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Rito de la paz

El rito de la paz es una parte de la misa romana situada antes de la comunión. En él, la Iglesia pide a Cristo la paz y la unidad para los cristianos y para toda la humanidad, mientras los fieles expresan mediante un signo sobrio su comunión eclesial y su caridad mutua antes de recibir la Eucaristía.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreRito de la paz
CategoríaRito
DescripciónParte de la misa romana situada antes de la comunión en la que la Iglesia pide a Cristo la paz y la unidad. Rito que reúne una plegaria por la paz y un gesto de saludo entre los fieles para expresar comunión eclesial y caridad mutua antes de la Eucaristía. Expresa la unidad que la Eucaristía crea entre quienes participan en ella y la petición de paz a Cristo para toda la humanidad
ReferenciasEvangelio de san Mateo (reconciliarse con el hermano antes de presentar la ofrenda)
DocumentosInstrucción General del Misal Romano, Redemptionis Sacramentum, Sacramentum Caritatis
Escritos RelacionadosSacramentum caritatis, Redemptionis sacramentum, Instrucción General del Misal Romano
HistoriaEn las iglesias antiguas hubo distintas posiciones. San Justino lo situaba antes de la plegaria eucarística. En el rito romano se vinculó al rezo del padrenuestro y a la fracción del pan antes de la comunión.
Personas RelacionadasSan Justino, San Pablo, Papa Benedicto XVI
TipoRito de la misa romana
Uso LitúrgicoSe sitúa antes de la comunión, dentro de los ritos preparatorios para recibir la Eucaristía.

Tabla de contenido

Significado litúrgico y teológico

El rito reúne una plegaria por la paz y un gesto de saludo entre los fieles. La paz que la Iglesia pide no consiste solo en tranquilidad o ausencia de conflicto: tiene su origen en Cristo y expresa la unidad que la Eucaristía crea entre quienes participan en ella. La Iglesia dirige también esa petición al conjunto de la humanidad, especialmente a quienes sufren divisiones y violencia.1,2

La exhortación apostólica Sacramentum caritatis relaciona el signo con la naturaleza de la Eucaristía:

«Por su naturaleza, la Eucaristía es sacramento de paz. Esta dimensión del misterio eucarístico encuentra una expresión específica en la celebración de la misa mediante el signo de la paz».2

El gesto permite que los fieles manifiesten, de forma visible, la comunión y la caridad que la celebración exige. No es un acto aislado de cortesía ni una pausa ajena a la misa: forma parte de los ritos que preparan para la comunión y muestra el vínculo entre recibir el Cuerpo de Cristo y vivir en unidad con los demás.1,3

La paz cristiana tiene su centro en Jesús, «nuestra paz» según la expresión de san Pablo citada en Sacramentum caritatis. Por ello, al pedir la paz, la Iglesia no solicita solo un bien humano que pueda alcanzarse por medios sociales o políticos; dirige su esperanza a Cristo, de quien procede la reconciliación de los hombres y de los pueblos. Esto no resta importancia a los esfuerzos humanos, sino que sitúa la oración litúrgica en la fuente cristiana de la paz.2

Lugar y desarrollo dentro de la misa

En el rito romano, el rito de la paz tiene lugar antes de la comunión, dentro de los ritos preparatorios para recibir la Eucaristía. La instrucción Redemptionis sacramentum pide mantener esa ubicación, propia de la tradición romana, y precisa que el signo manifiesta paz, comunión y caridad antes de la recepción del sacramento.4

El rito comprende la oración por la paz y la unidad y el saludo que el ministro dirige a la asamblea, al que esta responde. A continuación, cuando las circunstancias lo aconsejan, los fieles intercambian un signo de paz. La forma concreta del gesto depende de las normas establecidas por las conferencias episcopales para cada lugar, de acuerdo con la cultura y las costumbres de los pueblos.1,5

La instrucción general del Misal romano describe así su sentido:

«Por él, la Iglesia implora la paz y la unidad para sí misma y para toda la familia humana, y los fieles se expresan mutuamente la comunión eclesial y la caridad recíproca antes de comulgar en el sacramento».1

El rito no exige que cada persona salude a todos los presentes. La norma recomienda que cada fiel ofrezca el signo solo a quienes tiene más cerca y que lo haga con sobriedad. Mantenerse en el propio lugar y evitar desplazamientos innecesarios ayuda a conservar el recogimiento de la celebración y a impedir que el gesto distraiga justo antes de la comunión.1,2

El intercambio del gesto puede omitirse cuando la ocasión no resulta adecuada; la petición litúrgica de la paz, sin embargo, ocupa su lugar en la celebración romana. La sobriedad no disminuye su valor: permite que el signo conserve su carácter religioso y no adquiera un protagonismo desproporcionado.3,2

Relación con la reconciliación

El rito de la paz está relacionado con la caridad y la unidad, pero no constituye un acto de absolución ni remite los pecados. Redemptionis sacramentum distingue expresamente el gesto romano de la reconciliación: el rito manifiesta paz, comunión y caridad; el acto penitencial, al comienzo de la misa -en particular en su primera forma-, posee un carácter de reconciliación entre hermanos.4

Esta distinción no convierte la paz en un gesto sin consecuencias para la vida cristiana. La Eucaristía llama a los fieles a vivir reconciliados y a buscar la unidad. Pero el signo litúrgico no reemplaza la confesión sacramental, no borra por sí mismo una falta y tampoco garantiza que toda disputa personal haya quedado resuelta. Su función propia consiste en expresar la paz de Cristo y la comunión que precede a la recepción de la Eucaristía.4,3

La tradición cristiana también ha relacionado la paz con la disposición para acercarse a Dios. El Evangelio de san Mateo recoge la exhortación de Jesús a reconciliarse con el hermano antes de presentar la ofrenda ante el altar. Esa enseñanza ayuda a comprender la dimensión moral de la paz, aunque la disciplina romana sitúa hoy el gesto antes de la comunión y distingue su función de la del acto penitencial.6,4

Historia

Las iglesias cristianas antiguas conocieron distintas posiciones para el saludo de paz. Un testimonio de san Justino sitúa el beso de paz después de la oración universal y antes de la plegaria eucarística. En la tradición romana, el gesto llegó a quedar asociado a la plegaria eucarística y, posteriormente, al momento anterior a la comunión. Los testimonios litúrgicos antiguos y medievales muestran una evolución, no una única disposición invariable desde los primeros tiempos.7,8

En la misa romana, el saludo Pax Domini-«La paz del Señor»- aparece vinculado al rezo del padrenuestro y a la fracción del pan en testimonios históricos. Los estudios litúrgicos también describen prácticas diferentes entre ritos: en las Iglesias orientales y en el rito ambrosiano, el beso de paz aparece antes de la anáfora, mientras que el rito romano lo sitúa antes de la comunión.6,3,7

Durante la Edad Media, la relación entre el gesto de paz y la comunión adquirió particular importancia en Occidente. En algunos lugares, desde los siglos XII o XIII, el contacto directo fue cediendo paso al uso de una pax o portapaz: una pequeña placa que el celebrante besaba y que después pasaba entre los fieles. Estas prácticas variaron según las comunidades y las épocas.6

Forma y carácter del gesto

La tradición cristiana ha expresado la paz mediante gestos distintos, según el lugar y la época. El beso de paz aparece en testimonios antiguos; otras comunidades han empleado saludos o instrumentos litúrgicos. La Iglesia permite que la forma corresponda a las costumbres legítimas de cada pueblo y atribuye a las conferencias episcopales la determinación del gesto apropiado dentro de su ámbito.1,6,3

La medida del gesto responde a su finalidad: hacer patente la comunión sin interrumpir el ritmo de la misa ni desplazar la atención de la Eucaristía. Una expresión sencilla y dirigida a las personas más próximas basta para manifestar la caridad fraterna. La comunidad no pierde nada cuando limita el saludo a esos vecinos inmediatos; al contrario, la sobriedad protege el espíritu de la celebración.1,2

Citas y referencias

  1. Capítulo II: La estructura de la misa, sus elementos y sus partes - III. Las partes individuales de la misa - C. La liturgia eucarística - El rito de la paz, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 82 (2003). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Segunda parte - La estructura de la celebración eucarística - El signo de la paz, Papa Benedicto XVI. Sacramentum Caritatis, 49 (2007). 2 3 4 5 6 7
  3. Capítulo IV: La liturgia eucarística - La preparación para la comunión, Sínodo de los Obispos. La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia, 42 (2004). 2 3 4 5
  4. Capítulo III: La celebración recta de la misa - 3. Las otras partes de la misa, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Redemptionis Sacramentum, 71 (2004). 2 3 4
  5. B2. Rito de la paz, Pontificio Instituto Litúrgico. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 247 (1999).
  6. El beso, Enciclopedia Católica, El beso (1913). 2 3 4
  7. B8. El beso de la paz, Pontificio Instituto Litúrgico. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 133 (1999). 2
  8. Liturgia de la misa, Enciclopedia Católica, Liturgia de la misa (1913).
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