La expresión procede del versículo 12 del Salmo 90 en la numeración hebrea, que corresponde al Salmo 89 en la numeración de la versión griega y de la tradición latina. El salmista ruega: «Enséñanos a contar nuestros días y llegaremos a la sabiduría del corazón».1,2
El poema contrapone la eternidad de Dios con la existencia humana, limitada y pasajera. Sus imágenes describen la vida como hierba que brota por la mañana y se seca al caer la tarde, y comparan mil años ante Dios con un día ya pasado. La fragilidad no aparece como una idea abstracta: alcanza la experiencia cotidiana del tiempo, el trabajo, el sufrimiento y la muerte.3,4
En ese contexto, contar los días significa reconocer que la vida no es indefinida y preguntarse cómo emplearla. La petición del salmista no busca eliminar la incertidumbre ni predecir cuánto vivirá cada persona. Pide discernimiento para valorar el tiempo recibido y orientar la conducta hacia el bien.2,1
