La Iglesia Católica distingue varios tipos de consagración, cada uno con su propio significado y rito.
Consagración Eucarística
La consagración eucarística es el acto central de la Misa, donde el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este proceso se conoce como transubstanciación, lo que significa que la sustancia del pan y el vino no permanece, sino que se convierte por completo en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, mientras que las especies o apariencias externas del pan y el vino permanecen. Esta transformación se produce por las palabras de Cristo: «Esto es mi Cuerpo» y «Esto es mi Sangre», pronunciadas por el sacerdote in persona Christi, utilizando las mismas ceremonias que Cristo empleó en la Última Cena.
Santo Tomás de Aquino explica que este sacramento se perfecciona en la consagración de la materia, a diferencia de otros sacramentos que se perfeccionan en el uso de la materia consagrada,. La doble consagración del pan y el vino es crucial, ya que representa de manera única la Pasión de Cristo, haciendo presente su cuerpo y sangre como separados, simbolizando su inmolación en la Cruz,,.
En algunas liturgias orientales, como la Anáfora de Addai y Mari o el rito maronita, la epíclesis (invocación al Espíritu Santo) puede parecer el momento de la consagración, aunque la teología católica romana sostiene que las palabras de institución son la forma eucarística,.
Consagración de Personas
La Iglesia Católica consagra a personas para el servicio divino, distinguiendo entre la ordenación sacramental y otras formas de dedicación.
Consagración de Obispos
La consagración de un obispo es un rito solemne que lo designa para un orden superior en la Iglesia. En las Iglesias Orientales y Latinas, la esencia de este rito reside en la imposición de manos. En el rito latino, el obispo electo jura obediencia a la Santa Sede, promete promover sus derechos y visitar Roma en momentos específicos. Luego, se le hacen diecisiete preguntas sobre los cánones de la Iglesia y los artículos de fe, a las que responde afirmativamente.
La ceremonia incluye la unción con el santo crisma, la bendición y colocación de la mitra (simbolizando protección y salvación) y los guantes (para implorar y recibir la gracia divina). Finalmente, el nuevo obispo es entronizado y bendice al pueblo.
Consagración de Vírgenes y Profesión Religiosa
Existen otras bendiciones que consagran personas a Dios, aunque no son sacramentales como la ordenación. Estas incluyen la consagración de vírgenes, el rito de profesión religiosa (para abades, abadesas y otros religiosos), y la bendición de ciertos ministerios eclesiales como lectores, acólitos y catequistas.
Consagración a la Santísima Virgen María
La consagración a la Santísima Virgen María es una práctica piadosa en la que los fieles se entregan a María. Si bien el término «consagración» se reserva más rigurosamente para las autoofrendas que tienen a Dios como objeto, la consagración a María se entiende de manera análoga como una «consagración a Dios» a través de su intercesión. Este acto surge de una decisión personal y madura, y debe expresarse de manera litúrgica correcta: al Padre, por Cristo en el Espíritu Santo, implorando la intercesión de María y confiándose a ella para cumplir los compromisos bautismales. Es importante destacar que este acto devocional debe realizarse fuera de la celebración eucarística, ya que difiere sustancialmente de otras formas de consagración litúrgica.
Diversos papas han fomentado la consagración a María, incluyendo a Pío XII, quien mencionó la dedicación de la Sociedad de las Misiones Africanas a la Inmaculada Virgen, y Juan Pablo II, quien renovó la consagración misionera del Zaire a la Madre de Cristo y de la Iglesia, y también la consagración de Sudán a la Santísima Virgen María.
Consagración de Lugares y Objetos
La consagración también se aplica a lugares y objetos, apartándolos para el culto divino y prohibiendo su uso para fines comunes o profanos.
Consagración de Iglesias
La consagración de iglesias data probablemente de tiempos apostólicos, continuando una tradición judía. Antes de Constantino, las consagraciones eran privadas debido a las persecuciones, pero después se convirtieron en ritos públicos solemnes. El Concilio de Trento decretó que la Misa solo debe celebrarse en una iglesia consagrada o bendecida. La Iglesia desea que las catedrales y parroquias sean solemnemente consagradas, mientras que las iglesias más pequeñas pueden ser bendecidas.
La consagración de una iglesia es un rito reservado al obispo, quien, mediante la unción solemne con el santo crisma y la forma prescrita, dedica el edificio al servicio de Dios. Esto eleva el lugar a un orden superior de manera perpetua, lo protege de influencias malignas y lo convierte en un lugar donde las gracias divinas son más generosamente concedidas. El rito incluye la bendición del agua gregoriana, aspersión, incensación, unción con crisma y óleo de los catecúmenos, quema de incienso y la celebración de la Santa Misa. La bendición de una iglesia es un rito menos solemne, realizado por un sacerdote delegado, que consiste en la aspersión con agua bendita y el rezo de oraciones, haciendo del lugar un espacio sagrado, aunque no necesariamente in perpetuum.
Consagración de Altares
Los altares también son consagrados, y las ceremonias simbólicas son similares a las de la consagración de una iglesia.
Consagración de Objetos Sagrados
Entre los objetos, la Iglesia bendice y, en algunos casos, consagra, elementos como los santos óleos, vasos sagrados, vestimentas litúrgicas, campanas, etc., reservándolos para el uso litúrgico.