene entonces valor religioso por su vinculación con la vida recibida, sin que esa vinculación convierta necesariamente a la tierra en el ser supremo.1

Conviene distinguir, además, esta categoría de las teorías que pretenden explicar el origen de toda religión mediante la veneración primitiva de la naturaleza. Un artículo de la Enciclopedia Católica de 1913 cuestionó las explicaciones que reducían la religión a la impresión de temor o asombro ante las fuerzas naturales. Ese debate aconseja no presentar las religiones telúricas como una etapa universal y demostrada de la evolución religiosa de la humanidad. La categoría describe una orientación religiosa; no demuestra que todas las religiones procedan históricamente de ella.3,4

Relación con otras categorías religiosas

La clasificación de las religiones telúricas las distingue de las religiones celestes, cuyo simbolismo se vincula al cielo y a la majestad del Dios Altísimo. También las diferencia de las religiones étnico-políticas, relacionadas en sus orígenes con una nación o un Estado. La distinción ayuda a comparar los motivos dominantes de diversas tradiciones, pero no obliga a imaginar fronteras tajantes: una religión histórica puede incorporar más de una constante religiosa y transformarlas a lo largo del tiempo.1

La religiosidad mistérica aparece relacionada con la telúrica en la clasificación citada, aunque constituye una categoría diferenciada. La misma clasificación observa que algunas tradiciones, entre ellas las religiosidades china e hindú, requieren un estudio propio por las profundas transformaciones que experimentaron históricamente. Por eso, no conviene reducir tradiciones complejas a una sola etiqueta ni deducir toda su doctrina de un motivo telúrico.1

Valoración desde la perspectiva católica

La valoración católica de las religiones no cristianas distingue entre los elementos verdaderos y santos que puedan contener y las desviaciones que necesiten corrección. La declaración conciliar Nostra aetate, citada en un estudio teológico, enseña que la Iglesia «nada rechaza de lo que en las religiones no cristianas hay de verdadero y santo» y reconoce en ellas destellos de la verdad que ilumina a todos los hombres. Esta actitud permite apreciar la búsqueda religiosa que puede expresarse en la percepción de la vida como don, sin equiparar por ello todas las creencias con la revelación cristiana.5

La constitución Lumen gentium, también citada en ese estudio, habla de los elementos buenos presentes en los corazones, las mentes, los ritos y las culturas, que la predicación del Evangelio no debe hacer desaparecer, sino purificar, elevar y perfeccionar. En la perspectiva católica, esa purificación importa porque la religiosidad humana puede contener tanto una búsqueda sincera de Dios como incoherencias y errores. La revelación cristiana no se limita a prolongar sin cambios las religiones humanas: las juzga y las transforma, a la vez que asume aquello que en ellas conduce al bien y a la verdad.6,7

Esta valoración parte de la distinción entre Dios creador y el mundo creado. La creación posee bondad y significado, pero no es idéntica a Dios ni constituye un ámbito divino sometido a potencias cósmicas. Por ello, el reconocimiento religioso de la fecundidad de la tierra puede expresar una apertura a la trascendencia; la fe cristiana, sin embargo, atribuye el origen último de todo lo creado al Dios vivo y creador.8,1

Significado del término

«Telúrico» califica aquí una orientación religiosa centrada en la tierra como imagen de vida y fecundidad. «Religiones telúricas» nombra, en consecuencia, una categoría de comparación, no una religión histórica única ni una explicación definitiva del origen de todas las creencias. Su interés reside en mostrar cómo algunas expresiones religiosas interpretan la vida como un don y buscan su fundamento en una realidad superior al mundo, manteniendo abiertas las diferencias entre cada tradición concreta y la revelación cristiana.1,6

Citas y referencias

  1. Scripta Theologica. Recensiones, 3 (1982). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. I. Adeva-Martín. Recensiones, 9 (1977).
  3. Naturismo, Enciclopedia Católica, Naturismo (1913).
  4. Paganismo, Enciclopedia Católica, anismo (1913).
  5. José Morales. El Hecho Religioso y Su Valoración, 13 (1992).
  6. José Morales. El Hecho Religioso y Su Valoración, 14 (1992). 2
  7. José Morales. El Hecho Religioso y Su Valoración, 15 (1992).
  8. José Morales. El Hecho Religioso y Su Valoración, 17 (1992).
Modificado el 3 de noviembre de 2026 • FideScore™ 8.53 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/ng9c93rz8

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