Desde los primeros siglos, el Salterio se convirtió en el libro de oración por excelencia de la Iglesia. San Atanasio, en el siglo IV, dedicó sus energías a enseñar el Salterio para contrarrestar las herejías que seducían a la gente con himnos y oraciones que gratificaban sus sentimientos religiosos. Así, junto con el Padrenuestro, la práctica de rezar los Salmos se universalizó entre los bautizados.
La Liturgia de las Horas
El Salterio constituye la base de la oración católica, siendo el fundamento del Oficio Divino. En la antigüedad, se estableció que los clérigos de ambos sexos recitaran o cantaran el Salterio completo cada semana, una ley que fue santamente observada por Papas como San Pío V, Clemente VIII y Urbano VIII en la revisión del Breviario Romano. San Benito, en el siglo VI, ya había establecido claramente el principio de que todo el Salterio debía recitarse al menos una vez a la semana,.
Con el tiempo, el aumento de las festividades de los santos llevó a que los Oficios dominicales y feriales fueran a menudo omitidos, y muchos salmos, que son «bendición del pueblo, alabanza de Dios, aclamación de la asamblea, palabra de todos, voz de la Iglesia, confesión sonora de la fe, devoción llena de autoridad, alegría de la libertad, grito de júbilo, resonancia de la alegría» según San Ambrosio, quedaran descuidados. Esta omisión generó quejas por parte de personas piadosas, ya que se privaba a los clérigos de valiosos medios para alabar al Señor y expresar sus sentimientos más íntimos, y se perdía la deseada variedad en la oración.
El Concilio Vaticano II, buscando una renovación, estableció que el Salterio, eliminando el ciclo semanal, se distribuyera en cuatro semanas para la Liturgia de las Horas. Para esta nueva distribución, se adoptó una nueva versión latina preparada por la Comisión para la Neo-Vulgata de la Biblia. Se omitieron algunos salmos y versículos con expresiones que podrían resultar difíciles en una lengua moderna. Además, para enriquecer las Laudes matutinas, se añadieron cánticos del Antiguo Testamento, y para las Vísperas, cánticos del Nuevo Testamento.
La Liturgia de las Horas busca que la Sagrada Escritura se convierta en la fuente principal de toda la oración cristiana, y la oración de los salmos, que acompaña y proclama ininterrumpidamente la acción de Dios en la historia de la salvación, debe ser comprendida con renovado amor por el pueblo de Dios. Es esencial que el clero estudie el significado de los salmos en la liturgia y lo comunique a los fieles mediante una catequesis adecuada.
El Salterio en la Misa y Otros Ritos
Los salmos también tienen un lugar destacado en la Misa, especialmente como salmo responsorial. Los discípulos de Jesús identificaron gradualmente ciertos Salmos como particularmente apropiados para momentos específicos del día, la semana o el año, encontrando en ellos un profundo sentido del misterio cristiano.
Además de la Liturgia de las Horas y la Misa, los salmos se utilizan en diversos ritos sacramentales y devocionales:
Rito de la Penitencia: Se emplean salmos que expresan arrepentimiento y súplica de misericordia, como el Salmo 50 (51), conocido como el Miserere.
Rito de la Unción de los Enfermos: Salmos de confianza en Dios en medio del sufrimiento y la enfermedad son recitados para consolar a los enfermos.
Rito de la Profesión Religiosa: Salmos que hablan de la búsqueda de Dios, la entrega total y la alegría de habitar en la casa del Señor son parte de estas celebraciones.
Rito de los Exorcismos: Se incluyen salmos que expresan la confianza en Dios frente a las adversidades y la liberación del mal.
Rito de Exequias: Salmos de esperanza en la resurrección y de súplica por los difuntos, como el Salmo 129 (130), De profundis, son fundamentales.
Interpretación Cristológica del Salterio
Los Padres de la Iglesia interpretaron el Salterio como una profecía sobre Cristo y su Iglesia. Esta interpretación llevó a la elección de salmos específicos para la liturgia, donde se escuchaba la voz de Cristo dirigiéndose a su Padre, o el Padre hablando al Hijo, e incluso la voz de la Iglesia, los apóstoles y los mártires. Este método de interpretación floreció también en la Edad Media, donde muchos manuscritos del Salterio explicaban el significado cristológico después del encabezamiento de cada salmo.