El nombre «Mozárabe» se refiere a los cristianos que vivieron bajo dominio musulmán en la Península Ibérica después de la conquista islámica en el siglo VIII1. La palabra, que se cree deriva del árabe musta’rab (que significa «arabizado» o «naturalizado árabe»), se aplicó a estas personas que continuaron practicando su fe y sus costumbres litúrgicas tradicionales1. Sin embargo, el rito en sí no tiene influencias árabes; su origen es mucho más antiguo, arraigado en las prácticas litúrgicas de la Iglesia en Hispania desde los primeros tiempos1,2.
La liturgia hispánica se formó a lo largo de varios siglos, con contribuciones de figuras prominentes como San Isidoro de Sevilla, San Eugenio, San Ildefonso y San Julián de Toledo, San Justo de Urgel y San Conancio de Palencia2. Estos Padres y Pastores buscaron expresar la fe cristiana a través de formas litúrgicas adecuadas a la sensibilidad y necesidades pastorales de la gente de la región, defendiendo la ortodoxia contra el arrianismo y, más tarde, la dominación musulmana2.
Sustitución por el Rito Romano
Entre los siglos IX y XI, el Rito Romano fue gradualmente adoptado en los diversos reinos hispánicos3. Esta adopción llevó a la supresión generalizada del Rito Mozárabe en la mayoría de las iglesias1. Sin embargo, algunas comunidades en Toledo, con la debida autorización, lograron mantener la celebración de los ritos sacramentales según los libros litúrgicos hispano-mozárabes3.
Esfuerzos de Preservación
A pesar de su declive, el Rito Mozárabe no desapareció por completo. En el siglo XV, el Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, jugó un papel crucial en su preservación1,3. Al encontrar el rito en peligro de extinción, encargó a eruditos y sacerdotes mozárabes la preparación y edición del Misal Mozárabe (publicado en 1500) y el Breviario (publicado en 1502)1. También fundó la Capilla Mozárabe en la Catedral de Toledo, dotándola para que se celebrara diariamente la Misa cantada y el Oficio Divino según este rito1. Poco después, en 1517, Rodrigo Arias Maldonado de Talavera fundó la Capilla de San Salvador (o de Talavera) en la Antigua Catedral de Salamanca, donde también se celebraban Misas mozárabes1.
