La práctica de reservar la Eucaristía se remonta a los primeros siglos del cristianismo, aunque su propósito y ubicación han variado significativamente a lo largo del tiempo1. Inicialmente, la reserva de la Eucaristía era principalmente para llevar la Comunión a los enfermos y a aquellos que no podían asistir a Misa2. Durante los primeros tres siglos, la Eucaristía no se reservaba generalmente en las iglesias debido al riesgo de profanación y las persecuciones; en cambio, los fieles a veces guardaban las especies sagradas en cajas de plata en sus hogares para recibirlas en el momento de la muerte3.
En el siglo IV, hay evidencia de que se reservaba en las iglesias, pero solo para los enfermos3. Para los siglos V y VI, la reserva se hizo más común, y los métodos variaban según el tiempo y el lugar3. Los recipientes utilizados para guardar las especies sagradas recibían nombres como capsa, pyxis, cuppa, turris, columba y ciborium3. Estos se guardaban en diferentes lugares, como una cámara en la sacristía (secretarium), un nicho en la pared o pilar (ambry), o debajo de un altar3.
Posteriormente, se hizo costumbre reservar el Santísimo Sacramento en recipientes en forma de paloma (columbæ) o pequeñas torres (turres), las primeras suspendidas por cadenas del ciborio o dosel del altar, y las segundas generalmente colocadas en el armarium3,4. En Inglaterra y Francia, después del siglo X, lo más común era suspender el Santísimo Sacramento en un recipiente en forma de paloma sobre el altar mayor1. Sin embargo, también se conocían y prescribían tabernáculos fijos y cerrados, aunque no se generalizaron en Inglaterra hasta la Reforma1.
En Alemania, durante los siglos XIV y XV, prevaleció la costumbre de guardar la Eucaristía en una «casa del sacramento», a menudo bellamente decorada, separada del altar mayor pero cerca de él, en el lado norte o del Evangelio de la iglesia1. La puerta de estas casas del sacramento solía ser de celosía metálica, lo que permitía ver el recipiente con las especies sagradas, aunque de forma oscura1.
A partir del siglo XVI, comenzó a ser gradualmente más común reservar el Santísimo Sacramento en un receptáculo que se elevaba sobre la mesa del altar5. Esta costumbre se originó en Roma y se extendió por Italia, influenciada por el ejemplo de San Carlos Borromeo5. En Francia, Bélgica y Alemania, el cambio fue más lento, y la costumbre de usar la casa del sacramento se mantuvo en muchos lugares hasta mediados del siglo XIX, cuando una decisión de la Sagrada Congregación de Ritos de 1863 puso fin a su uso5. La forma actual del sagrario data de finales del siglo XVI4.

