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Sabiduría de Salomón (libro deuterocanónico)

El Libro de la Sabiduría, también llamado Sabiduría de Salomón, es un libro deuterocanónico del Antiguo Testamento y el último de los escritos sapienciales bíblicos. Compuesto en griego por un autor judío de ambiente helenístico, probablemente vinculado a Alejandría, presenta la sabiduría como don divino, guía de la vida justa y principio de la historia de la salvación. Su enseñanza alcanza una importancia singular por afirmar con claridad la inmortalidad del justo, la providencia universal de Dios y la esperanza de una vida más allá de la muerte.1,2,3

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSabiduría de Salomón (libro deuterocanónico)
CategoríaLibro
Nombre CompletoSabiduría de Salomón
DescripciónObra sapiencial que presenta la sabiduría como don divino, enseña la inmortalidad del justo y la providencia universal de Dios
AutorDesconocido (autor judío helenístico, pseudónimo de Salomón)
Autoridad EclesiásticaIglesia Católica
Contexto históricoLiteratura sapiencial judía de la diáspora helenística, escrita en un ambiente cultural greco-romano
ImportanciaFundamental para la doctrina católica sobre la inmortalidad, la justicia y la preparación de la revelación cristiana
Lengua originalGriego
Lugar de OrigenAlejandría, Egipto
TemaSabiduría divina, inmortalidad del alma, justicia, providencia, crítica a la idolatría
TipoLibro, Libro deuterocanónico del Antiguo Testamento, I a.C.-I d.C.
Uso LitúrgicoCitado en la liturgia, catequesis y reflexión teológica de la Iglesia Católica

Tabla de contenido

Denominación y carácter canónico

La tradición cristiana conoce la obra como Libro de la Sabiduría o Sabiduría de Salomón. El segundo título procede de la forma literaria adoptada por el autor: el hablante aparece como Salomón, hijo de David y rey de Israel, paradigma bíblico del monarca sabio. La atribución no pretende ofrecer una identificación histórica del escritor, sino situar la enseñanza bajo la autoridad simbólica del rey que, en la tradición de Israel, recibió de Dios un corazón capaz de discernir.1,2

La Iglesia católica incluye este libro entre los deuterocanónicos, es decir, aquellos escritos del Antiguo Testamento cuya recepción canónica conoció debates en ciertos ámbitos antiguos, pero que pertenecen al canon católico de la Sagrada Escritura. La tradición eclesial lo ha leído como Escritura inspirada y como parte de la preparación veterotestamentaria para la revelación plena de Jesucristo.

El libro ocupa una posición singular dentro del Antiguo Testamento. Constituye el último gran desarrollo de la tradición sapiencial veterotestamentaria y reúne elementos de la sabiduría de Israel con formas de expresión propias del mundo helenístico. La Comisión Bíblica Pontificia lo presenta como la aportación final de la tradición reflexiva del Antiguo Testamento y como una obra que explicita de manera luminosa el destino inmortal del justo.3,4

Autoría, pseudepigrafía y contexto histórico

Autor literario

El autor histórico permanece desconocido. La composición griega del libro excluye la autoría directa del Salomón histórico, que vivió muchos siglos antes y no pudo haber redactado una obra en la lengua y en el contexto cultural propios del judaísmo helenístico. La antigua atribución salomónica pertenece, por tanto, al recurso literario de la pseudepigrafía sapiencial: un escritor posterior habla bajo el nombre de una figura venerada para presentar su enseñanza como una actualización de la sabiduría recibida.1

La pseudepigrafía no equivale aquí a un fraude en el sentido moderno. Dentro de la literatura sapiencial antigua, adoptar la voz de Salomón permitía encarnar una tradición y prolongar su autoridad en una época nueva. El autor utiliza la figura del rey sabio para dirigirse tanto a Israel como a los gobernantes y a los pueblos que viven en un ambiente cultural dominado por la lengua griega y por las instituciones del mundo mediterráneo.

La elección de Salomón posee además una función teológica. El rey aparece en la tradición bíblica como gobernante que debe ejercer el juicio y la justicia, pero también como personaje abierto a las naciones. Su figura resulta adecuada para un libro que comienza con una exhortación dirigida a los gobernantes de la tierra y que pretende mostrar la superioridad de la sabiduría del Dios de Israel frente a la idolatría y a la injusticia.5,6

El autor alejandrino

El libro nació probablemente en un ambiente judío de la diáspora helenística, quizá en Alejandría de Egipto, aunque la datación y el lugar exactos continúan siendo objeto de discusión académica. Algunas propuestas sitúan la obra entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C.; otras han planteado un origen romano y una fecha algo posterior. La hipótesis alejandrina sigue siendo la más habitual por la lengua, el horizonte intelectual y la relación del libro con el judaísmo helenístico.2,7

El autor conoce profundamente las Escrituras de Israel en la traducción griega de los Setenta. Al mismo tiempo, utiliza categorías y recursos expresivos comprensibles para lectores formados en el mundo helenístico. Su pensamiento no abandona la fe bíblica: adapta su lenguaje para defender la fidelidad al Dios de Israel frente a la seducción de la impiedad, el materialismo, la violencia y la idolatría.

La obra no identifica de manera explícita al autor ni ofrece datos biográficos precisos. Esta ocultación armoniza con la estrategia de hablar como Salomón. El autor quiere que el lector escuche una voz regia y sapiencial, no que centre la atención en la personalidad concreta del escritor.

Lengua original

El griego constituye la lengua original del libro. Algunos rasgos sintácticos y ciertas expresiones reflejan una mentalidad hebrea, pero estos elementos no demuestran la existencia de un original hebreo perdido. El estilo combina paralelismo semítico, vocabulario bíblico y formas literarias griegas. La obra manifiesta así la capacidad del judaísmo alejandrino para expresar la fe de Israel en el idioma cultural de su tiempo.1,2

Unidad y estructura

La tradición católica y buena parte de la investigación moderna reconocen la unidad literaria fundamental del libro. La obra mantiene un propósito común: advertir contra la impiedad y mostrar que la sabiduría conduce a la vida, mientras que la injusticia y la idolatría llevan a la ruina. Las distintas secciones desarrollan este propósito desde perspectivas complementarias.1

La estructura se divide claramente en tres grandes partes:

  1. La escatología del justo: capítulos 1-5.
  2. El elogio de la Sabiduría: capítulos 6-9.
  3. La historia de la salvación: capítulos 10-19.

El capítulo 9 actúa como punto de transición. La oración de Salomón pide la sabiduría necesaria para gobernar y vivir rectamente; después, la obra muestra la acción de esa Sabiduría en la historia de la humanidad y, especialmente, en el éxodo de Israel.1,2

La escatología del justo

Justicia frente a impiedad

La primera parte presenta un contraste radical entre el justo y los impíos. La justicia no consiste únicamente en cumplir normas externas, sino en vivir orientado hacia Dios, amar la verdad, rechazar la violencia y mantener la fidelidad incluso en medio de la persecución.

El libro comienza con una exhortación a los gobernantes para que amen la justicia y busquen a Dios con rectitud de corazón. La autoridad política queda así sometida a un criterio moral superior: la fuerza, el poder o la riqueza no convierten una acción en justa. El autor emplea con gran frecuencia el vocabulario de la justicia, hasta convertirlo en uno de los ejes temáticos de toda la obra.6

El impío, por el contrario, interpreta la vida desde el disfrute inmediato y el dominio del más fuerte. Su razonamiento aparece en un discurso programático: la existencia sería breve y fortuita; la muerte pondría fin a todo; por ello convendría aprovechar los bienes presentes, incluso oprimiendo al pobre, a la viuda y al anciano. La obra denuncia esta lógica como una forma de ceguera moral y religiosa.8

«Hagamos de nuestra fuerza la norma de la justicia, porque la debilidad resulta inútil».8

Frente a ese planteamiento, el justo confía en Dios y acepta que la fidelidad puede provocar oposición. El autor no presenta la prosperidad visible como prueba definitiva de justicia ni el sufrimiento como señal segura de abandono divino. La vida del justo adquiere su sentido último ante Dios, más allá de los juicios de la sociedad y de la aparente victoria de los malvados.

El justo perseguido

El pasaje de Sabiduría 2,12-20 describe la conspiración contra el justo. Los impíos lo consideran incómodo porque su conducta denuncia la corrupción de sus vidas. El justo afirma que conoce a Dios, vive como hijo suyo y espera un destino feliz; por eso sus adversarios lo someten a insultos, torturas y una muerte vergonzosa.8

La tradición cristiana ha leído este retrato como una figura profética de Cristo. La semejanza con los relatos evangélicos de la pasión resulta especialmente intensa en la acusación contra quien confía en Dios como Padre y en la prueba cruel a la que sus enemigos pretenden someterlo. El pasaje no constituye una narración directa de la pasión de Jesús, pero ofrece una anticipación teológica del misterio del justo rechazado y finalmente vindicado por Dios.1,9

El destino de los justos

El capítulo 3 presenta una de las declaraciones más consoladoras de la literatura bíblica:

«Las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento las alcanzará».3

La muerte física no posee la última palabra. A los ojos humanos, el justo puede parecer derrotado, especialmente cuando muere joven o como víctima de la persecución. Ante Dios, sin embargo, permanece bajo su protección y participa de una esperanza llena de inmortalidad. La justicia aparece vinculada a la vida eterna: quien vive en amistad con Dios no cae en la nada, porque Dios sostiene la existencia del justo más allá de la muerte.9,3,4

La inmortalidad del alma

Superación de la visión tradicional del Sheol

Uno de los principales aportes teológicos del libro consiste en su enseñanza sobre la inmortalidad del alma. En buena parte de la tradición hebrea antigua, el Sheol designaba la morada de los muertos, asociada a la debilidad, el silencio y la distancia respecto de la vida plena. El Libro de la Sabiduría desarrolla esa esperanza de modo más definido: el justo continúa viviendo en Dios y recibe un destino de incorruptibilidad.3,4

La obra afirma que Dios creó al ser humano para la incorruptibilidad y lo hizo a imagen de su propia eternidad. La muerte no pertenece al proyecto originario de Dios como destino definitivo de la criatura; entró en el mundo por la envidia del diablo, mientras que quienes pertenecen a Dios reciben la vida.8

Este lenguaje no enseña que el alma humana exista antes de la concepción. El autor habla de la condición mortal de todo ser humano y presenta al propio Salomón literario como criatura formada en el seno materno, igual a los demás hombres. La inmortalidad constituye un don y un destino concedido por Dios, no una preexistencia natural del alma.1,3

Inmortalidad y comunión con Dios

La inmortalidad de Sabiduría no equivale a una mera supervivencia abstracta ni a la permanencia impersonal de una energía espiritual. El justo vive porque permanece unido a Dios. La esperanza bíblica nace de la fidelidad divina, de la gracia y de la misericordia, no de una autosuficiencia del alma humana.

El libro expresa esta convicción mediante imágenes de intimidad y protección: las almas de los justos descansan en las manos de Dios; los fieles permanecen con él en el amor; la esperanza de la vida futura supera toda valoración basada exclusivamente en el éxito terreno.9,3

La enseñanza prepara la revelación cristiana sobre la vida eterna, aunque todavía no expone de forma completa la resurrección corporal, el juicio universal ni la vida trinitaria. La fe cristiana recibe esta esperanza y la lleva a su plenitud en la muerte y resurrección de Jesucristo.

El elogio de la Sabiduría

Sabiduría como don divino

Los capítulos 6-9 desarrollan el gran elogio de la Sabiduría. El autor exhorta a los reyes y gobernantes a buscarla, porque el poder político sólo alcanza su verdadera finalidad cuando queda iluminado por el juicio recto. La sabiduría no consiste en acumular información, sino en conocer el bien y realizarlo.

Salomón pide a Dios un corazón capaz de discernir. La oración del capítulo 9 reconoce que el ser humano, por sus propias fuerzas, no puede comprender plenamente los designios divinos. La Sabiduría debe venir de lo alto para orientar las decisiones, formar las virtudes y enseñar el camino de la salvación.2,1

Personificación de la Sabiduría

El libro presenta la Sabiduría como una realidad personificada, íntimamente relacionada con Dios. Ella habita junto al trono divino, participa de sus pensamientos y actúa en la creación y en la vida humana. El autor la describe como:

  • Emanación de la gloria de Dios.
  • Resplandor de la luz eterna.
  • Espejo de la actividad divina.
  • Imagen de la bondad de Dios.
  • Realidad única que, sin perder su unidad, renueva todas las cosas.1

La Sabiduría posee una dimensión moral y otra propiamente divina. En relación con el ser humano, forma la inteligencia práctica, impulsa la voluntad hacia el bien y concede las virtudes necesarias para cada estado de vida. En relación con Dios, participa de su acción creadora y providente.

El libro vincula también la Sabiduría con la Palabra de Dios y con el Espíritu Santo. Estas expresiones no ofrecen todavía una formulación explícita del dogma trinitario, pero abren un horizonte teológico que la revelación del Nuevo Testamento llevará a plenitud. La tradición cristiana reconoció en estas imágenes una preparación para comprender a Cristo como Palabra y Sabiduría de Dios.1

Sabiduría, virtud y salvación

La sabiduría auténtica exige una vida justa. No basta con admirar la verdad o poseer conocimiento religioso: la sabiduría transforma la conducta. Quien la recibe aprende a dominar las pasiones, rechazar la idolatría, vivir con prudencia y permanecer fiel ante la adversidad.

El autor establece una relación estrecha entre sabiduría, justicia e inmortalidad. La vida justa no constituye una simple estrategia para alcanzar bienestar temporal; participa ya de la vida que Dios comunica y orienta hacia la plenitud eterna.9,6

La historia de la salvación

La Sabiduría desde Adán hasta Moisés

La tercera parte, capítulos 10-19, contempla la historia sagrada desde la creación hasta el éxodo. El autor no redacta una crónica detallada, sino una meditación teológica sobre la acción de la Sabiduría en los grandes acontecimientos bíblicos. La Sabiduría protege a Adán, guía a Noé, acompaña a Abraham, sostiene a Jacob, libera a José y conduce a Moisés y al pueblo de Israel.10

El capítulo 10 presenta una serie de ejemplos en los que la Sabiduría rescata al justo de situaciones de pecado, persecución y opresión. Su acción no elimina la libertad humana, pero acompaña a quienes permanecen abiertos a Dios y los conduce hacia la vida y la misión que han recibido.

El éxodo como paradigma de salvación

El éxodo constituye el centro histórico y teológico de los capítulos 11-19. La liberación de Israel de Egipto manifiesta la fidelidad de Dios, su poder sobre los ídolos y su cuidado paternal de su pueblo. El paso por el mar Rojo aparece como signo de una salvación que atraviesa las aguas de la muerte y conduce a la libertad.

La obra contrapone los mismos elementos naturales en beneficio de Israel y en perjuicio de Egipto. El agua, el fuego, los animales y los fenómenos del mundo creado quedan sometidos a la providencia divina. La creación no posee autonomía frente a Dios: sirve a su designio de justicia y salvación.10,1

Justicia y misericordia divinas

El autor defiende la rectitud de los juicios de Dios. Dios gobierna todas las cosas con justicia y no condena a quien no merece castigo. Incluso cuando corrige a los pueblos idólatras, actúa con moderación y les concede oportunidades de arrepentimiento. La misericordia no contradice la justicia, sino que revela el dominio soberano de Dios sobre su creación.11

La justicia divina adopta en ocasiones una forma retributiva: quienes practican la violencia reciben el efecto de sus propios actos. Egipto, que había oprimido a Israel, experimenta un juicio proporcionado a su conducta. Sin embargo, la intención teológica del relato no consiste en glorificar la venganza, sino en mostrar que Dios no abandona a las víctimas y que el mal no logra escapar al juicio de la verdad.11

Crítica de la idolatría

Los capítulos 13-15 contienen una de las críticas más elaboradas de la idolatría en la Biblia. El autor distingue entre la belleza de la creación y el error de adorarla como si fuera Dios. El mundo creado permite reconocer al Creador, pero la inteligencia humana puede detenerse en las criaturas y convertirlas en absolutos.

La crítica alcanza varias formas de culto idolátrico: la veneración de los elementos naturales, la fabricación de imágenes y la atribución de poder divino a objetos producidos por manos humanas. La idolatría no constituye solamente un error intelectual; también engendra injusticia, desorden moral y violencia.

El autor considera razonable que el ser humano ascienda desde la grandeza y belleza de las criaturas hasta su Creador. La contemplación del mundo visible puede conducir a Dios cuando permanece abierta a la trascendencia. La sabiduría consiste en reconocer el orden creado sin confundirlo con el Señor de la creación.1

Dios creador y providente

El Libro de la Sabiduría confiesa la existencia de un único Dios, creador y soberano del universo. Dios no forma parte del mundo ni compite con otras divinidades: trasciende todas las criaturas y sostiene su existencia.

La expresión que presenta la creación a partir de una materia informe utiliza un lenguaje filosófico propio del ambiente helenístico, pero no enseña la eternidad de la materia. El pasaje remite a la condición caótica de la tierra antes de la ordenación creadora narrada en el Génesis. Dios conserva la iniciativa absoluta sobre el universo.1

La providencia de Dios alcanza todas las cosas, grandes y pequeñas. Su cuidado posee un carácter paternal y alcanza particularmente al pueblo elegido. Al mismo tiempo, la benevolencia divina no queda encerrada en las fronteras de Israel: Dios ama a todas sus criaturas y muestra misericordia incluso hacia quienes se han apartado de él.1,11

Relación con el Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento mantiene una relación profunda con el lenguaje y los temas del Libro de la Sabiduría. La figura del justo perseguido, la descripción de la Sabiduría como resplandor de la gloria divina y la afirmación de la inmortalidad ofrecen categorías que ayudan a comprender la revelación cristiana.

La tradición cristiana ha relacionado especialmente Sabiduría 2,13-20 con la pasión de Cristo. El justo recibe insultos y torturas porque afirma una relación filial con Dios y confía en su protección. Los Evangelios presentan en Jesús la realización plena de ese misterio: el Hijo justo acepta el sufrimiento, vence la muerte y manifiesta definitivamente la fidelidad del Padre.1,9

Sabiduría 7,26 describe la Sabiduría como resplandor de la luz eterna e imagen de la bondad divina. La tradición cristiana ha leído estas expresiones en relación con Cristo, Palabra eterna del Padre, aunque la interpretación cristológica no elimina el sentido original del libro dentro de la revelación veterotestamentaria.1

La esperanza de inmortalidad prepara también la enseñanza cristiana sobre la vida eterna. El libro no expone todavía toda la doctrina de la resurrección de la carne, pero proclama que Dios ha creado al ser humano para la incorruptibilidad y que la muerte no puede separar definitivamente al justo de Dios.3,4

Valor teológico y espiritual

El Libro de la Sabiduría ofrece una respuesta a una cuestión permanente: ¿cómo puede triunfar la justicia cuando el justo sufre y el malvado parece prosperar? La respuesta no depende de las apariencias inmediatas. Dios juzga con verdad, guarda a los justos y conduce la historia hacia la salvación.

La obra contiene varias enseñanzas de especial importancia:

  • La vida humana posee un destino eterno porque Dios la ha creado para la incorruptibilidad.
  • La justicia exige una relación viva con Dios, no únicamente una observancia exterior.
  • La sabiduría constituye un don, que debe pedirse con humildad y traducirse en decisiones rectas.
  • La idolatría desfigura la inteligencia y la moral, porque convierte las criaturas en falsos absolutos.
  • La providencia divina acompaña la historia, incluso cuando el sufrimiento parece ocultar la acción de Dios.
  • La misericordia y la justicia no se excluyen: Dios corrige para conducir a la conversión y protege a las víctimas de la opresión.
  • La historia del éxodo anticipa la salvación plena, que el cristianismo reconoce en Jesucristo.1,2,4

Recepción en la tradición católica

La Iglesia ha utilizado el Libro de la Sabiduría en la liturgia, la catequesis y la reflexión teológica. Sus textos sobre la inmortalidad del justo, la Sabiduría divina y la protección de Dios han alimentado la predicación cristiana desde la antigüedad.

La tradición patrística y medieval leyó sus afirmaciones sobre la Sabiduría en relación con el misterio de Cristo. La teología católica reconoce el valor propio del libro como Escritura del Antiguo Testamento y, al mismo tiempo, contempla en sus imágenes una preparación providencial para la revelación del Verbo encarnado y de la vida eterna.

El libro conserva también una notable actualidad pastoral. Frente a una cultura que reduce la existencia al consumo, al placer inmediato o al poder del más fuerte, Sabiduría recuerda que una vida sin referencia a Dios termina debilitando la justicia y la dignidad humana. Frente al sufrimiento del inocente, proclama que la muerte no tiene la última palabra y que las almas de los justos permanecen en las manos de Dios.

Significado del título «de Salomón»

La expresión «de Salomón» debe entenderse en la tradición sapiencial. El autor no pretende que el lector reconstruya la biografía de un escritor llamado Salomón, sino que escuche la enseñanza de la Sabiduría desde la voz del rey ideal.

La figura salomónica cumple tres funciones:

  1. Autoridad sapiencial: Salomón representa la sabiduría recibida de Dios.
  2. Responsabilidad política: el rey debe gobernar con justicia y no con arbitrariedad.
  3. Apertura universal: el sabio de Israel puede dialogar con las naciones y confrontar sus errores religiosos y morales.

La distinción entre autoría literaria e intención teológica evita dos errores opuestos. El primero consiste en atribuir materialmente el libro al Salomón histórico; el segundo, en considerar irrelevante la presencia de Salomón. La pseudepigrafía constituye precisamente el procedimiento mediante el cual el autor alejandrino actualiza la tradición salomónica para una comunidad judía que vive en el mundo helenístico.1,5

Conclusión

El Libro de la Sabiduría ocupa un lugar culminante en la literatura sapiencial del Antiguo Testamento. Su estructura articula tres movimientos: la esperanza escatológica del justo, la contemplación de la Sabiduría divina y la lectura teológica de la historia de la salvación. La obra enseña que Dios ha creado al ser humano para la incorruptibilidad, que la justicia supera las apariencias y que la Sabiduría conduce a quienes buscan la verdad hacia la vida.

La voz de Salomón funciona como una figura literaria al servicio de una intención teológica universal: invitar a gobernantes y pueblos a abandonar la impiedad, rechazar la idolatría y vivir bajo la guía del Dios único. Desde su contexto judío y helenístico, el libro prepara la revelación cristiana sobre Cristo, Sabiduría y Palabra de Dios, y proclama que la esperanza del justo está llena de inmortalidad.

Citas y referencias

  1. Libro de la sabiduría. Enciclopedia Católica, Libro de la Sabiduría (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19
  2. Libro de la sabiduría (1-10.9-11) la verdadera sabiduría es una participación en la mente de Dios, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 29 de enero de 2003, 1 (2003). 2 3 4 5 6 7
  3. Capítulo primero - 1. El ser humano hecho de tierra - La experiencia de la mortalidad humana, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de la antropología bíblica, 27 (2019). 2 3 4 5 6 7 8
  4. II. - Temas fundamentales en las Escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - 3. Dios, libertador y salvador: A) en el Antiguo Testamento, Comisión Bíblica Pontificia. El Pueblo Judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia Cristiana (24 de mayo de 2001), 31 (2002). 2 3 4 5
  5. David Lincicum. Leyendo la sabiduría, buscando la justicia: en diálogo con John Rawls y Nicholas Wolterstorff, 2 (2025). 2
  6. Justicia en la sabiduría, David Lincicum. Leyendo la sabiduría, buscando la justicia: en diálogo con John Rawls y Nicholas Wolterstorff, 3 (2025). 2 3
  7. Leyendo la sabiduría, buscando la justicia: en diálogo con John Rawls y Nicholas Wolterstorff, David Lincicum. Leyendo la sabiduría, buscando la justicia: en diálogo con John Rawls y Nicholas Wolterstorff, 1 (2025).
  8. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Sabiduría 2 (1993). 2 3 4
  9. Michael S. Sherwin, O.P. Amistad con Dios: La llamada cristiana a la intimidad divina, 8 (2021). 2 3 4 5
  10. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Sabiduría 10 (1993). 2
  11. David Lincicum. Leyendo la sabiduría, buscando la justicia: en diálogo con John Rawls y Nicholas Wolterstorff, 6 (2025). 2 3
Modificado el 14 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.85Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/fztbw2d44

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