La enciclopedia católica en español

Salmo 23 (El Señor es mi pastor)

El Salmo 23, conocido por sus palabras iniciales, «El Señor es mi pastor», expresa la confianza del creyente en Dios, que guía, sostiene y protege a quien se abandona a su cuidado. Sus imágenes -los pastos y las aguas tranquilas, el valle oscuro y la mesa abundante- han convertido este poema en una de las oraciones bíblicas más reconocibles de la tradición cristiana.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSalmo 23 (El Señor es mi pastor)
CategoríaLibro
DescripciónEl Señor es mi pastor, nada me falta. Dios guía, sostiene y protege al creyente como un pastor a su rebaño y como un anfitrión a su huésped
ReferenciasSalmo 23 (numeración hebrea), Salmo 22 (numeración Vulgata/grecolatina)
ContenidoEl Señor es mi pastor, nada me falta. Dios guía, sostiene y protege al creyente como un pastor a su rebaño y como un anfitrión a su huésped
Enseñanzas PrincipalesConfianza radical en Dios, providencia divina, consuelo en el sufrimiento, esperanza de comunión duradera con Dios.
Interpretación TradicionalLectura cristológica (Cristo como el Buen Pastor), lectura eucarística (la mesa como banquete eucarístico) y lectura espiritual sobre la providencia.
Personas RelacionadasBenedicto XVI, Santo Tomás de Aquino, Juan Pablo II, San Juan de la Cruz
TemaConfianza en Dios, providencia y protección divina
TipoLibro, Salmo

Tabla de contenido

Numeración y texto

La numeración depende de la tradición bíblica empleada. En las Biblias que siguen la numeración hebrea, el poema es el Salmo 23; en la numeración grecolatina tradicional, que conserva la Vulgata, corresponde al Salmo 22. Por eso aparecen ambas referencias en la liturgia y en los comentarios cristianos.2,3

El salmo consta de seis versículos. Su primera parte presenta a Dios como pastor que procura alimento, descanso y orientación; la segunda cambia la escena: Dios recibe al orante como anfitrión, prepara una mesa y le concede una acogida duradera en su casa. El paso de la imagen del pastor a la del anfitrión da unidad al poema: en ambas, Dios cuida personalmente de quien confía en él.1,2

Contenido y estructura

El Señor como pastor

El poema comienza con una afirmación de confianza: el Señor es el pastor del orante y, por eso, nada esencial le falta. La imagen procede de la vida pastoril: el pastor conduce al rebaño hacia alimento y agua, conoce sus necesidades y lo mantiene a salvo. En la lectura de Benedicto XVI, evoca una relación cercana: el pastor conoce a sus ovejas y ellas reconocen su voz y lo siguen.2,3

Los pastos verdes y las aguas tranquilas representan descanso, seguridad y vida. El salmista no describe una existencia sin dificultades, sino la paz de quien recibe de Dios orientación y sustento. El Señor conduce además por caminos rectos, no por mérito del orante, sino por fidelidad a su nombre.1,2

El valle oscuro y la presencia de Dios

La confianza llega a su prueba más intensa cuando el orante atraviesa un valle tenebroso. El peligro no desaparece: el salmo habla de caminar por él. Sin embargo, el miedo no tiene la última palabra, porque Dios acompaña al fiel. La oración pasa de hablar de Dios en tercera persona -«él me guía»- a dirigirse directamente a él: «tú estás conmigo».1

La vara y el cayado son instrumentos del pastor. Dentro de la imagen poética, expresan protección y guía; su presencia consuela al caminante en el peligro. Benedicto XVI relaciona estos instrumentos con el cuidado firme del pastor, que defiende al rebaño y lo ayuda a superar pasos difíciles.2,4

El valle oscuro admite una lectura amplia: puede representar la adversidad, el sufrimiento y la amenaza de la muerte. El salmo no promete que el creyente nunca pasará por esas situaciones; proclama que Dios no lo abandona en ellas.1,5

La mesa, la unción y la copa

En el quinto versículo cambia la escena. El Señor ya no aparece solo como pastor, sino como anfitrión que prepara una mesa para su huésped, incluso ante sus adversarios. La unción con aceite y la copa rebosante expresan honor, acogida y abundancia. La presencia de los enemigos no anula la hospitalidad de Dios: el orante recibe sus dones a la vista de quienes lo amenazan.1,2

El versículo final contempla una vida acompañada por la bondad y la misericordia de Dios y culmina con el deseo de habitar en su casa. La imagen expresa comunión duradera con el Señor y esperanza de permanecer bajo su amparo.1

Interpretación en la tradición católica

Confianza y providencia

Benedicto XVI presenta el salmo como una oración de confianza radical: quien reza entrega su vida a Dios, reconocido como bueno y misericordioso. La seguridad del poema no equivale a pensar que el fiel controlará todas las circunstancias, sino a confiar en que Dios lo guía y protege incluso cuando atraviesa el peligro.2

La expresión «nada me falta» tampoco exige una vida sin necesidades materiales ni dificultades. En su comentario, santo Tomás de Aquino interpreta esa suficiencia en relación con lo necesario para la salvación: Dios conduce al ser humano hacia el bien último y, en la vida futura, la unión con Dios colmará plenamente sus necesidades.3

Lectura cristológica

La tradición cristiana lee la imagen del pastor a la luz de Cristo, que en el Evangelio se identifica como el Buen Pastor. Santo Tomás interpreta el salmo como una oración de la Iglesia acerca de Cristo: el Señor alimenta, conduce y acompaña a su pueblo.3

Esta lectura no elimina el sentido de confianza personal del salmo. Lo amplía: la Iglesia reza estas palabras al reconocer en Cristo al pastor que guía a su pueblo y lo sostiene en el camino. Juan Pablo II aplicó la oración del salmista a la vida cristiana y a los caminos difíciles que el fiel recorre bajo la guía del Buen Pastor.6,5

Lectura eucarística

La mesa, el aceite y la copa han recibido una interpretación cristiana vinculada a la Eucaristía. Benedicto XVI relacionó la mesa preparada por Dios con el banquete eucarístico, en el que Dios acoge a los fieles y les ofrece a Cristo como alimento. Esta lectura contempla el salmo como anuncio de una comunión más profunda con Dios, sin reducir a ella el sentido original de hospitalidad y abundancia.4

Uso en la oración y la liturgia

El salmo ocupa un lugar destacado en la oración cristiana por su lenguaje de confianza y esperanza. Sus imágenes permiten expresar la experiencia de recibir guía, atravesar el sufrimiento acompañado por Dios y esperar la comunión con él. Juan Pablo II lo presentó como una oración de confianza de toda la Iglesia en Cristo, el Buen Pastor.6

Por su referencia al valle oscuro y a la presencia divina en medio del peligro, el poema también acompaña la oración ante la enfermedad, la aflicción y la muerte. Su mensaje no niega el dolor: afirma que el fiel puede atravesarlo sin quedar solo.1,5

Influencia espiritual y literaria

La fuerza del salmo reside en la sencillez de sus imágenes y en el movimiento que conduce desde el cuidado cotidiano hasta la esperanza de vivir en la casa de Dios. El pastor protege y guía; el anfitrión alimenta y acoge. Así, el poema reúne en pocas líneas la confianza en la providencia, la compañía divina en la prueba y la esperanza de una comunión perdurable.1,2

La poesía de sus imágenes también ha influido en la literatura espiritual. Un estudio sobre san Juan de la Cruz relaciona el valle oscuro, la presencia del pastor y el descanso del alma en el Salmo 22 según la numeración grecolatina con motivos de la Noche oscura.7

Citas y referencias

  1. La Santa Biblia, versión estándar revisada, edición católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Salmo 23 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Salmo 23, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 5 de octubre de 2011: Salmo 23, 1 (2011). 2 3 4 5 6 7 8 9
  3. Salmo 22, Santo Tomás de Aquino. Comentario sobre los Salmos, 22 (1272). 2 3 4
  4. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 7, julio, 2010, 15 (2010). 2
  5. Papa Juan Pablo II. 11 de octubre de 1981: Visita pastoral a la parroquia de «San Tommaso da Villanova» en Castelgandolfo - Homilía, 2 (1981). 2 3
  6. Papa Juan Pablo II. 29 de marzo de 1987: Beatificación de cinco siervos de Dios españoles - Homilía, 3 (1987). 2
  7. P.A. Urbina. Los Salmos de David en la «Subida del Monte Carmelo», 5 (1991).
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 8.96 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/p3gfp2p56

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →