Orígenes antiguos
La oración por los muertos aparece en la tradición cristiana desde los primeros siglos. La Iglesia ofrecía el sacrificio eucarístico por los difuntos y utilizaba salmos, lecturas y súplicas relacionados con la esperanza de la resurrección.
El introito Requiem aeternam aparece documentado en la tradición antiphonal romana vinculada al canto gregoriano, aunque la fecha exacta de su incorporación no resulta segura. La tradición antigua conoció también otros introitos para la Misa de difuntos, entre ellos Ego sum resurrectio et vita («Yo soy la resurrección y la vida»).
El rito romano tradicional
En la liturgia romana anterior a la reforma conciliar, la Misa de réquiem presentaba un conjunto de rasgos propios. El sacerdote utilizaba ornamentos negros, no se cantaba el Gloria ni el Credo, faltaba el aleluya y la celebración omitía determinados elementos festivos.
El rito subrayaba la súplica por el difunto mediante textos de carácter penitencial y escatológico. La ausencia de algunos cantos y bendiciones confería a la celebración una sobriedad particular.
Forma ordinaria y forma extraordinaria
En el lenguaje habitual de las últimas décadas, muchos autores han llamado forma ordinaria del rito romano a la liturgia reformada después del Concilio Vaticano II, promulgada mediante el Misal Romano de Pablo VI y posteriormente revisada; también han llamado forma extraordinaria al uso del Misal Romano de 1962.
La Misa tradicional de réquiem conserva elementos que desaparecieron del formulario reformado, como el uso habitual del latín, el Dies irae, el tracto en lugar del aleluya y una estructura textual más estrechamente vinculada al antiguo rito funerario.
La forma reformada emplea una selección más amplia de lecturas bíblicas y ofrece diversos formularios y oraciones adaptables a las circunstancias pastorales. Las Misas de difuntos incluyen textos que proclaman la muerte y resurrección de Cristo, piden la misericordia divina y encomiendan al difunto a la vida eterna.
Estas denominaciones describen dos usos litúrgicos del rito romano en la discusión contemporánea, pero no deben confundirse con dos religiones ni con dos doctrinas sobre la muerte. Ambas formas expresan la fe católica en la resurrección y en la oración de la Iglesia por los difuntos.