La Iglesia Católica reconoce siete sacramentos, que se dividen tradicionalmente en tres categorías principales para comprender mejor su propósito y efecto en la vida de los fieles1,2,3:
Sacramentos de Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. Estos sacramentos establecen los fundamentos de la vida cristiana, incorporando a los fieles a Cristo y a la Iglesia4,1.
Sacramentos de Curación: Penitencia (o Reconciliación) y Unción de los Enfermos. A través de ellos, la Iglesia continúa la obra de sanación y salvación de Cristo en sus miembros4,1.
Sacramentos al Servicio de la Comunión y la Misión (Sacramentos de Servicio): Santo Orden y Matrimonio. Estos sacramentos confieren una gracia especial para una misión particular en la Iglesia, sirviendo y edificando al Pueblo de Dios5,6,7,8,4,1.
Esta clasificación permite apreciar cómo los sacramentos forman un todo orgánico, en el cual cada uno tiene su propio lugar vital, y todos están ordenados a la Eucaristía como su fin2,9.
