Antecedentes canónicos
El Código de Derecho Canónico de 1917 ya reconocía la existencia de delitos reservados a la Santa Oficina, regulados por el can. 1555 del mismo código1. Tras la publicación de la Instruction Crimen sollicitationis (1922), la Iglesia disponía de un procedimiento específico para el delito de solicitud en el sacramento de la Penitencia, que protegía tanto la confidencialidad del sacramento como la dignidad del penitente1.
Necesidad de una normativa actualizada
A finales del siglo XX, la creciente preocupación por los abusos contra la Eucaristía y la Penitencia, así como la necesidad de una respuesta más eficaz y coherente, motivó la elaboración de un nuevo marco jurídico. El motu proprio de 2001 pretendía «salvaguardar la santidad de los sacramentos» y garantizar la salvación de las almas, considerada la ley suprema de la Iglesia (cf. CIC, can. 1752)2.
