El Salmo 110 pertenece al grupo de los salmos reales, vinculados a la figura y a la entronización del rey. Su forma presenta dos oráculos divinos: el primero ocupa los versículos 1-3 y el segundo, el versículo 4. A continuación, el poema describe la victoria y el juicio asociados al rey.,
El rey entronizado a la derecha de Dios
El primer oráculo comienza con la orden de sentarse a la derecha de Dios y anuncia que los enemigos quedarán sometidos. La imagen expresa honor, autoridad y participación en el gobierno divino; también presenta la victoria del rey como una acción que depende, en último término, de Dios.
En su contexto real, el poema pudo acompañar la entronización de un monarca de la dinastía de David. Juan Pablo II relacionó sus imágenes con una ceremonia regia y con la idea del rey como representante de Dios en la defensa de la justicia.,
El salmo llama «mi señor» al rey al que Dios dirige su palabra. La lectura cristiana encontró en esa expresión un sentido que excede la figura de un soberano histórico: el Mesías no solo desciende de David, sino que, según la argumentación de Jesús en los Evangelios, es también superior a David y su Señor.
El sacerdocio según Melquisedec
El segundo oráculo declara que el destinatario será sacerdote para siempre «según el orden de Melquisedec». Melquisedec, rey de Salem y sacerdote, ofrece al salmo una figura distinta de la del sacerdocio levítico. La combinación de realeza y sacerdocio permite presentar al rey como una figura con funciones religiosas además de políticas.
La interpretación cristiana aplica este oráculo a Cristo, cuyo sacerdocio la Carta a los Hebreos describe como sacerdocio según el orden de Melquisedec. En esta lectura, Cristo reúne de modo pleno la realeza mesiánica y el ministerio sacerdotal.