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Salmo 22 (Dios mío, Dios mío)

El Salmo 22 es una oración de súplica que recorre el sufrimiento de una persona perseguida y aparentemente abandonada, pero que termina en alabanza y esperanza. En la tradición cristiana ocupa un lugar central en la lectura de la Pasión de Jesucristo, pues los Evangelios de Mateo y Marcos ponen en sus labios el grito inicial del salmo.1,2

Psalm 21 Initial D (cropped)
Ver información de la imagenSalmo 22 (Septuaginta / Vulgata: 21), Inicial D. En: Salterio de Albani. Se representan los perros que jadean tras Jesús (Salmo 22:17). , c. 1150. albani-psalter.de, Autor desconocidoAutor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSalmo 22 (Dios mío, Dios mío)
CategoríaPersona
Nombre CompletoDios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
DescripciónOración de súplica que recorre el sufrimiento de una persona perseguida y abandonada, terminando en alabanza y esperanza
ReferenciasSalmo 22 (21)
ContenidoEl poema combina lamento, petición de auxilio y alabanza. Su primera parte describe la angustia del orante; la segunda mantiene la súplica; la parte final anuncia que el sufrimiento dará paso a la proclamación pública de la salvación.
Contexto BíblicoAntiguo Testamento, citado en los Evangelios de Mateo y Marcos en labios de Jesús crucificado.
EnseñanzasLa fe no es ausencia de angustia, sino la decisión de seguir dirigiéndose a Dios incluso en medio del sufrimiento.
Escritos RelacionadosEvangelios de Mateo y Marcos
ImportanciaOcupa un lugar central en la lectura cristiana de la Pasión de Jesucristo.
Interpretación TradicionalVincula la Pasión con el salmo entero, reuniendo el dolor del justo perseguido y la esperanza de la vindicación divina.
Personas RelacionadasJesucristo, Papa Benedicto XVI, Santo Tomás de Aquino, San Alfonso María de Ligorio
TemaSufrimiento, abandono, confianza, súplica y alabanza
Tesis CentralEl salmo pasa de la experiencia de abandono a la confianza y la alabanza, ocupando un lugar central en la lectura de la Pasión de Jesucristo.
TipoFigura bíblica, Salmo

Tabla de contenido

Nombre y numeración

El salmo suele identificarse por sus primeras palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». La numeración varía según la tradición bíblica: corresponde al Salmo 22 en la numeración hebrea y a menudo al Salmo 21 en la grecolatina, que sigue la Septuaginta y la Vulgata.2,3

El poema combina lamento, petición de auxilio y alabanza. Su primera parte describe la angustia del orante; la segunda mantiene la súplica por la liberación; la parte final anuncia que el sufrimiento dará paso a la proclamación pública de la salvación. En conjunto, el salmo pasa de la experiencia de abandono a la confianza y la alabanza.1,3

Contenido y estructura

El lamento del perseguido

El orante comienza preguntando a Dios por qué parece estar lejos. Grita de día y de noche sin encontrar respuesta, mientras siente que su aflicción no recibe alivio. Sin embargo, no rompe su relación con Dios: lo llama repetidamente «mi Dios». La queja convive así con una confianza que resiste incluso cuando Dios parece guardar silencio.1,2

El salmista contrapone su situación a la historia de Israel. Recuerda que los antepasados confiaron en Dios y fueron librados; él, en cambio, sufre el desprecio de quienes lo rodean. Sus adversarios se burlan de su confianza religiosa y retan a Dios a rescatarlo. Frente a esa humillación, el orante vuelve a recordar que Dios lo ha acompañado desde su nacimiento y le pide que no permanezca lejos en la hora de la tribulación.1

La descripción del dolor

El poema expresa la amenaza mediante imágenes de animales que cercan a su presa: toros poderosos, leones y perros. Junto a ellas aparecen imágenes corporales de agotamiento extremo: el orante siente que sus fuerzas se derraman, que sus huesos se descoyuntan y que su boca se seca. La escena comunica desamparo físico y social, no una explicación abstracta del sufrimiento.1,3

El salmo añade que los enemigos contemplan al afligido y se reparten sus vestidos. La imagen de las vestiduras pertenece a la representación poética de su humillación y luego adquiere especial relieve en los relatos evangélicos de la crucifixión.1,2

La súplica se convierte en alabanza

El orante vuelve a pedir a Dios que acuda pronto en su ayuda. A continuación anuncia que proclamará el nombre divino ante sus hermanos y en la asamblea. La alabanza no queda reservada a una experiencia privada: la comunidad entera recibe la invitación a glorificar a Dios, y el salmista explica su confianza recordando que Dios no desprecia al afligido ni oculta su rostro ante su clamor.1

El final amplía el horizonte del poema. La alabanza alcanza a los pobres, a las generaciones futuras y a las familias de las naciones; el dominio pertenece a Dios, y los pueblos volverán a él. Así, el salmo no termina en la soledad del individuo, sino en una proclamación universal de la soberanía y la salvación divinas.1,3

Lectura cristiana y relación con la Pasión

El grito de Jesús en la cruz

Mateo y Marcos atribuyen a Jesús crucificado las palabras iniciales del salmo: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Para la interpretación cristiana, esta cita vincula la Pasión con el salmo entero, no solo con su primer versículo: el poema reúne el dolor del justo perseguido y la esperanza de que Dios escuche y lo vindique.2,4

La catequesis de Benedicto XVI interpreta el grito como expresión de la hondura real del sufrimiento de Jesús. A la vez, sostiene que Jesús reza con las palabras de un salmo cuyo orante conserva la confianza en Dios incluso cuando siente su silencio. La angustia de la cruz no equivale, por tanto, a una ruptura del vínculo filial con el Padre: la oración expresa a la vez sufrimiento humano y confianza.4

La lectura católica relaciona también ese grito con la solidaridad de Cristo con la humanidad pecadora. Jesús asume el sufrimiento y el alejamiento que experimenta el ser humano, y ofrece su vida en una oración filial. Esta interpretación entiende la frase como una súplica de entrega y redención, no como una declaración de desesperación o de pérdida de fe.5

Ecos del salmo en los relatos evangélicos

Diversos rasgos del salmo aparecen asociados a la Pasión en los Evangelios: las burlas dirigidas al justo, el desafío para que Dios lo rescate y el reparto de sus vestidos. Los relatos de la crucifixión presentan esas escenas en relación con la muerte de Jesús, lo que favoreció desde los primeros tiempos cristianos una lectura del salmo como pasaje referido a Cristo.2,6

La interpretación cristiana no elimina el lamento. Al contrario, contempla en la Pasión tanto la humillación y la muerte como la gloria y la vida. El movimiento del poema -de la aflicción a la alabanza- permite leer la cruz dentro del conjunto de la obra salvadora de Cristo.2,3

Sentido teológico y espiritual

El salmo ofrece un lenguaje para la oración cuando la persona sufre, se siente sola o no percibe respuesta de Dios. El orante no oculta su dolor ni lo disfraza de serenidad: lo presenta ante Dios mediante una pregunta y un grito. La fe aparece no como ausencia de angustia, sino como la decisión de seguir dirigiéndose a Dios incluso desde ella.2,4

La memoria de las antiguas liberaciones sostiene la esperanza del afligido, aunque su propia situación todavía no haya cambiado. El final del poema abre esa esperanza a la comunidad y a las naciones: la alabanza futura no borra el sufrimiento padecido, sino que proclama que Dios ha escuchado al pobre y puede devolverle la vida.1,3

En la oración cristiana, el salmo une la voz del perseguido con la de Cristo crucificado. Por eso puede expresar tanto la súplica de quien atraviesa una prueba como la contemplación de la entrega de Jesús. Su forma poética conserva juntas dos realidades: el sufrimiento que reclama auxilio y la confianza que espera la salvación.3,4

Citas y referencias

  1. Sal. 22, La Biblia de las Américas, Edición Católica (LBLA-CE). La Santa Biblia, Salmo 22 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Dicasterio para las Causas de los Santos. Elena Aiello: Audiencia General (14 settembre 2011), 1 (2011). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Salmo 22 (21): «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?», Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 14 de septiembre de 2011, 1 (2011). 2 3 4 5 6 7
  4. San Marcos y San Mateo sobre la oración de Jesús en la cruz, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 8 de febrero de 2012, 1 (2012). 2 3 4
  5. L.F. Mateo-Seco. El misterio de Cristo, 15 (1993).
  6. Thomas Joseph White, OP. El grito de Jesús en la cruz y su visión beatífica, 7 (2007).
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 8.93 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/26qw61j5q

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