Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por los cuales la vida divina nos es dispensada1. Los ritos visibles mediante los cuales se celebran los sacramentos significan y hacen presente la gracia propia de cada sacramento, produciendo frutos en quienes los reciben con las debidas disposiciones1. La Iglesia Católica sostiene que Cristo instituyó los siete sacramentos, ya que solo Él puede unir autoritariamente el don de su gracia salvífica a ciertos signos de manera eficaz2. Esto subraya que los sacramentos no son una creación eclesial y que la Iglesia no puede cambiar su sustancia, sino que se basan en el evento de Cristo en su totalidad: Encarnación, Vida, Muerte y Resurrección2.
La economía sacramental consiste en la comunicación de los frutos de la redención de Cristo a través de la celebración de los sacramentos de la Iglesia, especialmente la Eucaristía, «hasta que Él venga» (1 Corintios 11:26)3. Toda la vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al sacrificio eucarístico y los sacramentos4.
Los Siete Sacramentos
La Iglesia reconoce siete sacramentos: Bautismo, Confirmación (o Crismación), Eucaristía, Penitencia, Unción de los Enfermos, Orden Sacerdotal y Matrimonio5,6,7,4. Estos siete sacramentos abarcan todas las etapas y momentos importantes de la vida cristiana, otorgando nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe del cristiano5. Existe, por tanto, una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual5,8.
Bautismo: Nos hace nacer de nuevo espiritualmente9,8. Es el sacramento de la iniciación cristiana y la incorporación a Cristo, confiriendo un carácter fundamental que capacita para recibir válidamente los demás sacramentos10.
Confirmación: Nos fortalece como cristianos perfectos y soldados de Cristo, equipando a la persona bautizada para dar testimonio de la fe católica en el mundo9,11,12.
Eucaristía: Provee nuestro alimento espiritual diario y es el encuentro con Dios en la tierra9,8,11,12.
Penitencia (Reconciliación): Sana el alma herida por el pecado y remite los pecados graves post-bautismales9,8,11,12.
Unción de los Enfermos: Borra los últimos vestigios del pecado, vigoriza las potencias del alma y prepara para la vida eterna, curando tanto el alma como el cuerpo9,8,11,12.
Orden Sacerdotal: Provee ministros a la Iglesia de Dios, a través de quienes la Iglesia es gobernada y multiplicada espiritualmente9,8,12.
Matrimonio: Otorga las gracias necesarias para aquellos que deben criar hijos en el amor y el temor de Dios, y a través de él la Iglesia se incrementa físicamente en número9,8,11,12.
Los sacramentos del Bautismo y la Penitencia son llamados «sacramentos de los muertos» porque dan vida, a través de la gracia santificante, a aquellos que están espiritualmente muertos por el pecado original o actual. Los otros cinco son «sacramentos de los vivos», ya que su recepción presupone, al menos ordinariamente, que el receptor está en estado de gracia y aumentan la gracia santificante9.
