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Revelación sobrenatural

La revelación sobrenatural es el acto libre por el que Dios se manifiesta a sí mismo y da a conocer su designio de salvación, que culmina en Jesucristo. No consiste solo en comunicar verdades: Dios se da a conocer y llama a la humanidad a entrar en comunión con él. La teología distingue entre el acto por el que Dios revela y el contenido revelado, aunque ambos pertenecen a una misma iniciativa divina.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreRevelación sobrenatural
CategoríaTérmino
DescripciónIniciativa por la que Dios sale al encuentro de las personas y les permite conocer aquello que supera las posibilidades de la razón humana. Acto libre por el que Dios se manifiesta a sí mismo y da a conocer su designio de salvación, que culmina en Jesucristo
Personas relacionadasCésar Izquierdo
Tema
  • Revelación divina y salvación
  • Fe, razón natural, gracia, credibilidad de la revelación, misterio salvador
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Concepto y naturaleza

La palabra revelación designa, en sentido teológico, la iniciativa por la que Dios sale al encuentro de las personas y les permite conocer aquello que supera las posibilidades de la razón humana. La revelación sobrenatural no se opone al conocimiento natural de Dios: pertenece a un orden distinto y lo excede, sin anularlo. Su fuente es Dios mismo y su contenido central, el misterio de su voluntad salvadora.1

El acto revelador nace de la libertad y del amor de Dios; no responde a una necesidad que le imponga nada exterior. Dios comunica su designio para conducir a la humanidad a la salvación, es decir, a un destino sobrenatural que la persona no podría alcanzar exclusivamente con sus propias fuerzas.2,3

Por eso la revelación no equivale a recibir información religiosa. En ella Dios manifiesta quién es y, a la vez, ofrece una relación: su designio afecta a la persona entera y la invita a responder con la inteligencia, la voluntad y la vida. El misterio revelado no deja por ello de ser misterio; conocerlo no significa comprenderlo exhaustivamente.1

El acto de revelar y el contenido revelado

La teología distingue dos aspectos relacionados:

  • El acto de la revelación: Dios se dirige a la humanidad como quien habla y da testimonio de la verdad. La expresión latina locutio Dei testificantis significa «palabra de Dios que da testimonio». Este aspecto pone el acento en Dios como sujeto y autor de la revelación.
  • El contenido de la revelación: aquello que Dios da a conocer y que la Iglesia recibe y transmite como depósito de la fe. Comprende, de modo principal, el misterio de Dios y su designio salvador, y no se reduce a una colección de datos o proposiciones aisladas.4,2,5

La distinción no separa dos realidades independientes. El contenido llega a través del acto revelador, y ese acto también manifiesta algo de Dios: su voluntad de comunicarse y de ofrecer la salvación. Por tanto, la revelación se encuentra tanto en las verdades comunicadas como en la acción personal e histórica de comunicarlas.5

En el contenido revelado cabe distinguir entre las verdades que pertenecen directa y principalmente a la fe y otros conocimientos relacionados con ellas de manera indirecta. Las primeras expresan el núcleo propio de la fe; los segundos pueden guardar una relación con ese núcleo porque su negación tendría consecuencias para alguna verdad fundamental.4

Revelación y salvación

La revelación está ordenada a la salvación. Dios da a conocer su designio para que la humanidad pueda conocer el fin sobrenatural al que está llamada y orientar hacia él su vida. La razón humana puede alcanzar conocimientos verdaderos sobre Dios, pero no puede descubrir por sí sola los misterios del designio salvador que Dios manifiesta.3,6

El contenido revelado no se limita a verdades abstractas acerca de Dios. Incluye la invitación a vivir en comunión con él. De ahí que la respuesta a la revelación no consista solo en aceptar unas afirmaciones, sino también en adherirse libremente a Dios y al camino de vida que propone.1,4

Acciones, palabras y pedagogía divina

La revelación tiene lugar mediante acciones y palabras estrechamente unidas, que se explican mutuamente. Las acciones muestran el sentido de las palabras, y las palabras ayudan a comprender el significado de las acciones. Así, la revelación no aparece como una enseñanza desconectada de la historia, sino como la comunicación divina que se expresa en acontecimientos y en su interpretación.1

Su desarrollo responde a una pedagogía gradual: Dios comunica su designio por etapas y conduce progresivamente a la humanidad hacia su plenitud. Esta gradualidad no implica que la revelación cambie de autor o de finalidad; expresa que Dios adapta su comunicación a la historia humana y la orienta hacia su cumplimiento en Cristo.1,2

Revelación sobrenatural y razón natural

La revelación sobrenatural y la razón natural ofrecen formas distintas de conocimiento. La razón puede conocer ciertas verdades acerca de Dios; la revelación da a conocer misterios que la exceden, en particular los que pertenecen al designio sobrenatural de salvación. Algunos contenidos pueden coincidir con verdades accesibles a la razón, pero su comunicación revelada permite que las personas los conozcan con mayor facilidad y sin depender solo de la investigación racional.1,6

La fe, por tanto, no es una renuncia a pensar. Su fundamento formal es la autoridad de Dios que revela, no la evidencia natural de cada misterio. A la vez, el creyente emplea la inteligencia para comprender mejor lo que ha recibido. La fe compromete también la libertad: no es una conclusión impuesta por una demostración que obligue al entendimiento a asentir.7,8

Credibilidad de la revelación

La credibilidad de la revelación es la posibilidad razonable de reconocer que Dios ha hablado y de prestar fe a su palabra. La teología denomina motiva credibilitatis a los motivos o signos que hacen razonable creer que la revelación procede de Dios. Estos motivos no sustituyen el acto de fe ni convierten sus misterios en conclusiones demostrables por la razón natural.7,8

Entre esos signos figuran los milagros y la predicación. Pueden ofrecer razones para creer, pero no causan necesariamente el asentimiento: personas que presencian el mismo signo o escuchan la misma predicación pueden responder de manera distinta. Por eso, la credibilidad no equivale a una demostración que fuerce a creer.8,9

La fe es razonable porque la persona no cree sin motivo, sino que responde a Dios como fuente de verdad; es libre porque los signos no anulan la capacidad de asentir o de no asentir. La tradición teológica sostiene, además, que el acto de fe requiere la gracia: Dios mueve interiormente a la persona, mientras que creer sigue siendo un acto humano de inteligencia y voluntad. La razón y la libertad, por tanto, no quedan excluidas, aunque la fe supera las posibilidades de la naturaleza humana.7,8,9

La respuesta de fe

La respuesta propia a la revelación es la fe: un asentimiento a la verdad divina que incluye la inteligencia y la voluntad. La persona reconoce la autoridad de Dios que revela y se adhiere libremente a lo que él comunica. La fe no se reduce a una opinión ni a una aceptación ciega: tiene razones de credibilidad, pero su fundamento último es Dios mismo.7,8

La acción de la gracia no elimina la libertad. La hace posible en el orden sobrenatural y permite que la persona acoja una verdad que excede sus capacidades naturales. De este modo, el acto de fe conserva su carácter racional y libre, y orienta a quien cree hacia la comunión con Dios.7,9

Citas y referencias

  1. B1. La revelación de Dios, César Izquierdo, Revelación y fe, 11 (1993). 2 3 4 5 6 7
  2. César Izquierdo Urbina, Dios Trino que se revela en Cristo, 2 (1992). 2 3 4
  3. T. López Rodríguez, La existencia de una moral cristiana específica. Su fundamentación en Santo Tomás, 16 (1974). 2
  4. A. Blanco de la Lama, La revelación como Locutio Dei. Estudio del tema en las obras de Santo Tomás de Aquino, 28 (1981). 2 3
  5. A. Aranda, Misterio trinitario, misterio de amor, 18 (1984). 2
  6. T. López Rodríguez, La existencia de una moral cristiana específica. Su fundamentación en Santo Tomás, 18 (1974). 2
  7. César Izquierdo, Revelación y fe, 18 (1993). 2 3 4 5
  8. A. Blanco de la Lama, La revelación como Locutio Dei. Estudio del tema en las obras de Santo Tomás de Aquino, 25 (1981). 2 3 4 5
  9. J. A. Domínguez Asensio, Iglesia y transmisión de la fe. Comentarios de Cayetano a la Secunda Secundae, 7 (1980). 2 3
Modificado el 26 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.76 • 83 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/34nb34xx1

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