La pastoral de los sacramentos es un aspecto crucial del rito pastoral. La novedad en este ámbito, principalmente impuesta por la reforma litúrgica, se justifica tanto por su coherencia teológica como por su fecundidad pastoral. La preparación para los sacramentos se ha convertido en un lugar de evangelización y apertura a la misión.
Los sacerdotes, a menudo con la colaboración de equipos de laicos, participan en la preparación de los padres para el bautismo de sus hijos, de los jóvenes para los sacramentos de la confirmación, la Eucaristía y la reconciliación, y de los prometidos para el matrimonio,. Este ministerio sacramental es inseparable de la misión evangelizadora en su conjunto, llevando a la presentación de la fe y la iniciación en la vida cristiana,.
Los sacramentos son dones de gracia para todo el ser, una llamada a la conversión, y no meros logros de una madurez en la fe previamente adquirida. La eficacia de los sacramentos, su cualidad de portadores de gracia, siempre ha estado ligada a la presencia del signo sagrado, o del sacramentum et res, o del simbolismo central, junto con una palabra que proclama la gracia de la salvación que se significa.
Es fundamental que las parroquias y los movimientos intenten mantener el contacto con las personas para quienes la recepción de los sacramentos corre el riesgo de ser un acto aislado y ajeno a su vida diaria.
Sacramentos Específicos en la Pastoral
Eucaristía: La Eucaristía es el punto de donde todo lo demás procede y a donde todo retorna, siendo la fuente de santificación para cada estado de vida,. La comunidad se empobrece si no descubre fervientemente este vínculo vital con el Señor.
Penitencia: La pastoral sacramentaria y litúrgica tiene la tarea de introducir a los participantes en la celebración del misterio de la gratuidad de Dios manifestado en Cristo y continuamente comunicado en los Sacramentos de la Iglesia.
Matrimonio: La crisis del matrimonio y la familia exige una renovación del sentido cristiano de este sacramento, que debe llevar a las parejas a dar testimonio de una concepción auténtica del matrimonio que refleje la relación de Dios con la humanidad.