La sal y la luz en el Evangelio
En el Sermón del Monte, Jesús llama a sus discípulos «sal de la tierra» y «luz del mundo» (Mt 5,13‑16)1. Estas imágenes resaltan dos dimensiones esenciales del testimonio cristiano: la capacidad de preservar la verdad del Evangelio y de iluminar la vida de los demás con la gracia de Cristo.
El fermento como metáfora del Reino
San Pablo y los escritores del Nuevo Testamento emplean la imagen del fermento para describir la acción transformadora del Reino de Dios, que, como la levadura, actúa de manera sutil pero poderosa para renovar toda la sociedad2. Esta metáfora se enlaza con la idea de que la Iglesia, como «levadura», impulsa la renovación espiritual y moral del mundo.
