La reducción del roquete durante el siglo XVII coincidió con una transformación general de la etiqueta cortesana y eclesiástica. Las cortes europeas desarrollaron códigos de vestimenta cada vez más precisos, en los que la longitud de las prendas, la calidad de los tejidos, el tipo de mangas y el uso de adornos expresaban rango, precedencia y proximidad a la autoridad.
La indumentaria eclesiástica no vivió al margen de ese proceso. Los prelados vinculados a las cortes episcopales, a los cabildos y a la Curia romana necesitaban una vestimenta que conservara la dignidad de la túnica tradicional, pero que permitiera mayor movilidad dentro de palacios, capillas y ceremonias públicas. El acortamiento del roquete respondió, en parte, a esa adaptación práctica y cortesana.
La nueva longitud facilitaba caminar sobre suelos interiores, subir escaleras, sentarse en ceremonias prolongadas y llevar encima otras prendas del hábito coral. Al mismo tiempo, el diseño más corto diferenciaba con claridad el roquete de la alba, cuya longitud continuaba asociándose a la función litúrgica del altar.
La etiqueta del siglo XVII también favoreció una lectura jerárquica de las prendas. El roquete corto, la mantelletta, la mozzetta, la capa magna y otros elementos no constituían simples variantes de moda: componían un sistema visual de precedencias. La autoridad pontificia podía conceder o negar determinados usos a cabildos y dignatarios, precisamente porque la vestimenta expresaba públicamente una posición reconocida.
Un decreto confirmado por el papa en 1666, relativo a un cabildo portugués, prohibió que determinados canónigos utilizaran un hábito igual al de los canónigos y dignidades sin indulto apostólico. Aunque el caso se refiere principalmente a la mozzetta, muestra con claridad el principio jurídico que gobernaba el atuendo eclesiástico barroco: un cabildo no podía igualar por propia autoridad los signos externos reservados a una dignidad superior.
La reducción de longitud, por tanto, no debe interpretarse como una simple abreviación material. El roquete del siglo XVII adquirió una forma más funcional y, a la vez, más codificada. Su proporción, sus mangas y su combinación con la sotana y otras piezas ayudaban a situar al portador dentro del orden ceremonial de la Iglesia.