Bautismo previo
El primer requisito es haber recibido el Bautismo. La Confirmación completa la iniciación cristiana, pero no sustituye al Bautismo ni puede recibirse independientemente de él. La Iglesia vincula ambos sacramentos porque la Confirmación desarrolla y fortalece la vida nueva iniciada en el Bautismo.
En la Iglesia latina, la Confirmación suele celebrarse después del Bautismo, dentro de un itinerario catequético propio. En las Iglesias orientales, la crismación suele administrarse junto con el Bautismo, incluso a los niños pequeños.,
Uso de razón
Cuando el candidato posee uso de razón, la Iglesia exige una preparación proporcionada a su capacidad. Debe comprender, al menos de manera adecuada a su edad y situación, qué sacramento recibe y qué consecuencias tiene para su vida cristiana.,
La formación debe ayudarle a:
- Conocer los elementos fundamentales de la fe católica.
- Comprender la acción del Espíritu Santo.
- Valorar la unidad entre Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
- Reconocer la responsabilidad de vivir como discípulo de Cristo.
- Participar activamente en la vida de la comunidad cristiana.
- Prepararse para dar testimonio de la fe mediante la palabra y las obras.
Las conferencias episcopales y las diócesis concretan los programas catequéticos y la duración de la preparación, atendiendo a la edad, la madurez, las circunstancias pastorales y la situación de cada candidato.
Estado de gracia
El bautizado con uso de razón debe recibir la Confirmación en estado de gracia. La persona consciente de un pecado grave debe acudir antes al sacramento de la Penitencia, pues la Confirmación, aunque comunica una gracia propia, exige una disposición espiritual adecuada para recibir sus frutos.,
La preparación sacramental debe incluir, por tanto, una conveniente revisión de vida, el arrepentimiento de los pecados y la reconciliación con Dios y con la Iglesia. La recepción de la Confirmación no debe reducirse a una ceremonia social o familiar.
Capacidad para renovar las promesas bautismales
El confirmando debe poder renovar las promesas realizadas en el Bautismo, de forma personal o con la ayuda adecuada cuando su edad o condición lo requiera. Esta renovación expresa la voluntad de permanecer unido a Cristo y de rechazar el pecado.,
La Confirmación no constituye una elección de fe completamente separada de la vida bautismal. Representa una ratificación y un fortalecimiento de la gracia recibida en el Bautismo, dentro de la única iniciación cristiana.
Preparación espiritual y participación eclesial
La preparación debe integrar la catequesis, la oración y la incorporación efectiva a la comunidad cristiana. El candidato necesita conocer la vida de la Iglesia y mantener contacto real con otros fieles que puedan ayudarle a perseverar en la fe.
La formación también debe despertar un deseo auténtico de participar en la Eucaristía. La Confirmación orienta al cristiano hacia una vida sacramental más plena, no hacia la conclusión de la práctica religiosa.
En el caso de los adultos, la preparación debe adaptarse a los principios catequéticos aplicados a quienes reciben el Bautismo y la Eucaristía, con las modificaciones necesarias según su historia personal y su grado de formación.