Las controversias sobre los sistemas morales
Entre los siglos XVII y XVIII, los teólogos discutieron cómo debía actuar una persona cuando dudaba de la existencia o del alcance de una obligación moral. En aquella controversia destacaron el probabilismo y el probabiliorismo, entre otras posiciones. El probabilismo permitía seguir una opinión verdaderamente probable en favor de la libertad, aunque otra opinión defendiera con mayor probabilidad la obligación. El probabiliorismo daba preferencia a la opinión más probable, en particular cuando favorecía lo obligatorio. Las diferencias entre estos sistemas afectaban al modo de resolver casos de conciencia y no equivalían, por sí mismas, a una oposición entre moral seria y moral permisiva.
La disputa involucró especialmente a autores dominicos y jesuitas, aunque las adscripciones no fueron absolutas. El probabilismo contó con numerosos defensores, mientras que varios moralistas, incluidos dominicos y algunos jesuitas, se inclinaron por posiciones probabilioristas. Las exageraciones atribuidas a algunos probabilistas dieron pie a críticas por laxitud; en respuesta, ciertos rigoristas atacaron el probabilismo como si condujera necesariamente al pecado. La prolongada controversia produjo confusión en la práctica penitencial y en la dirección de las almas.,
En ese contexto, rigorismo describe el extremo que resuelve las dudas en favor de la obligación de manera excesiva o presenta como única admisible la interpretación más severa. La controversia no permite concluir que toda postura rigurosa fuera idéntica al jansenismo. Sí existieron conexiones polémicas: la Catholic Encyclopedia relaciona el ataque jansenista al probabilismo con una concepción más estricta de las obligaciones de conciencia y con el rechazo de la capacidad humana para observar ciertos mandamientos sin una gracia que hiciera posible cumplirlos.
La crítica de san Alfonso María de Ligorio
San Alfonso María de Ligorio ocupa un lugar destacado en la historia de la respuesta al rigorismo moral. Tras una etapa de formación en principios más estrictos, su experiencia misionera y el estudio de los casos morales le llevaron a defender una práctica más moderada. Su Theologia moralis, publicada por primera vez en 1748, adoptó principios probabilistas y alcanzó amplia difusión; la Iglesia aprobó su doctrina y su figura llegó a ser reconocida como doctor de la Iglesia.
La moderación alfonsiana no consistía en permitir lo que la ley moral prohíbe. Su crítica se dirigía a la severidad desmesurada, que puede imponer cargas indebidas y perjudicar la conciencia. En el tratado sobre la conciencia, san Alfonso reprueba tanto la indulgencia excesiva como el rigor desmedido: ambos pueden apartar del camino moral, aunque de maneras distintas. Advierte que una doctrina demasiado estricta puede hacer que una persona crea, o tema sin motivo suficiente, que ha cometido pecado mortal, y conducirla a actuar desde una conciencia errónea o a la desesperación.