El término Effetá procede de la palabra aramea pronunciada por Jesús en el relato de san Marcos sobre la curación de un sordomudo. En esa escena, el Señor realiza gestos concretos y pronuncia la palabra resolutiva: Effathà, es decir, «apértate / ábrete».1,2
Pablo y la tradición cristiana han leído este episodio como un signo de que la acción de Cristo alcanza a la persona entera y la dispone interiormente: no solo abre los oídos para escuchar, sino que libera la palabra para hablar con sentido y restituye al enfermo a la comunión. En la predicación del Papa Benedicto XVI, la palabra Ephphatha remite de forma directa a esa curación y subraya que los gestos de Jesús expresan una compasión amorosa: aparta al hombre de la confusión, lo hace sentirse cercano, y finalmente lo cura con una invitación a mirar hacia el Padre.3
«Effathá» como apertura interior a Dios
En una lectura pastoral de la Iglesia, Effathá se vincula incluso con el Bautismo: se presenta como el gesto y la palabra de Cristo que simboliza la curación de la sordera del egoísmo y del mutismo del cierre y del pecado, insertando a la persona en la gran familia de la Iglesia para poder escuchar a Dios y comunicar su Palabra.4
