De los sacramentarios a los libros propios del sacerdote
En los primeros siglos de la tradición litúrgica occidental, el sacramentario reunía las oraciones y los textos que empleaban los ministros en distintas celebraciones. Con el desarrollo de libros especializados, el Misal pasó a concentrar los elementos propios de la misa, mientras que otros libros recogieron las celebraciones no eucarísticas. Las funciones episcopales quedaron asociadas al Pontifical; las del sacerdote, a diversos manuales que más tarde el Ritual romano intentaría sustituir por una referencia común.
Antes de la aparición de un Ritual romano uniforme, las iglesias recurrieron a colecciones locales. Algunos libritos portátiles reunían oraciones y rúbricas -las indicaciones sobre cómo desarrollar la celebración- para ritos que el sacerdote podía necesitar fuera de la iglesia, por ejemplo, al visitar a un enfermo. Entre los usos recogidos en estos manuales figuraban la penitencia, la unción de los enfermos y los funerales.
La diversidad medieval era considerable. Los libros podían incluir el bautismo, el matrimonio, la bendición de una casa, la visita a los enfermos, los sufragios por los difuntos y otras bendiciones. Su composición respondía a las necesidades pastorales de cada lugar, por lo que las formas rituales no coincidían necesariamente con las empleadas en Roma.
La uniformidad del siglo XVI y la edición de 1614
Durante el siglo XVI, el impulso de reforma litúrgica y la difusión de la imprenta favorecieron la preparación de libros con mayor uniformidad. Entre los antecedentes del Ritual romano figuran el Liber sacerdotalis de Alberto Castellani, publicado en 1523; el Sacerdotale de Samarino, de 1579, y el proyecto de ritual asociado al cardenal Giulio Antonio Santori.
El papa Gregorio XIII encargó a Santori la preparación de un ritual adaptado a las necesidades pastorales de su tiempo y a las normas de la reforma tridentina. Santori murió en 1602, mientras la obra estaba en proceso de impresión. En 1614, el papa Paulo V publicó el Rituale Romanum, que incorporó elementos de aquella labor, aunque en una versión simplificada.
La publicación romana no suprimió de inmediato los libros diocesanos. Paulo V promovió el uso del nuevo Ritual, pero este no llegó a ser obligatorio de manera universal; por ello, numerosos territorios conservaron sus propios libros y apéndices. La diversidad local perduró incluso después de la publicación del volumen romano.,
Benedicto XIV revisó el Ritual en 1752. En el siglo XX aparecieron nuevas ediciones: Pío XI publicó una en 1925 para incorporar cambios relacionados con el Código de Derecho Canónico de 1917, y Pío XII publicó otra en 1952.,