La palabra procede del latín reliquiae, «restos» o «lo que queda». En sentido estricto, designa los restos mortales de una persona reconocida como santa por la Iglesia. En un sentido más amplio, incluye objetos que pertenecieron al santo y otros que estuvieron en contacto con su cuerpo o su sepulcro.2,1
La clasificación habitual distingue tres clases:
- Reliquias de primer grado: el cuerpo del santo o una parte suya. La Iglesia considera especialmente significativos el cuerpo entero, las partes corporales de importancia y el conjunto de las cenizas de una persona fallecida cuya santidad ha reconocido mediante beatificación o canonización.3
- Reliquias de segundo grado: objetos que pertenecieron al santo, como prendas, libros, manuscritos u otros enseres personales.1
- Reliquias de tercer grado: objetos que tocaron el cuerpo o la sepultura del santo, como telas o paños.1
La distinción entre primero, segundo y tercer grado ofrece una forma práctica de ordenar las reliquias. Los documentos de la Iglesia también diferencian entre reliquias significativas-el cuerpo, partes notables o el conjunto de las cenizas- y no significativas, como pequeños fragmentos corporales y objetos que tuvieron contacto directo con la persona.3,4



