La lista de delitos ha experimentado modificaciones posteriores. La regulación original de 2001 fue revisada en 2010 y volvió a modificarse en 2019, con efectos normativos publicados en 2020.,
Los delitos se agrupan en tres grandes categorías: delitos contra la Eucaristía, delitos contra la penitencia y delitos contra el sexto mandamiento cometidos por un clérigo con un menor.
Delitos contra la santidad de la Eucaristía
La normativa contempla como delitos reservados, entre otros, los siguientes:
- Arrojar las especies consagradas, llevárselas o retenerlas con una finalidad sacrílega.
- Profanar las especies consagradas.
- Intentar celebrar la Eucaristía o simularla sin tener la potestad necesaria.
- Concelebrar la Eucaristía con ministros de comunidades eclesiales que carecen de sucesión apostólica y no reconocen la dignidad sacramental de la ordenación sacerdotal.
- Consagrar una sola especie, o ambas fuera de la celebración eucarística, con infracción de la disciplina canónica.
La prohibición relativa a la consagración de una sola especie o de ambas fuera de la misa no convierte automáticamente cualquier infracción material en el delito reservado. La finalidad sacrílega constituye un elemento determinante de la figura delictiva, especialmente cuando el acto busca una profanación consciente de lo sagrado.
Delitos contra el sacramento de la penitencia
La normativa incluye los siguientes delitos:
- La absolución del cómplice en un pecado contra el sexto mandamiento.
- El intento de absolución sacramental o la escucha prohibida de una confesión.
- La simulación de la absolución sacramental.
- La solicitación, durante la confesión, con ocasión de ella o bajo pretexto de ella, para cometer un pecado contra el sexto mandamiento con el propio confesor.
- La violación directa o indirecta del sigilo sacramental.
- La grabación de lo dicho en una confesión, real o simulada, o su difusión maliciosa mediante cualquier medio de comunicación.
La absolución del cómplice constituye un delito particularmente grave porque utiliza la autoridad sacramental para encubrir o favorecer la participación del propio confesor en un pecado contra el sexto mandamiento.
La solicitación comprende la conducta por la que el confesor induce a otra persona a pecar contra el sexto mandamiento durante la confesión, con ocasión de ella o bajo el pretexto de ejercer el ministerio penitencial. La norma protege simultáneamente la santidad del sacramento y la libertad e integridad del penitente. La regulación clásica distinguía también la absolución del cómplice, la solicitación y la violación directa del sigilo como delitos contra la santidad de la penitencia.
El sigilo sacramental protege la identidad del penitente y el contenido de la confesión. Las normas procesales impiden revelar el nombre del acusador o del penitente al acusado o a su abogado sin consentimiento expreso, y exigen evitar todo peligro de violación del sigilo, sin eliminar por ello el derecho de defensa.
Delitos contra el sexto mandamiento cometidos por un clérigo
La regulación de 2001 incluyó entre los delitos reservados la violación del sexto mandamiento cometida por un clérigo con un menor de dieciocho años. La norma fijó inicialmente reglas especiales sobre la prescripción y atribuyó estos casos a la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
La reforma de 2019 sustituyó la formulación relativa a la pornografía infantil. Desde entonces, la figura comprende la adquisición, posesión o divulgación, con finalidad libidinosa, de imágenes pornográficas de menores de dieciocho años por parte de un clérigo, utilizando cualquier medio o instrumento.
La reserva de estos delitos al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no excluye la obligación del ordinario de proteger a las posibles víctimas, recoger la información necesaria, realizar la investigación previa conforme al Derecho canónico y remitir las actuaciones a la autoridad competente.