La contemplación del amor de Cristo, simbolizado por su Corazón, tiene raíces profundas en la tradición cristiana, aunque la devoción formal tal como la conocemos hoy se desarrolló progresivamente a lo largo de los siglos1.
Primeros Siglos y la Meditación del Costado de Cristo
Desde los primeros siglos, los cristianos meditaron sobre el costado abierto de Cristo y el misterio de la sangre y el agua que brotaron de él, viendo en esto el nacimiento de la Iglesia, de manera similar a cómo Eva surgió del costado de Adán. Sin embargo, no hay indicios de que se rindiera culto al Corazón herido durante los primeros diez siglos2.
Siglos XI y XII: Primeras Indicaciones Claras
Las primeras indicaciones inequívocas de la devoción al Sagrado Corazón aparecen en los siglos XI y XII. En la atmósfera fervorosa de los monasterios benedictinos y cistercienses, influenciados por el pensamiento de San Anselmo y San Bernardo, la devoción comenzó a surgir. La herida en el costado de Cristo llevó gradualmente a la consideración del Corazón herido, que simbolizaba la herida del amor divino. Santos como Gertrudis la Grande y Matilde de Hackeborn ya conocían esta devoción, la cual se tradujo en hermosas oraciones y ejercicios piadosos2.
Una visión notable de Santa Gertrudis, en la fiesta de San Juan Evangelista, es considerada un hito. Se le permitió descansar su cabeza cerca de la herida del Salvador, escuchando los latidos del Corazón Divino. Al preguntar a San Juan por qué nunca había hablado de estas pulsaciones, él respondió que esta revelación estaba reservada para épocas posteriores, cuando el mundo, habiéndose enfriado, necesitaría reavivar su amor2.
Del Siglo XIII al XVI: Propagación Privada
Durante los siglos XIII al XVI, la devoción se propagó entre almas privilegiadas y se practicó en diversas congregaciones religiosas, como los franciscanos, dominicos y cartujos. Sin embargo, seguía siendo una devoción privada e individual de orden místico. No se había inaugurado ningún movimiento general, a menos que se considerara así la propagación de la devoción a las Cinco Llagas, en la que la Llaga del Corazón ocupaba un lugar prominente, y por la cual los franciscanos parecen haber trabajado2.
Siglo XVI: Del Misticismo al Ascetismo Cristiano
En el siglo XVI, la devoción dio un paso adelante, pasando del ámbito místico al ascetismo cristiano. Se convirtió en una devoción objetiva con oraciones ya formuladas y ejercicios especiales, cuyo valor era ensalzado y su práctica recomendada. Esto se evidencia en los escritos de maestros de la vida espiritual como el piadoso Lanspergio2.
Siglo XVII: La Devoción Pública y las Revelaciones a Santa Margarita María Alacoque
El siglo XVII fue crucial para la devoción al Sagrado Corazón. Figuras como San Francisco de Sales, con sus meditaciones, y las visiones de Mère l’Huillier y Sor Jeanne-Bénigne Gojos, prepararon el camino. La imagen del Corazón de Jesús se hizo omnipresente, en gran parte debido a la devoción franciscana a las Cinco Llagas y a la costumbre jesuita de colocar la imagen en las portadas de sus libros y en las paredes de sus iglesias2.
Fue San Juan Eudes (1602-1680) quien hizo pública la devoción, honrándola con un Oficio y estableciendo una fiesta. Aunque inicialmente fue apóstol del Corazón de María, la devoción al Sagrado Corazón se separó gradualmente. El 31 de agosto de 1670, se celebró la primera fiesta del Sagrado Corazón con gran solemnidad en el Gran Seminario de Rennes. Esta fiesta se extendió a otras diócesis y comunidades religiosas2,3.
Sin embargo, fue a Santa Margarita María Alacoque (1647-1690), una humilde visitandina del monasterio de Paray-le-Monial, a quien Cristo eligió para revelar los deseos de su Corazón y confiarle la tarea de dar nueva vida a la devoción2,4. Las revelaciones a Santa Margarita María no introdujeron nuevas doctrinas, sino que invitaron de manera extraordinaria a la contemplación y devoción al amor misericordioso de Dios por la humanidad, estableciendo el Corazón de Jesús como símbolo de este amor y prenda de gracia para la Iglesia5.
Entre las apariciones más destacadas se encuentran:
Una en la fiesta de San Juan (probablemente el 27 de diciembre de 1673), donde Jesús permitió a Margarita María descansar su cabeza sobre su Corazón, revelándole las maravillas de su amor y su deseo de darlas a conocer a toda la humanidad2.
Otra en la que pidió ser honrado bajo la figura de su Corazón de carne2,4.
Una en la que apareció radiante de amor, pidiendo una devoción de amor expiatorio: la Comunión frecuente, la Comunión los Primeros Viernes de mes y la observancia de la Hora Santa (probablemente junio o julio de 1674)2,4.
La «gran aparición» durante la octava del Corpus Christi de 1675 (probablemente el 16 de junio), donde Jesús dijo: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres… en lugar de gratitud, recibo de la mayor parte (de la humanidad) solo ingratitud…» y pidió una fiesta de reparación el viernes después de la octava del Corpus Christi2,4.
Estas revelaciones fueron fundamentales para la propagación de la devoción, confiando la misión a las religiosas de la Visitación y a los sacerdotes de la Compañía de Jesús2.

