La enciclopedia católica en español

Salmo 110 (Dixit Dominus)

El Salmo 110, conocido por sus primeras palabras latinas como Dixit Dominus, es un salmo real de gran importancia para la tradición cristiana. Sus imágenes del rey sentado a la derecha de Dios y del sacerdocio «según el orden de Melquisedec» llevaron a los autores del Nuevo Testamento a interpretarlo como un anuncio de Jesucristo, resucitado y glorificado. La Iglesia lo canta habitualmente en las vísperas del domingo.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSalmo 110 (Dixit Dominus)
CategoríaLibro
Nombre CompletoDixit Dominus
DescripciónSalmo real de gran importancia para la tradición cristiana interpretado como anuncio de Jesucristo. Entronización, la victoria y el sacerdocio de Cristo
ReferenciasAntiguo Testamento, citado en el Nuevo Testamento (Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Carta a los Hebreos)
Escritos RelacionadosNuevo Testamento, Vulgata, Carta a los Hebreos, Hechos de los Apóstoles
Importancia EclesialOcupa un lugar habitual en las vísperas dominicales de la Liturgia de las Horas
Interpretación TradicionalLectura mesiánica referida a Cristo como Mesías, resucitado y glorificado
Personas RelacionadasJesucristo, Melquisedec, Rey David, Juan Pablo II, Benedicto XVI
SimbolismoEl rey sentado a la derecha de Dios y el sacerdocio según el orden de Melquisedec
TemaMesías, Sacerdocio, Resurrección, Liturgia de las Horas
TipoLibro
Uso LitúrgicoCantado habitualmente en las vísperas del domingo y presente en la Liturgia de las Horas

Tabla de contenido

Numeración y nombre

El salmo recibe el número 110 en la numeración hebrea y el 109 en la tradición grecolatina, seguida por la Vulgata. Por esta razón, las referencias eclesiásticas suelen escribir «Salmo 110 (109)». Dixit Dominus significa en latín «Dijo el Señor» y reproduce el comienzo del salmo en esa versión.2

Su brevedad contrasta con la amplitud de su recepción. El papa Juan Pablo II observó que el poema hebreo consta de 63 palabras, pero ha ocupado un lugar destacado en la historia cristiana por su presencia en el Nuevo Testamento y en la liturgia.1

Género y estructura

El Salmo 110 pertenece al grupo de los salmos reales, vinculados a la figura y a la entronización del rey. Su forma presenta dos oráculos divinos: el primero ocupa los versículos 1-3 y el segundo, el versículo 4. A continuación, el poema describe la victoria y el juicio asociados al rey.2,3

El rey entronizado a la derecha de Dios

El primer oráculo comienza con la orden de sentarse a la derecha de Dios y anuncia que los enemigos quedarán sometidos. La imagen expresa honor, autoridad y participación en el gobierno divino; también presenta la victoria del rey como una acción que depende, en último término, de Dios.2

En su contexto real, el poema pudo acompañar la entronización de un monarca de la dinastía de David. Juan Pablo II relacionó sus imágenes con una ceremonia regia y con la idea del rey como representante de Dios en la defensa de la justicia.4,3

El salmo llama «mi señor» al rey al que Dios dirige su palabra. La lectura cristiana encontró en esa expresión un sentido que excede la figura de un soberano histórico: el Mesías no solo desciende de David, sino que, según la argumentación de Jesús en los Evangelios, es también superior a David y su Señor.2

El sacerdocio según Melquisedec

El segundo oráculo declara que el destinatario será sacerdote para siempre «según el orden de Melquisedec». Melquisedec, rey de Salem y sacerdote, ofrece al salmo una figura distinta de la del sacerdocio levítico. La combinación de realeza y sacerdocio permite presentar al rey como una figura con funciones religiosas además de políticas.5

La interpretación cristiana aplica este oráculo a Cristo, cuyo sacerdocio la Carta a los Hebreos describe como sacerdocio según el orden de Melquisedec. En esta lectura, Cristo reúne de modo pleno la realeza mesiánica y el ministerio sacerdotal.5

Interpretación cristológica

La tradición cristiana lee el salmo como un texto mesiánico, es decir, referido a Cristo como Mesías. El Nuevo Testamento cita especialmente los oráculos sobre la derecha de Dios y el sacerdocio de Melquisedec; el propio Jesús recurre al primer oráculo al plantear la relación entre el Mesías y David.1,2,6

En los Hechos de los Apóstoles, Pedro interpreta la entronización anunciada por el salmo a la luz de la resurrección: Cristo ha sido exaltado y ocupa el lugar de autoridad junto al Padre. El salmo quedó así asociado no solo a la identidad del Mesías, sino también a su victoria pascual y a su señorío.2

La lectura cristiana no elimina el horizonte real del poema. Lo entiende como un salmo referido inicialmente al rey davídico, cuyo significado alcanza su plenitud en Cristo. Benedicto XVI describió este paso como la apertura del salmo, más allá de una circunstancia histórica concreta, a la celebración del Mesías glorificado a la derecha de Dios.2

La imagen de la victoria y sus dificultades

El salmo presenta al rey avanzando contra sus adversarios, y sus últimos versículos emplean imágenes de derrota y juicio. Este lenguaje forma parte del carácter bélico de algunos salmos reales y plantea dificultades de interpretación, sobre todo cuando se lee desde la fe cristiana. Juan Pablo II observó que el poema comparte rasgos con los salmos de imprecación y describió su escena como una campaña militar contra los enemigos.1,4

En la liturgia cristiana de las vísperas no aparece el versículo 6 del texto hebreo, que contiene una expresión violenta. La omisión responde a la forma litúrgica del salmo; no borra, sin embargo, las dificultades exegéticas que suscita el conjunto de sus imágenes de combate.1,4

En la interpretación cristológica, la victoria del salmo se comprende a partir de la victoria de Cristo. La catequesis de Juan Pablo II recoge una lectura patrística que relaciona la exaltación de Cristo con su pasión, resurrección y ascensión; el triunfo no aparece, en este marco, como una simple victoria militar de un soberano terreno.7,8

Uso litúrgico y legado musical

El Salmo 110 ocupa un lugar habitual en las vísperas dominicales de la Liturgia de las Horas y aparece en las cuatro semanas de su ciclo. La liturgia lo presenta, especialmente en el domingo, como un himno dirigido a Cristo resucitado y exaltado.1,4

Su texto latino ha inspirado numerosas composiciones musicales en la tradición occidental. La combinación de solemnidad real, imágenes de victoria y proclamación mesiánica favoreció su presencia en la música sacra, donde muchas obras llevan el título Dixit Dominus.1

Significado teológico

En la fe católica, el salmo reúne tres motivos principales: la entronización, la victoria y el sacerdocio. La imagen de la derecha de Dios expresa la exaltación de Cristo; el anuncio de la victoria se entiende a la luz de su resurrección; y la referencia a Melquisedec ayuda a expresar la singularidad de su sacerdocio.2,5

Por ello, el Dixit Dominus ocupa un lugar destacado tanto en la lectura cristiana de las Escrituras como en la oración pública de la Iglesia. Su lenguaje antiguo sobre el rey de Israel se convierte, en la liturgia cristiana, en una proclamación de Cristo como Mesías, Señor y sacerdote.1,4

Citas y referencias

  1. Salmo 110[109] «¡siéntate a mi diestra!», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 26 de noviembre de 2003, 1 (2003). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Salmo 110 (109), papa Benedicto XVI. Audiencia general del 16 de noviembre de 2011: Salmo 110 (109), 1 (2011). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Salmo 110[109] «siéntate a mi derecha: pondré a tus enemigos bajo tus pies», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 18 de agosto de 2004, 2 (2004). 2
  4. Salmo 110[109] «siéntate a mi derecha: pondré a tus enemigos bajo tus pies», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 18 de agosto de 2004, 1 (2004). 2 3 4 5
  5. Salmo 110[109] «siéntate a mi derecha: pondré a tus enemigos bajo tus pies», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 18 de agosto de 2004, 3 (2004). 2 3
  6. Salmo 110[109] «siéntate a mi derecha: pondré a tus enemigos bajo tus pies», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 18 de agosto de 2004, 4 (2004).
  7. Salmo 110[109] «¡siéntate a mi diestra!», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 26 de noviembre de 2003, 5 (2003).
  8. Salmo 110[109] «siéntate a mi derecha: pondré a tus enemigos bajo tus pies», papa Juan Pablo II. Audiencia general del 18 de agosto de 2004, 5 (2004).
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 8.83 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/rdsz1c2mq

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →