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Salmo 118 (Confitemini Domino)

El Salmo 118, conocido también por su comienzo latino, Confitemini Domino («Dad gracias al Señor»), es un himno de alabanza y acción de gracias. La tradición católica lo numera habitualmente como Salmo 117[118]: el primer número corresponde a la numeración de la tradición grecolatina y el segundo, a la hebrea. El poema celebra la fidelidad de Dios, recuerda la liberación de una grave tribulación y concluye con una procesión de acción de gracias. Para los cristianos, sus imágenes de la piedra rechazada, el día de salvación y la entrada en Jerusalén adquieren un sentido pascual centrado en Jesucristo.1,2,3

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Ver información de la imagenPanel de palabra inicial decorada con letras de oro en el Halel (Salmo 118:5). Miniatura en el margen inferior que representa a un hombre de pie en un pequeño nicho rezando. De la Hagadá de Pésaj («Hagadá hermana»). Biblioteca Británica, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSalmo 118 (Confitemini Domino)
CategoríaLibro
DescripciónHimno de alabanza, acción de gracias, testimonio de liberación, puertas de la justicia, piedra angular y día de la salvación. La fidelidad y el amor de Dios permanecen para siempre; Él salva al atribulado y convierte el rechazo en victoria
TítuloConfitemini Domino
ReferenciasSalmo 117[118]
ContenidoHimno de alabanza, acción de gracias, testimonio de liberación, puertas de la justicia, piedra angular y día de la salvación. La fidelidad y el amor de Dios permanecen para siempre; Él salva al atribulado y convierte el rechazo en victoria
Contexto BíblicoFormaba parte del Hallel pascual judío y de las celebraciones de la Pascua y de las Tiendas.
Enseñanzas PrincipalesLa gratitud es respuesta comunitaria, Dios es refugio seguro frente a la angustia, y las pruebas desembocan en júbilo y salvación.
Importancia EclesialEmpleado en la liturgia cristiana (como en el Domingo de Ramos) para celebrar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Interpretación TradicionalSentido pascual centrado en Jesucristo; la piedra rechazada es Cristo, la puerta de la justicia es Cristo y la entrada en Jerusalén.
Personas RelacionadasJuan Pablo II, San Clemente de Roma, Apóstol Pedro
Tema
  • Fidelidad de Dios, liberación de la tribulación, acción de gracias, confianza en Dios
  • Pascua, Hallel, Piedra angular, Jesucristo, Misericordia de Dios
TipoLibro, Salmo, Himno de alabanza y acción de gracias

Tabla de contenido

Nombre y numeración

La denominación Confitemini Domino procede de las palabras iniciales del salmo en latín: una invitación a dar gracias al Señor, porque es bueno y su amor fiel permanece para siempre. Esta antífona abre y cierra el poema, formando un marco que resume su tema principal.4,2

La diferencia entre los números 117 y 118 responde a la numeración de las distintas tradiciones bíblicas. En textos y comentarios católicos aparece, por ello, la forma doble Salmo 117[118].1,5

Contenido y estructura

El salmo reúne una invitación comunitaria a la alabanza, el testimonio de alguien librado del peligro y una escena de culto con entrada procesional. El papa Juan Pablo II interpretó su desarrollo como una procesión que avanza desde las moradas de los justos hasta las puertas del templo de Sion.2,6,7

Invitación a la acción de gracias

Los primeros versículos convocan a Israel, a la casa de Aarón -los sacerdotes- y a quienes temen al Señor para que proclamen la fidelidad divina. El salmo presenta así la gratitud como respuesta compartida por el pueblo y sus ministros, y no solo como una expresión individual.4,2

La expresión hebrea hesed, que aparece en la interpretación de Juan Pablo II, alude al amor fiel y generoso de Dios hacia el pueblo de la alianza. La afirmación de que ese amor perdura enlaza el comienzo y el final del poema y da unidad a sus distintas escenas.2

La liberación de la tribulación

En la parte central, una voz recuerda que clamó a Dios desde la angustia y recibió respuesta. El Señor aparece como refugio, ayuda, fuerza y salvación. Frente a la confianza puesta en los poderosos o en otros seres humanos, el salmista proclama que es más seguro buscar amparo en Dios.4

La amenaza cobra forma mediante imágenes intensas: los adversarios rodean al orante como un enjambre de abejas y como un fuego entre espinos. Sin embargo, el poema atribuye la liberación al poder del Señor y convierte el peligro superado en motivo de júbilo. Juan Pablo II relacionó estos versículos con la confianza de los justos: la prueba puede ser real, pero Dios no abandona a sus fieles a la muerte.4,6

Las puertas de la justicia y la piedra angular

La procesión llega después a las puertas de la justicia. El orante pide entrar para dar gracias, y una voz responde que esa es la puerta del Señor, por la que entran los justos. Juan Pablo II entendió la escena como una entrada solemne en el templo de Jerusalén, acompañada por el pueblo y culminada en la acción de gracias.4,7

En este contexto aparece una de las imágenes más conocidas del salmo: la piedra que los constructores desecharon llega a ser la piedra angular. La inversión expresa el vuelco de una situación de rechazo y humillación: quien parecía descartado ocupa un lugar decisivo. La interpretación cristiana reconoce en esa piedra una referencia a Cristo, que pasa de la pasión y la muerte a la glorificación.8,9

El día de la salvación y la bendición final

El versículo «Este es el día que hizo el Señor» invita a la alegría y a la celebración. En la lectura cristiana de Juan Pablo II, el día recibe un sentido pascual: remite a la victoria de Jesucristo y a la salvación que nace de su entrega y glorificación.4,3

La súplica «¡Señor, danos la salvación!» precede a la bendición de quien viene en nombre del Señor. La escena concluye con una procesión festiva, ramas y alabanza ante el altar. El orante renueva entonces su agradecimiento personal y el poema vuelve a su invocación inicial: el Señor es bueno y su amor fiel permanece para siempre.4,3

Uso en el culto de Israel

El Salmo 117[118] formaba parte del llamado Hallel pascual, una colección de salmos de alabanza empleada en la celebración de la Pascua y en otras solemnidades judías. Juan Pablo II lo describió como el himno que cierra esa serie.2,5

Su lenguaje conserva huellas de una celebración litúrgica: hay una convocatoria del pueblo, una procesión, un diálogo junto a las puertas del templo, una bendición y una entrada con ramas. La imagen de la procesión recuerda también la fiesta judía de las Tiendas, vinculada a la peregrinación de Israel por el desierto.2,3,7

Interpretación cristiana

Jesucristo, piedra rechazada y piedra angular

El Nuevo Testamento aplica a Jesús la imagen de la piedra rechazada que llega a ser piedra angular. En la catequesis cristiana comentada por Juan Pablo II, Cristo interpreta esa imagen a la luz de su pasión y gloria; el apóstol Pedro también la emplea al proclamar a Jesús como piedra angular y salvador.8,9

Esta lectura no borra la escena original del salmo, centrada en la acción salvadora de Dios y en la entrada festiva en el templo. La contempla desde el acontecimiento pascual: el rechazo y el sufrimiento no tienen la última palabra, pues Dios convierte la derrota aparente en victoria.3,6

La entrada de Jesús en Jerusalén

La aclamación «Bendito el que viene en nombre del Señor» acompaña la entrada de Jesús en Jerusalén. Juan Pablo II relacionó la procesión del salmo y sus ramas festivas con la celebración cristiana del Domingo de Ramos, cuando la liturgia recuerda la acogida de Jesús por la multitud.3,9

La aclamación aparece unida a la petición «¡Sálvanos, te lo pedimos!», cuyo eco hebreo es hosanna. Así, la bienvenida a Jesús expresa tanto alabanza como súplica de salvación. En la fe cristiana, la alegría de aquella entrada anuncia también la pasión que conduce a la Pascua.9,3

La puerta de Cristo

La imagen de las puertas de la justicia recibió también una interpretación cristológica. Juan Pablo II citó a san Clemente de Roma, quien identifica la puerta de la justicia con Cristo y vincula su acceso con una vida de santidad y justicia. La entrada en el templo se convierte así, para los cristianos, en imagen del acceso a Dios mediante Cristo.1

Temas principales

El salmo une confianza y acción de gracias: el orante recuerda su angustia, reconoce que Dios le ha ayudado y convierte su liberación en alabanza pública. También presenta la gratitud como una respuesta comunitaria, compartida por Israel, los sacerdotes y quienes veneran al Señor.4,2

Otro tema central es la inversión de las apariencias. La persona amenazada sobrevive; la piedra despreciada ocupa el lugar principal; y la prueba desemboca en una celebración. La interpretación cristiana contempla esta lógica de manera plena en la muerte y resurrección de Jesús, sin perder de vista la invitación del salmo a confiar en Dios durante las tribulaciones.3,8,6

Citas y referencias

  1. Salmo 117[118] en todas nuestras pruebas, Dios tiene la última palabra, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 12 de febrero de 2003, 4 (2003). 2 3
  2. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 5 de diciembre de 2001, 2 (2001). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 5 de diciembre de 2001, 5 (2001). 2 3 4 5 6 7 8
  4. La Santa Biblia, La Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Salmo 118 (1993). 2 3 4 5 6 7 8
  5. Salmo 117[118] en todas nuestras pruebas, Dios tiene la última palabra, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 12 de febrero de 2003, 1 (2003). 2
  6. Salmo 117[118] en todas nuestras pruebas, Dios tiene la última palabra, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 12 de febrero de 2003, 2 (2003). 2 3 4
  7. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 5 de diciembre de 2001, 4 (2001). 2 3
  8. Salmo 117[118] en todas nuestras pruebas, Dios tiene la última palabra, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 12 de febrero de 2003, 3 (2003). 2 3
  9. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 5 de diciembre de 2001, 1 (2001). 2 3 4
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