En todos los ritos, tanto latinos como orientales, la iniciación cristiana de adultos culmina en una única celebración de los tres sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
Bautismo
El Bautismo es el primer sacramento de la iniciación cristiana, que libera a la persona del poder de las tinieblas, la hace morir, ser sepultada y resucitar con Cristo, y la hace partícipe del sacerdocio real,. Impresiona un carácter indeleble que impide su repetición.
Para un adulto, el Bautismo no se confiere tan pronto como se convierte, sino que se difiere hasta un tiempo fijo para asegurar la sinceridad y preparación del candidato. Esto se debe a que los adultos ya tienen un «bautismo de deseo» que remedia el pecado original, lo que permite un período de discernimiento y formación.
Confirmación
La Confirmación es el sacramento que completa la gracia del Bautismo, comunicando el Espíritu Santo a través de la imposición de manos y la unción con el santo crisma,. Este sacramento hace a los bautizados cristianos fuertes y perfectos, y soldados de Jesucristo. El obispo es el ministro original de la Confirmación, lo que subraya el carácter eclesial del sacramento y la unión con la Iglesia.
En la iniciación cristiana de adultos, la fe requerida para la Confirmación coincide con la fe necesaria para el Bautismo, pero se espera que la fe bautismal haya madurado en varias dimensiones, incluyendo un mejor conocimiento de la fe eclesial y una mayor capacidad para dar testimonio de ella. La Confirmación fortalece la vida cristiana y prepara al creyente para ser un testigo vivo de la fe.
El rito esencial de la Confirmación consiste en la unción de la frente del bautizado con el crisma sagrado (en Oriente también otros órganos sensoriales), junto con la imposición de la mano del ministro y las palabras: «Accipe signaculum doni Spiritus Sancti» (Sé sellado con el Don del Espíritu Santo) en el rito romano, o «El sello del don que es el Espíritu Santo» en el rito bizantino,.
Eucaristía
Después de recibir el Bautismo y la Confirmación, los neófitos participan plenamente en la celebración de la Eucaristía, donde encuentran la consumación de su iniciación. En la Eucaristía, los fieles son alimentados con el alimento de la vida eterna y se hacen miembros plenos de la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo.
Para recibir la Sagrada Comunión, uno debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y en estado de gracia, es decir, no ser consciente de haber cometido un pecado mortal. Quien sea consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir primero el sacramento de la Reconciliación,. Además, se requiere un espíritu de recogimiento y oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia (una hora antes de la comunión, con excepciones para enfermos y ancianos), y una disposición corporal adecuada.
La Iglesia recomienda encarecidamente que los fieles reciban la Sagrada Comunión cada vez que participan en la celebración de la Eucaristía, y les obliga a hacerlo al menos una vez al año.