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Salomón y la construcción del Templo

El Templo de Salomón fue el santuario principal de Jerusalén y el centro del culto de Israel durante la monarquía unida. Su construcción manifestó la consolidación del reino, la continuidad de la alianza y la presencia singular de Dios en medio de su pueblo. Para la fe católica, el Templo posee además un valor tipológico: anuncia a Jesucristo, verdadero Templo de Dios, y a la Iglesia, edificada como templo santo en el Señor.

Francois Vatable, reconstructie van de tempel van Salomo (detail)
Ver información de la imagenGrabado del siglo XVI de una reconstrucción del templo de Salomón (detalle), c. 1546. Biblia; a él se añadieron los esquemas del Tabernáculo Mosaico y del Templo de Salomón, que precede Francisco Vatable (...), París, 1546, François Vatable, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSalomón y la construcción del Templo
CategoríaLugar sagrado
Tipo de LugarSantuario principal
DefiniciónSantuario principal de Jerusalén y centro del culto de Israel durante la monarquía unida.
DescripciónConjunto monumental que comprendía atrios, altar de los holocaustos, Lugar Santo y Santo de los Santos, además de columnas y objetos cultuales.
Contexto HistóricoConstruido durante la monarquía unida de Israel, manifestando la consolidación del reino y la presencia de Dios.
Importancia HistóricaCentro de la identidad religiosa de Jerusalén, vinculando la monarquía, la alianza davídica y el culto nacional.
Importancia EclesialPosee un valor tipológico para la fe católica: anuncia a Jesucristo, verdadero Templo de Dios, y a la Iglesia.
HistoriaIniciado en el cuarto año del reinado de Salomón, duró aproximadamente siete años y medio en construirse gracias a la cooperación con Jirán de Tiro.
Fecha de FundaciónCuarto año del reinado de Salomón
LugarMonte Moria, Jerusalén
CiudadJerusalén
FundadorSalomón
Personas RelacionadasDavid, Jirán de Tiro, Jirán (artesano), Abrahán, Salomón
Lugares RelacionadosJerusalén, monte Moria, Líbano
Doctrinas RelacionadasTipología bíblica, encarnación, la Iglesia como templo santo
Conceptos RelacionadosArca de la Alianza, altar de los holocaustos, columnas Jaquín y Boaz, Mar de Bronce
Referencias Bíblicas1 Reyes 7, 2 Crónicas 3, 2 Crónicas 4

Tabla de contenido

Contexto histórico y religioso

Antes de Salomón, Israel había dado culto en el Tabernáculo de la reunión, santuario portátil que acompañó al pueblo durante su peregrinación y durante los primeros tiempos de su asentamiento en la tierra prometida. El rey David deseó levantar una casa estable para el Señor, pero la ejecución del proyecto correspondió a su hijo Salomón.

El Templo no pretendía encerrar a Dios ni limitar su presencia a un edificio. Representaba el lugar escogido para el culto público, los sacrificios y la oración de Israel. La tradición bíblica vinculó el monte del Templo con acontecimientos fundamentales de la historia sagrada: la disposición de Abrahán para ofrecer a Isaac, la reparación del pecado relacionado con el censo de David y la construcción de un altar en la era de Ornán, el jebuseo.

El lugar elegido fue el monte Moria, en Jerusalén, concretamente la era que David había adquirido o designado para el culto. El Segundo Libro de las Crónicas sitúa allí el comienzo de las obras y precisa que la construcción empezó en el cuarto año del reinado de Salomón, el segundo día del segundo mes.1

La construcción del Templo

Cooperación entre Israel y Tiro

Israel carecía de una tradición arquitectónica comparable a la de los pueblos fenicios. Por este motivo, Salomón recurrió a Jirán, rey de Tiro, para obtener madera del Líbano y trabajadores expertos en piedra, bronce y carpintería. La colaboración internacional permitió levantar un edificio monumental y dotarlo de un rico revestimiento artístico.2

El artesano principal de las obras de bronce recibió también el nombre de Jirán. La narración bíblica lo presenta como un trabajador de gran habilidad, inteligencia y conocimiento técnico. A él correspondió la elaboración de numerosos objetos destinados al Templo, entre ellos las columnas, el Mar de Bronce, las pilas, las palas, los calderos y otros utensilios.3

Duración y organización de las obras

La construcción del Templo duró aproximadamente siete años y medio. Una vez terminada la casa del Señor, Salomón emprendió otros edificios monumentales: su palacio, la residencia de la hija del faraón, la Casa del Bosque del Líbano, el pórtico de las columnas y la sala del trono o sala de justicia.2

La diferencia entre la duración del Templo y la de los palacios expresa también una prioridad religiosa dentro del programa real. El santuario constituía el centro simbólico del reino, mientras que las construcciones palaciegas manifestaban el poder administrativo y político de Salomón.

Materiales y ornamentación

Los constructores emplearon piedras de gran tamaño, cuidadosamente cortadas y trabajadas. Algunas piedras de los cimientos medían ocho o diez codos. Los muros y las estructuras superiores incorporaban madera de cedro y ciprés, mientras que el interior recibía un revestimiento de oro.2

La decoración incluía palmas, cadenas, flores, granadas y querubines. El oro cubría vigas, umbrales, paredes y puertas. El Lugar Santísimo estaba especialmente enriquecido con oro y contenía dos grandes querubines tallados cuyas alas extendidas ocupaban toda la anchura del recinto.1

La ornamentación no tenía una finalidad meramente estética. Las palmas, las flores y las granadas evocaban la fecundidad, la vida y la belleza de la creación; los querubines expresaban la proximidad del mundo celestial al lugar de la presencia divina. Estos símbolos no convertían el Templo en una imagen de Dios, pues Israel rechazaba la representación material de la divinidad. Su función consistía en expresar visiblemente la santidad del espacio y la gloria del Dios invisible.

La estructura del recinto sagrado

El Templo formaba parte de un conjunto de patios y dependencias. Conviene distinguir entre los espacios destinados a la reunión del pueblo y los ámbitos reservados al culto sacerdotal.

El atrio

El atrio era el espacio exterior o abierto que rodeaba el edificio principal. Dentro del recinto existía un gran atrio y, más cerca del santuario, un atrio interior llamado también atrio de los sacerdotes. La tradición bíblica distingue ambos espacios y atribuye al atrio sacerdotal una función especialmente vinculada a los sacrificios.4

El atrio permitía la presencia ordenada del pueblo en el culto. Allí acudían los israelitas para la oración, la ofrenda de sacrificios y la participación en las celebraciones. Los sacerdotes desempeñaban en ese ámbito las acciones cultuales que no correspondían al interior del edificio.

El atrio no era todavía el santuario interior. Marcaba una primera separación entre el espacio común y el espacio consagrado. Su amplitud recordaba que el culto pertenecía a todo Israel, aunque la entrada en las zonas más sagradas dependía de la condición ritual y de la función litúrgica de cada persona.

El altar de los holocaustos

El altar de los holocaustos pertenecía al culto, no a la arquitectura ornamental del edificio. Construido en bronce, tenía veinte codos de largo, veinte de ancho y diez de alto. Sobre él se ofrecían los sacrificios, especialmente los holocaustos, en los que la víctima era consumida por el fuego como ofrenda a Dios.4

El altar ocupaba una posición central dentro del atrio sacerdotal. Su función era sacrificial: allí se presentaban animales y otras ofrendas conforme a la legislación cultual de Israel. Por tanto, no debe confundirse con el Mar de Bronce, que servía para las abluciones, ni con las columnas Jaquín y Boaz, que formaban parte de la fachada y de la ornamentación arquitectónica.

La tradición posterior vinculó la roca situada en la cima del monte del Templo con el altar de los holocaustos. La roca presentaba características compatibles con el altar antiguo y, según la tradición rabínica, bajo el altar existía un conducto para evacuar la sangre y el agua de las abluciones.2

El Lugar Santo

El Lugar Santo constituía la primera estancia del edificio principal. Los sacerdotes entraban allí para cumplir determinados servicios litúrgicos, mientras que el pueblo permanecía en los patios exteriores.

En este recinto se encontraban el altar de oro para el incienso, las mesas de los panes de la presencia y los candeleros de oro. El altar del incienso no servía para quemar las víctimas de los holocaustos; su función consistía en ofrecer incienso ante la presencia de Dios. Las mesas sostenían los panes sagrados, y los candeleros proporcionaban la luz ritual del santuario.4

El Lugar Santo expresaba una cercanía mayor a Dios que el atrio, pero todavía permanecía diferenciado del Santo de los Santos. El acceso dependía del ministerio sacerdotal y de la pureza ritual requerida por la liturgia.

El Santo de los Santos

El Santo de los Santos, llamado también Lugar Santísimo, constituía la estancia más interior y sagrada. Tenía forma cúbica: veinte codos de largo, veinte de ancho y veinte de alto. Sus paredes estaban recubiertas de oro, y dos querubines dorados extendían sus alas en el interior. Una cortina decorada con querubines separaba este recinto del resto del santuario.1

El Santo de los Santos simbolizaba el ámbito supremo de la presencia divina. En la tradición del primer Templo, el Arca de la Alianza ocupaba el lugar central de este recinto. El Arca no era un ídolo ni una representación de Dios, sino el signo visible de la alianza y del trono invisible del Señor.

El acceso estaba estrictamente limitado. El sumo sacerdote entraba en el Santo de los Santos en una ocasión litúrgica anual y con la sangre de las víctimas. Los sacerdotes purificados podían entrar en el santuario, mientras que el pueblo permanecía en los atrios según el orden establecido por la legislación ritual.5

La descripción católica del simbolismo del Arca contempla en ella una figura de Cristo: la madera preciosa evoca su humanidad y el oro, su sabiduría y caridad; las tablas de la Ley recuerdan que Cristo es autor y plenitud de la Ley, y la vara de Aarón alude a su sacerdocio. La tradición también ha aplicado el símbolo del Arca a la Virgen María, llamada por la Iglesia Arca de la Alianza.6

Principales elementos del Templo

Las columnas Jaquín y Boaz

En la fachada del santuario se levantaban dos grandes columnas de bronce llamadas Jaquín y Boaz. La columna situada al sur recibía el nombre de Jaquín y la situada al norte, Boaz. Cada una tenía un capitel decorado con redes, cadenas, granadas y motivos vegetales.3

Las columnas formaban parte de la arquitectura del pórtico. No funcionaban como altares ni como instrumentos sacrificiales. Su presencia monumental confería solemnidad a la entrada del santuario y probablemente expresaba estabilidad, firmeza y dignidad real. La tradición ha relacionado sus nombres con ideas de establecimiento y fuerza, aunque la interpretación exacta de cada término continúa siendo objeto de estudio filológico.

El libro de las Crónicas ofrece medidas distintas de las que aparecen en el Libro de los Reyes, circunstancia que aconseja prudencia al reconstruir sus dimensiones exactas. Ambas narraciones coinciden, sin embargo, en su posición delante del Templo, en su carácter monumental y en la importancia de sus capiteles ornamentados.1

El Mar de Bronce

El Mar de Bronce era una gran pila circular de bronce situada en el área del atrio. Medía diez codos de borde a borde y cinco codos de altura; una cuerda de treinta codos rodeaba su circunferencia. Descansaba sobre doce bueyes, distribuidos en grupos que miraban hacia los cuatro puntos cardinales.4

Su función pertenecía al ámbito de las abluciones sacerdotales. Los sacerdotes utilizaban el Mar de Bronce para lavarse, mientras que otras pilas servían para enjuagar los instrumentos y las víctimas destinadas a los holocaustos.4

El Mar de Bronce no era, por tanto, un depósito ornamental ni un altar. Su gran tamaño y su decoración animal formaban parte del lenguaje arquitectónico y simbólico del santuario, pero su uso concreto correspondía a la purificación ritual.

Las pilas y los utensilios de bronce

Salomón mandó fabricar diez pilas, cinco a cada lado del Templo. Estas pilas facilitaban el lavado de los elementos empleados en los sacrificios. El artesano produjo también calderos, palas, tenedores y recipientes de bronce.4

La abundancia de objetos de bronce muestra la complejidad del culto sacrificial. El Templo no consistía únicamente en una sala sagrada, sino en un conjunto organizado de espacios, utensilios, ministros y acciones litúrgicas.

El mobiliario de oro

El interior del Templo contenía objetos de oro destinados al culto: el altar del incienso, las mesas de los panes de la presencia, los candeleros, las lámparas, las flores decorativas, las pinzas, las copas y los braseros. Las puertas del Lugar Santísimo y las puertas de la nave también estaban recubiertas de oro.4

Cada elemento poseía una función propia. El altar del incienso correspondía a la oración litúrgica; los panes representaban la ofrenda permanente de Israel; los candeleros mantenían la luz ritual; y los utensilios permitían realizar ordenadamente el servicio sacerdotal.

La liturgia del Templo

La organización espacial expresaba una gradación de santidad:

  1. El atrio acogía al pueblo y al culto sacrificial público.
  2. El atrio sacerdotal estaba reservado especialmente a los sacerdotes y a las acciones relacionadas con el altar.
  3. El Lugar Santo acogía el servicio ordinario de los sacerdotes, el incienso, los panes de la presencia y las lámparas.
  4. El Santo de los Santos constituía el ámbito supremo de la presencia divina y tenía un acceso extraordinariamente restringido.

Esta distribución no implicaba que Dios estuviera ausente fuera del Templo. El santuario manifestaba sacramentalmente, dentro de la economía religiosa de Israel, una presencia singular del Señor. El pueblo acudía allí para reconocer que toda la vida dependía de Dios y que la alianza exigía culto, obediencia y santidad.

La liturgia veterotestamentaria utilizaba sacrificios, abluciones, incienso, luces, panes consagrados, vestiduras y espacios diferenciados. Estos elementos pertenecían a la pedagogía religiosa de la Antigua Alianza. La Iglesia católica contempla en ellos figuras que encuentran su plenitud en Cristo, pero no debe confundirse el culto del Templo con la liturgia cristiana ni trasladar retrospectivamente al santuario salomónico categorías propias de la Eucaristía.

El Templo y la presencia de Dios

El Templo era la casa del Señor en un sentido analógico. Dios no quedaba contenido por sus muros, pues el Creador trasciende toda construcción humana. Sin embargo, el santuario constituía el lugar elegido para la manifestación cultual de su presencia y para la celebración solemne de la alianza.

La relación entre Dios y el Templo aparece unida a dos realidades: la revelación y el culto. El Templo era el lugar donde Dios manifestaba de modo singular su presencia y donde el hombre le rendía culto. La centralidad del santuario no eliminaba la necesidad de una actitud interior recta; el sacrificio exterior carecía de valor cuando no iba acompañado de fidelidad a Dios.

La grandeza del edificio tampoco garantizaba por sí misma la permanencia de la alianza. La historia bíblica muestra que la infidelidad del pueblo y de sus dirigentes podía conducir al juicio, a la destrucción del santuario y al exilio. El Templo reclamaba una vida conforme a la Ley, no una confianza mágica en la seguridad de las piedras.

Interpretación cristiana del Templo

Cristo, verdadero Templo

La interpretación cristiana contempla el Templo de Salomón como una figura que alcanza su cumplimiento en Jesucristo. El Templo antiguo era el lugar de la presencia divina; Cristo, en cambio, es el Verbo hecho carne. En su humanidad habita personalmente la plenitud de Dios.

Por esta razón, el Nuevo Testamento presenta a Jesús como el nuevo Templo. La presencia de Dios ya no queda vinculada de manera exclusiva a un edificio de Jerusalén, sino que aparece plenamente en la persona del Hijo encarnado. Esta lectura cristológica surgió dentro de la esperanza bíblica de una renovación del Templo y recibió una formulación propia después de la destrucción del santuario antiguo.7

La muerte y resurrección de Cristo llevan a plenitud el significado sacrificial del Templo. El altar de los holocaustos anunciaba la necesidad de una ofrenda; Cristo ofrece su propia vida al Padre de una vez para siempre. El antiguo culto utilizaba víctimas animales, mientras que Cristo es simultáneamente sacerdote, víctima y mediador de la alianza nueva.

La Iglesia, templo santo

La Iglesia también participa del simbolismo del Templo. San Pablo describe a los cristianos como una construcción fundada sobre apóstoles y profetas, destinada a formar un templo santo en el Señor. El lenguaje no identifica la Iglesia con un edificio, sino con el pueblo unido a Cristo y vivificado por el Espíritu Santo.8

El simbolismo posee una dimensión personal y comunitaria. Cada bautizado está llamado a vivir como templo de Dios, y toda la Iglesia constituye el templo espiritual en el que Cristo es la piedra angular. La santidad cristiana no depende de reproducir materialmente la distribución del santuario de Salomón, sino de pertenecer a Cristo, recibir su gracia y ofrecer la propia vida como sacrificio espiritual.

Los templos cristianos

La superación cristiana del culto antiguo no elimina el valor de los lugares sagrados. La Iglesia construye templos para celebrar la Eucaristía, proclamar el Evangelio y administrar los sacramentos. El edificio cristiano sirve a la reunión litúrgica de la comunidad y orienta visiblemente hacia la presencia de Cristo en la celebración y, de modo singular, en la Eucaristía.8

La iglesia cristiana no reproduce exactamente el Templo de Salomón. El altar cristiano no es una copia arqueológica del altar de los holocaustos, porque el sacrificio de Cristo constituye la realidad definitiva que aquellos sacrificios anunciaban. Del mismo modo, el sagrario no equivale sin más al Santo de los Santos, aunque la tradición cristiana puede establecer una relación tipológica entre la presencia divina del antiguo santuario y la presencia sacramental de Cristo.

Valor teológico de la construcción

La construcción del Templo reúne varias dimensiones de la historia de la salvación:

  • Dimensión regia: Salomón actúa como rey constructor y consolida Jerusalén como centro político y religioso.
  • Dimensión sacerdotal: el edificio organiza el culto, los sacrificios, las abluciones y el ministerio de los sacerdotes.
  • Dimensión comunitaria: el santuario sirve como lugar de reunión y oración para Israel.
  • Dimensión simbólica: los espacios, objetos y ornamentos expresan diversos grados de cercanía a Dios.
  • Dimensión tipológica: el Templo anuncia a Cristo y a la Iglesia.

La tradición cristiana no reduce el Templo a una simple alegoría. Primero reconoce su realidad histórica y litúrgica dentro de Israel; después contempla cómo esa realidad prepara la revelación de Cristo. Este orden evita dos errores opuestos: interpretar el santuario antiguo como si ya contuviera explícitamente toda la teología cristiana o considerarlo una construcción sin relevancia para la fe posterior.

Importancia en la historia bíblica

El Templo de Salomón se convirtió en el centro de la identidad religiosa de Jerusalén. Su existencia vinculó la monarquía, la alianza davídica y el culto nacional. También creó una relación estrecha entre la vida espiritual de Israel y la fidelidad de sus reyes.

La memoria del primer Templo continuó influyendo en las descripciones proféticas y en las esperanzas de restauración. Ezequiel contempló un Templo en una visión simbólica cuyas características esenciales coincidían con la estructura básica del santuario, aunque su lenguaje pertenecía al ámbito de la revelación profética y no a una simple memoria arquitectónica.2

Para el cristianismo, la historia del Templo alcanza su culminación en la revelación de Jesucristo. El santuario de piedra preparó la comprensión de una presencia divina más profunda: Dios habitando entre los hombres en la humanidad de su Hijo y formando, por el Espíritu Santo, un pueblo que es templo santo.

Conclusión

Salomón construyó en Jerusalén un santuario monumental destinado al culto del Dios de Israel. El conjunto comprendía atrios, altar de los holocaustos, Lugar Santo y Santo de los Santos, además de elementos arquitectónicos como las columnas Jaquín y Boaz y objetos cultuales como el Mar de Bronce, las pilas, el altar del incienso, los candeleros y las mesas de los panes de la presencia.

La distinción entre arquitectura y culto permite comprender correctamente su significado: las columnas y el Mar de Bronce formaban parte de la estructura y del equipamiento simbólico del recinto, mientras que el altar de los holocaustos constituía el centro sacrificial del culto. Desde la fe católica, el Templo fue una figura de Cristo, verdadero lugar de la presencia de Dios, y de la Iglesia, templo santo edificado sobre los apóstoles y unido al Señor.

Citas y referencias

  1. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 2 Crónicas 3 (1993). 2 3 4
  2. Templo de Jerusalén, . Enciclopedia Católica, Templo de Jerusalén (1913). 2 3 4 5
  3. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 1 Reyes 7 (1993). 2
  4. La Nueva Versión Estándar Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 2 Crónicas 4 (1993). 2 3 4 5 6 7
  5. Beda el Venerable. Cuestiones sobre los libros de los Reyes (Quaestiones in libros Regum), 7 (1862).
  6. Arca de la alianza, . Enciclopedia Católica, Arca de la Alianza (1913).
  7. Pablo T. Gadenz. Jesús, el nuevo Templo en el pensamiento del papa Benedicto XVI, 6 (2013).
  8. Antonio García Moreno. Adorar al Padre en espíritu y verdad, 18 (1991). 2
Modificado el 17 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.33 • 61 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/kzf52347d

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