En la Misa, los ritos de apertura generalmente comprenden los siguientes elementos:
1. Canto de Entrada y Procesión
La celebración comienza con la congregación de las personas y la procesión de entrada. Mientras se canta el canto de entrada, el sacerdote y los ministros se acercan al altar. El canto de entrada, conocido históricamente como Introitus o Antiphona ad Introitum, ha acompañado la entrada procesional en los ritos occidentales desde los primeros registros.
En las grandes celebraciones, la procesión de entrada debe ser abierta por el turiferario, seguido por los ministros con la cruz y los cirios encendidos, y el diácono con el Evangeliario. La incensación del altar y de la cruz al comienzo de la celebración es importante, ya que, junto con el canto, ayuda a crear un ambiente de oración común. Una vez que el sacerdote llega al altar, después de hacer una profunda reverencia con los ministros, venera el altar con un beso y, si es apropiado, inciensa la cruz y el altar. Luego, se dirige a la sede con los ministros.
2. Saludo y Signo de la Cruz
Concluido el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la Señal de la Cruz, mientras el sacerdote, de cara al pueblo, dice: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»,. El pueblo responde: «Amén»,.
Luego, el sacerdote saluda al pueblo extendiendo las manos, utilizando una de las fórmulas indicadas. Este saludo y la respuesta del pueblo manifiestan el misterio de la Iglesia congregada. El Papa Francisco lo describe como el inicio de un diálogo, una «sinfonía» en la que resuenan diversas voces y momentos de silencio, buscando crear armonía entre todos los participantes.
Después del saludo, el sacerdote, el diácono o un ministro laico pueden introducir brevemente a los fieles en la Misa del día. En grandes celebraciones, el obispo local o su delegado puede ofrecer unas breves palabras de bienvenida.
3. Acto Penitencial
El acto penitencial es un momento conmovedor en el que el sacerdote invita a todos a reconocer sus pecados. No se trata solo de recordar los pecados cometidos, sino de confesarlos ante Dios y ante la comunidad con humildad y sinceridad. Este acto nos ayuda a reconocer nuestra propia situación de muerte para resucitar con Cristo a una nueva vida, haciendo presente el Misterio Pascual.
La comunidad reunida para la Misa busca el perdón no solo como individuos, sino como comunidad, reconociendo la solidaridad en nuestra necesidad de perdón. Durante este rito, se puede hacer una pausa en silencio y luego confesar los pecados para recibir el perdón sanador de Dios. La aspersión y bendición del agua al inicio de la Misa subraya el vínculo entre nuestro bautismo y la participación en la Eucaristía.
4. Kyrie Eleison
Después del acto penitencial, se canta o se dice el Kyrie Eleison, a menos que ya se haya incluido en el acto penitencial. Esta invocación es una súplica a la misericordia de Dios.
5. Gloria
El Gloria in excelsis Deo es un antiguo y venerable himno con el que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero. Es una oportunidad para alabar a Dios por cada don, especialmente el don de su Hijo. Se canta o se dice en domingos (fuera de Adviento y Cuaresma), solemnidades y fiestas, y en celebraciones particulares más solemnes.
6. Oración Colecta (Oración de Apertura)
La oración colecta concluye los ritos de apertura. El sacerdote invita al pueblo a orar, y después de un breve silencio para que cada uno tome conciencia de la presencia de Dios y formule sus intenciones, el sacerdote pronuncia la oración que expresa el carácter de la celebración. Se le llama «oración colecta» porque recoge las intenciones de oración de todas las personas y las eleva al cielo.