En los primeros siglos de la Iglesia, los libros litúrgicos no estaban tan especializados como hoy. Los Sacramentarios, tanto en Occidente como en Oriente (conocidos como Eucologios), contenían todas las partes del sacerdote y del obispo para cualquier función que realizaran, incluyendo no solo la Liturgia en sentido estricto, sino también los sacramentos, bendiciones y ritos de todo tipo. En las Iglesias Orientales, esta práctica aún se mantiene en gran medida.
En Occidente, hubo un desarrollo que llevó a la distinción de los libros según los servicios para los que se utilizaban, en lugar de según las personas que los usaban. El Misal, que contenía la Misa completa, sucedió al Sacramentario. Para las funciones no eucarísticas, surgieron libros que fueron los predecesores del Pontifical y el Ritual. Las funciones episcopales (ordenación, confirmación) se recopilaron en el Pontifical, mientras que las funciones sacerdotales (bautismo, penitencia, matrimonio, unción de los enfermos) se encontraban en una gran variedad de pequeños manuales, que finalmente fueron reemplazados por el Ritual.
La Unificación del Ritual Romano
Durante la Edad Media, existió una enorme diversidad de manuales para sacerdotes con cura de almas, conocidos con nombres como Manuale, Liber agendarum, Agenda, Sacramentale, o Rituale. Casi cada diócesis o incluso cada iglesia tenía sus propias compilaciones,. Esta falta de uniformidad llevó a un deseo de estandarización en el siglo XVI, especialmente después de la revisión de otros libros litúrgicos.
El Rituale Romanum oficial fue publicado por primera vez por el Papa Pablo V en 1614, mediante la Constitución «Apostolicæ Sedis» del 17 de junio. En esta constitución, Pablo V señaló que, después de que Clemente VIII hubiera emitido textos uniformes para el Pontifical y el Cærimoniale Episcoporum, era necesario que los ritos sagrados y auténticos de la Iglesia para la administración de los sacramentos y otras funciones eclesiásticas también se incluyeran en un solo libro y se publicaran con la autoridad de la Sede Apostólica. El objetivo era que los sacerdotes pudieran llevar a cabo su oficio según un estándar público y fijo, en lugar de seguir una multitud de Rituales diversos.
Sin embargo, a diferencia de otros libros del Rito Romano, el Ritual nunca fue impuesto como el único estándar obligatorio. Pablo V no abolió todas las demás colecciones de este tipo, ni ordenó a todos usar solo su libro, sino que «exhortó en el Señor» a que fuera adoptado. Como resultado, los antiguos Rituales locales nunca fueron completamente suprimidos, aunque muchos de ellos se conformaron gradualmente a la edición romana, modificando sus oraciones y ceremonias para coincidir con el libro romano.
Revisiones Posteriores
El Rituale Romanum fue revisado por Benedicto XIV en 1752, junto con el Pontifical y el Cærimoniale Episcoporum. Sus nuevas ediciones fueron publicadas por el Breve «Quam ardenti» del 25 de marzo de 1752. Benedicto XIV añadió dos formas para dar la bendición papal y, con el tiempo, un gran número de bendiciones adicionales se incorporaron en un apéndice.
Tras el Concilio Vaticano II, se llevó a cabo una renovación litúrgica significativa. El Papa Pablo VI promulgó una versión restaurada del Rituale Romanum,, y posteriormente, el Papa Juan Pablo II continuó esta labor, aprobando y promulgando nuevas ediciones de sus títulos, como el De Benedictionibus,. Esta reforma buscó asegurar la participación consciente, activa y fácil de los fieles en las celebraciones litúrgicas, eliminando aquellos elementos que, con el tiempo, habían oscurecido la naturaleza y el propósito de los sacramentales. Juan Pablo II enfatizó la necesidad de que el Rito Romano, manteniendo su identidad, pudiera acoger adaptaciones oportunas para permitir a los fieles participar plenamente en las celebraciones litúrgicas, especialmente en comunidades donde ciertos aspectos rituales no encontraban una expresión adecuada debido a la cultura.