Los sacerdotes, en virtud de la unción del Espíritu Santo, son marcados con un carácter especial que los configura a Cristo Sacerdote, permitiéndoles actuar en nombre de Cristo, Cabeza de la Iglesia. Sus funciones principales incluyen:
Predicación del Evangelio
Los sacerdotes son consagrados para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles. Anuncian la palabra divina a todos, sirviendo como ministros de Cristo Jesús entre las gentes mediante el sagrado ministerio del Evangelio. El sacerdote enseña con la palabra del Evangelio, interpretando los acontecimientos de la historia desde una perspectiva evangélica,.
Celebración de los Sacramentos
Una de las funciones más trascendentales del sacerdocio ministerial es la celebración de los sacramentos.
La Eucaristía
Los sacerdotes renuevan el sacrificio con el que Jesucristo redimió a los hombres y preparan el banquete pascual. El sacerdocio ministerial, con la potestad sagrada de la que está investido, cumple el sacrificio eucarístico en persona de Cristo y lo ofrece a Dios en nombre de todo el pueblo,. La identidad sacerdotal brilla de manera peculiar en la Eucaristía, que constituye el eje de la asimilación a Cristo.
La Reconciliación
Los sacerdotes tienen la sagrada potestad del Orden para perdonar los pecados. Ejercen el ministerio de alivio y reconciliación para los enfermos y pecadores entre los fieles.
Otros Sacramentos
Los sacerdotes sirven diligentemente al pueblo de Dios, alimentándolo con la Palabra y santificándolo con los sacramentos. Son administradores de los misterios de Dios. El sacerdocio ministerial garantiza que es realmente Cristo quien actúa en los sacramentos a través del Espíritu Santo para la Iglesia.
Guía Pastoral y Servicio
Los sacerdotes son llamados a formar y regir al pueblo sacerdotal. Ejercen la función de Cristo como Pastor y Cabeza, reuniendo a la familia de Dios como una hermandad unánime y dirigiéndola en el Espíritu, por medio de Cristo, hacia Dios Padre. Son siervos del Buen Pastor, ordenados para conducir al Pueblo de Dios a las aguas vivas de la oración.
La vocación sacerdotal tiene una dimensión pastoral, donde el sacerdote, sirviendo, se asemeja a Cristo. Entregan su vida por Cristo y por la salvación de sus hermanos, configurándose así a Cristo y dando testimonio constante de fidelidad y amor. El ejercicio de su autoridad debe medirse según el modelo de Cristo, quien por amor se hizo el más pequeño y el servidor de todos.