La historia del rito armenio está profundamente entrelazada con la historia del pueblo armenio y su conversión al cristianismo. La Iglesia Armenia fue originalmente una rama honrada de la gran Iglesia Católica hasta el siglo VI1. San Gregorio el Iluminador, el apóstol de Armenia (alrededor del año 295), era católico y estaba en unión con Roma1. Durante sus primeros años, la Iglesia Armenia estuvo sujeta al Metropolitano de Cesarea, quien ordenaba a sus obispos1.
Sin embargo, en el siglo VI, el monofisismo se extendió por Armenia desde Siria. En el año 527, el primado armenio, Nerses, rechazó formalmente el Concilio de Calcedonia en el Sínodo de Duin. El cisma se hizo evidente en el año 552, cuando el primado Abraham I excomulgó a la Iglesia de Georgia y a todos los que aceptaban los decretos de Calcedonia1. Desde entonces, la Iglesia Nacional Armenia se aisló del resto de la cristiandad1.
A pesar de esta separación, los contactos entre la Iglesia Apostólica Armenia y los cruzados latinos en el siglo XII llevaron a un intento de unión en Cilicia en 1198. Esta unión, no aceptada por todos los armenios, terminó con la conquista del reino armenio por los mamelucos en 13752. Un decreto de reunión con la Iglesia Apostólica Armenia, Exultate Deo, fue publicado en el Concilio de Florencia el 22 de noviembre de 1439, aunque no tuvo resultados inmediatos, sentó las bases doctrinales para la futura Iglesia Católica Armenia2.
La actividad misionera católica entre los armenios comenzó temprano, inicialmente liderada por los Fratres Unitores, una comunidad armenia ya inexistente relacionada con los dominicos, fundada en 13202. Con el tiempo, las comunidades católicas armenias dispersas y en crecimiento sintieron la necesidad de una estructura eclesial propia y un patriarca2.
Establecimiento de la Iglesia Católica Armenia
En 1742, el Papa Benedicto XIV confirmó a Abraham Ardzivian (1679-1749), un antiguo obispo apostólico armenio, como Patriarca de Cilicia de los Armenios2. Su sede se estableció en el Líbano, con autoridad religiosa sobre los católicos armenios en las provincias del sur del Imperio Otomano2. En el norte, los católicos armenios continuaron bajo el cuidado espiritual del Vicario Apostólico Latino en Constantinopla2. El nuevo patriarca tomó el nombre de Abraham Pedro I, y todos sus sucesores han adoptado el nombre de Pedro en su título eclesiástico, siguiendo una hermosa y significativa tradición de amor por la Sede Apostólica2,3.
Bajo el sistema millet otomano, que otorgaba autonomía administrativa a las minorías bajo la dirección de sus líderes religiosos, todos los católicos armenios quedaron inicialmente bajo la jurisdicción civil del patriarca apostólico armenio en Constantinopla2. Esto generó dificultades y persecución para los católicos armenios hasta 1829, cuando el gobierno otomano, bajo presión francesa, les concedió el derecho a organizarse civilmente como un millet separado, con su propio arzobispo en Constantinopla2. En 1846, este arzobispo también fue investido de autoridad civil2. La situación de tener un arzobispo con autoridad civil y religiosa en la capital otomana y un patriarca exclusivamente espiritual en el Líbano se resolvió en 1867, cuando el Papa Pío IX unió las dos sedes y trasladó la residencia patriarcal a Constantinopla2,4.
El genocidio de los armenios en Turquía al final de la Primera Guerra Mundial diezmó a la comunidad católica armenia, con la muerte de siete obispos, 130 sacerdotes, 47 monjas y hasta 100.000 fieles2. Debido a la reducción de la comunidad en Turquía, un Sínodo Católico Armenio en Roma en 1928 trasladó el Patriarcado de nuevo al Líbano (Beirut), y Constantinopla (ahora Estambul) se convirtió en una Arquidiócesis2.

