Los ritos orientales conservan una concepción litúrgica profundamente simbólica y contemplativa. La celebración integra canto, incienso, procesiones, iconos, gestos rituales y una rica estructura de himnos y oraciones.
La Divina Liturgia
En las Iglesias bizantinas, la celebración eucarística recibe habitualmente el nombre de Divina Liturgia. Las formas más frecuentes son las liturgias de san Juan Crisóstomo y de san Basilio el Grande.
Las Iglesias de tradición alejandrina, antioquena, armenia y caldea poseen sus propios formularios eucarísticos. Cada tradición ha conservado anáforas, calendarios y oraciones particulares.
Los sacramentos de iniciación
Las Iglesias orientales administran normalmente el bautismo, la crismación y la primera participación en la Eucaristía dentro de una misma secuencia de iniciación cristiana. La crismación corresponde al sacramento que la Iglesia latina denomina confirmación.
Esta práctica manifiesta la unidad originaria de los sacramentos de iniciación y permite que los niños bautizados participen plenamente en la vida sacramental desde una edad temprana.
El clero casado
Las Iglesias orientales mantienen una disciplina propia respecto al clero casado. En varias de ellas pueden recibir la ordenación sacerdotal hombres casados, mientras que los obispos proceden normalmente del clero célibe o de los monasterios.
Esta disciplina no implica una menor estima del celibato. El celibato conserva un valor espiritual y eclesial eminente, pero la tradición oriental reconoce también la legitimidad histórica del presbiterado de hombres casados.
El monacato
El monacato ocupa un lugar central en la espiritualidad oriental. La tradición de los Padres del desierto, la vida eremítica, los monasterios y la oración contemplativa influyeron decisivamente en las Iglesias de Oriente.
La oración de Jesús, la salmodia, la vigilancia interior y la búsqueda de la hesychia-la quietud del corazón ante Dios- forman parte de este patrimonio espiritual.
Los iconos
El icono no funciona simplemente como una imagen decorativa. Representa sacramentalmente, mediante formas visibles, la realidad invisible de Cristo, de la Virgen y de los santos. La veneración de los iconos distingue cuidadosamente entre la adoración debida solo a Dios y el honor tributado a las personas representadas.
Las Iglesias orientales incorporan los iconos a la liturgia, la catequesis, la oración doméstica y la arquitectura sagrada.