Bautismo
El caso del Bautismo recibido por un adulto con pecado mortal constituye el ejemplo más claro. Si el Bautismo fue válido, pero el adulto puso un obstáculo a su fruto, la teología sostiene que podrá recibir sus efectos cuando ese obstáculo desaparezca mediante la contrición o la Penitencia. El carácter bautismal permanece y el Bautismo no se repite.
La explicación relaciona el efecto bautismal con el carácter indeleble impreso por el sacramento. Una vez quitado el obstáculo, el Bautismo puede producir el efecto que había quedado impedido.,
Confirmación y Orden
La teología aplica por analogía esta explicación a la Confirmación y al Orden. Ambos imprimen carácter y no pueden repetirse; por ello, algunos teólogos sostienen que sus gracias pueden fructificar cuando la persona abandona la disposición que las había impedido. La comparación con el Bautismo cuenta con el apoyo del carácter permanente, aunque la necesidad de esas gracias no se considera igual que la de la gracia bautismal.
Matrimonio
La aplicación al Matrimonio requiere distinguir la validez del vínculo de la recepción fructuosa de la gracia sacramental. Una persona puede recibir válidamente el sacramento sin estar entonces dispuesta a recibir plenamente su gracia. Algunos teólogos consideran probable que esa gracia fructifique cuando desaparece el obstáculo; sin embargo, la tradición teológica citada presenta esta conclusión como menos segura que la relativa al Bautismo, la Confirmación y el Orden.,
El vínculo matrimonial válido permanece, y el sacramento no puede repetirse mientras vivan ambos cónyuges. Estudios teológicos recientes describen la gracia matrimonial como susceptible de volver a dar fruto tras el arrepentimiento, aunque reconocen que esta aplicación forma parte de una discusión teológica específica.
Unción de los enfermos
La Unción de los enfermos también plantea una cuestión menos segura. La opinión considerada más probable por algunos teólogos sostiene que la gracia impedida puede fructificar al desaparecer el obstáculo. La dificultad práctica es que el sacramento no se repite durante el mismo peligro de muerte. Esta aplicación, sin embargo, no posee el mismo grado de certeza teológica que la reviviscencia bautismal.
Penitencia y Eucaristía
La cuestión suele tratarse de otra manera para la Penitencia y la Eucaristía. En la Penitencia, la disposición del penitente forma parte de las condiciones necesarias para la recepción válida; por eso, si falta una disposición suficiente, no se plantea el mismo caso de un sacramento válido cuyo fruto queda pendiente. En cuanto a la Eucaristía, la recepción indigna no da fruto espiritual mientras persiste la mala disposición; la exposición teológica tradicional considera excepcional la posibilidad de obtener algún fruto si la persona se arrepiente antes de que desaparezcan las especies sacramentales.