La enseñanza católica sobre la responsabilidad se asienta en la comprensión de la persona humana como creada a imagen y semejanza de Dios, dotada de inteligencia y libre albedrío.
Libertad y Voluntad
La libertad es un elemento esencial para la responsabilidad moral1. Santo Tomás de Aquino afirma que el hombre posee libre albedrío, lo que le permite elegir entre actuar o no actuar, y elegir una cosa sobre otra1. Esta libertad no es arbitraria, sino que está orientada hacia el bien y la felicidad, que es su fin último2. La voluntad, movida por el juicio de la razón, busca lo bueno y evita lo malo2,3. Por lo tanto, una acción es imputable al agente cuando está en su poder y tiene dominio sobre ella a través de su voluntad4. Si una acción no es voluntaria, como las realizadas por violencia o ignorancia, se considera una falta, pero no un pecado en el sentido pleno de la culpa, ya que el agente no es dueño de su acción5.
Conciencia Moral
La conciencia juega un papel primordial en la valoración de la responsabilidad personal6. La conciencia moral del cristiano debe estar «clara» y abierta a la verdad6. El Concilio Vaticano II, en Gaudium et Spes, enseña que los cónyuges deben regirse por la conciencia, la cual debe conformarse a la ley de Dios a la luz de la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, que es el intérprete auténtico de la ley divina6. La conciencia no es una fuente infalible de reclamos morales válidos por sí misma, sino un testigo de la verdad moral, y debe ser formada según la razón, la revelación y el Magisterio7,8.
Ley de la Gradualidad
La Iglesia reconoce la «ley de la gradualidad» en el camino hacia la verdad moral6. Este concepto, desarrollado en la teología moral y pastoral, no debe confundirse con una «gradualidad de la ley», lo cual significaría que la ley moral misma puede ser gradual o flexible6. Más bien, se refiere al acompañamiento paciente de las personas en su proceso de formación de la conciencia para que juzguen según la verdad y desarrollen una vida espiritual que les permita comprender y cumplir la ley de Dios6.
