La aparición en Lirey
La documentación histórica conservada sitúa la aparición pública de la reliquia en Lirey, en la diócesis de Troyes, durante el siglo XIV. En 1389, el obispo de Troyes dirigió una reclamación al papa Clemente VII por las exhibiciones de la tela, que provocaban confusión entre los fieles. Según la documentación examinada por la historiografía, un artista habría reconocido años antes haberla pintado.
Clemente VII no prohibió absolutamente la exposición, pero estableció que, cuando la tela se mostrase al pueblo, un sacerdote debía declarar públicamente que no era el auténtico sudario de Cristo, sino una imagen realizada para representarlo. La autenticidad de los documentos relacionados con aquella reclamación histórica ha sido considerada firme en la tradición historiográfica recogida por la Enciclopedia Católica.
La documentación anterior a Lirey presenta una continuidad difícil de reconstruir. La falta de una cadena histórica completa entre la época apostólica y el siglo XIV constituye uno de los principales argumentos utilizados contra una identificación segura con el lienzo funerario de Jesús.
Traslado a Turín
La Síndone llegó posteriormente a la casa de Saboya y terminó establecida en Turín. Desde entonces, la ciudad quedó vinculada a su custodia, veneración y conservación. La catedral de Turín alberga la reliquia en una capilla especialmente dedicada a ella, bajo la responsabilidad eclesial del arzobispo de la ciudad.
La historia de la tela incluye incendios, traslados, reparaciones y distintas formas de exposición. Estos acontecimientos tienen relevancia para la conservación material y también para la interpretación de posibles alteraciones de la imagen.
Exposiciones públicas contemporáneas
Las exposiciones de la Síndone han atraído a peregrinos de numerosos países. En 1973, Pablo VI dirigió un mensaje con motivo de una ostensión transmitida por radio y televisión, y recordó tanto la intensa devoción suscitada por la reliquia como la existencia de estudios científicos en torno a ella.
Juan Pablo II acudió a Turín en 1998 con motivo de una exposición pública. Ante la tela, afirmó que su relación con la vida histórica de Jesús no constituía una cuestión de fe definida por la Iglesia y pidió que la investigación continuase conforme a la metodología científica, sin conclusiones previamente impuestas.
Benedicto XVI veneró la Síndone en 2010 y la presentó como un icono del Sábado Santo, es decir, del tiempo en que el cuerpo de Cristo permaneció en el sepulcro entre la muerte y la resurrección.