La celebración del sacramento de la Confirmación se compone de varios elementos significativos:
Preparación de los Candidatos
La preparación de los bautizados para la Confirmación es de suma importancia para el Pueblo de Dios. Los pastores deben asegurar que todos los bautizados alcancen la plena iniciación cristiana y se preparen diligentemente para la Confirmación.
Para los catecúmenos adultos que recibirán la Confirmación inmediatamente después del Bautismo, la preparación se integra en el tiempo del catecumenado, con la ayuda de la comunidad cristiana, catequistas y padrinos. Esta preparación se adapta también para aquellos que, habiendo sido bautizados de niños, se acercan a la Confirmación en la edad adulta.
En cuanto a los niños, la administración de la Confirmación en la Iglesia Latina generalmente se pospone hasta aproximadamente los siete años. Sin embargo, por razones pastorales, las Conferencias Episcopales pueden determinar una edad más adecuada, como la edad madura, para conferir este sacramento después de una instrucción apropiada. Se requiere que el candidato esté bautizado. Si posee uso de razón, debe estar en estado de gracia, convenientemente instruido y capaz de renovar las promesas bautismales.
Los padres cristianos tienen la responsabilidad principal de preocuparse por la iniciación sacramental de sus hijos, fomentando la fe en ellos y preparándolos para la recepción fructífera de la Confirmación y la Eucaristía, a menudo con la ayuda de instituciones de formación catequética. Su participación activa en la celebración de los sacramentos también es una expresión de este deber.
La Homilía o Alocución
Después de la lectura de la Palabra de Dios, el obispo pronuncia una breve homilía. En ella, explica el misterio de la Confirmación a los confirmandos, sus padrinos, padres y a toda la asamblea de fieles. En esta homilía, el obispo recuerda cómo los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo en Pentecostés y cómo ellos y sus sucesores, los obispos, tienen el poder de conferirlo a los que ya han sido regenerados por el Bautismo.
La Renovación de las Promesas Bautismales
Antes de la unción con el crisma, los confirmandos renuevan sus promesas bautismales. Este rito subraya la conexión entre el Bautismo y la Confirmación, mostrando que la Confirmación no es un sacramento independiente, sino una profundización de la gracia bautismal.
La Imposición de Manos
Este es un gesto bíblico que expresa la invocación del don del Espíritu Santo. El obispo (y los presbíteros que lo asisten, si los hay) extienden las manos sobre todos los confirmandos. Solo el obispo pronuncia una oración solemne, invocando a Dios Padre todopoderoso para que envíe el Espíritu Santo Paráclito sobre ellos, otorgándoles los siete dones del Espíritu: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios,,,.
La Unción con el Crisma
Este es el rito esencial del sacramento. El santo Crisma es un aceite perfumado consagrado por el obispo en la Misa Crismal, que usualmente se celebra el Jueves Santo. Cada confirmando se acerca al obispo (o el obispo se acerca a cada confirmando). El padrino (o la madrina) coloca su mano derecha sobre el hombro del confirmando y dice su nombre al obispo,,,.
El obispo, mojando la punta de su pulgar derecho en el Crisma, traza el signo de la cruz en la frente del confirmando, diciendo: «N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo»,,,,. El confirmado responde: «Amén»,,,. Luego, el obispo añade: «La paz sea contigo,» a lo que el confirmado responde: «Y con tu espíritu»,.
La unción con el crisma, junto con las palabras que la acompañan, significa claramente el efecto del don del Espíritu Santo. Al ser sellado con el aceite perfumado por la mano del obispo, el bautizado recibe el carácter indeleble, el sello del Señor, junto con el don del Espíritu que lo configura más perfectamente con Cristo y le confiere la gracia de difundir el «buen olor» de Cristo entre los hombres.