Un modelo del movimiento litúrgico
Guardini aparece identificado como uno de los grandes modelos del movimiento litúrgico. Aunque el juicio histórico reconoce que su obra puede estar «fechada» por sensibilidades culturales propias de su tiempo, se considera que sus líneas de formación litúrgica continúan siendo significativas.
En particular, se destaca su libro Liturgische Bildung (publicado en 1923), y se lo sitúa en un contexto cultural y espiritual similar al de obras anteriores como Der Geist der Liturgie (El espíritu de la liturgia, 1919) y Heilige Zeichen (Signos sagrados, 1919).,
Religiosidad comunitaria frente a religiosidad individualista o sentimental
Una contribución descrita con claridad es el modo en que Guardini entiende el interés por la liturgia: no se reduce a un retorno a lo «piadoso» de manera privada, sino que promueve el redescubrimiento de la oración comunitaria más allá de una piedad burguesa individualista.
Asimismo, se subraya que su obra quiere superar una religiosidad meramente nocional o sentimental, buscando una religiosidad anclada en la realidad de la vida y del mundo.
Una liturgia sostenida por «oposiciones bipolares»
En una síntesis sobre su visión, se afirma que su intuición al final del período 1915–1918 (descrita como una «previsión» comparable a otras épocas) conduce a comprender la liturgia como fundada en oposiciones bipolares, entre las que se enumeran:
entre naturaleza y cultura (en el ser humano),
entre lo corporal y lo espiritual (en los símbolos),
entre la persona y la comunidad (en la asamblea litúrgica).
Esta forma de pensar la liturgia ayuda a evitar dos reducciones: la de tratarla como un ritual sin referencia al mundo real, y la de convertirla en mera construcción subjetiva o puramente espiritualista.
La liturgia como logikē latreia: adoración conforme al Logos
En la recepción teológica, se destaca que Ratzinger atribuye a Guardini una influencia decisiva en la idea de que la adoración auténtica debe estar en conformidad con el Logos. Se formula en términos griegos: logikē latreia, es decir, culto o adoración «según el Logos».
En esa línea, la liturgia no se entiende como un juego ritual, sino como una realidad donde el culto «lleno de Logos» transforma interiormente a la persona y orienta la cultura hacia un ethos de amor a Dios y al prójimo.