El título, en latín, significa Los comienzos de nuestro sacerdocio. Juan XXIII vinculó la memoria del Cura de Ars con su propia vocación sacerdotal y aprovechó el centenario de la muerte del santo para invitar al clero a meditar sobre las exigencias de su ministerio. La encíclica se dirige especialmente a los sacerdotes dedicados a la atención pastoral.1
El documento se inserta en una tradición de enseñanzas pontificias sobre la vida sacerdotal. Juan XXIII recuerda exhortaciones de Pío X y Pío XII y la encíclica Ad catholici sacerdotii de Pío XI, entre otros escritos sobre el sacerdocio.3



