El bien común
La doctrina social católica entiende el bien común como el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas y a las comunidades alcanzar su perfección de manera más plena. El bien común no equivale a la suma de intereses individuales ni a la utilidad económica de la mayoría.
En materia sanitaria, el bien común exige:
- Proteger la vida de cada persona.
- Garantizar una atención proporcionada.
- Priorizar a quienes padecen mayor necesidad.
- Prevenir daños colectivos.
- Promover la participación social.
- Distribuir con justicia los recursos.
- Respetar la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos.
Francisco definió la solidaridad como una determinación firme y constante de comprometerse con el bien común, entendido como el bien de todos y de cada persona. También advirtió contra la reducción de los seres humanos a simples estadísticas o instrumentos utilizables mientras resulten útiles.
Crítica del utilitarismo
El utilitarismo valora las decisiones principalmente por sus resultados agregados, como el número total de años de vida ganados, la reducción global de costes o la maximización de beneficios para la mayoría. Estos datos pueden ayudar a planificar una política sanitaria, pero no pueden constituir el único criterio moral.
La ética católica rechaza la idea de que una persona pueda sacrificarse deliberadamente para producir una ventaja colectiva. La vida humana posee un valor propio, no meramente instrumental. Un paciente no vale más por ser joven, productivo, rico o socialmente influyente.
Una política sanitaria utilitarista puede incurrir en varios abusos:
- Excluir a enfermos con tratamientos costosos.
- Abandonar a personas con discapacidad.
- Priorizar sistemáticamente a quienes tienen mayor expectativa de vida.
- Convertir al médico en administrador de costes.
- Reducir la calidad de vida a productividad.
- Justificar daños directos contra algunos pacientes en nombre de beneficios colectivos.
La justicia distributiva permite establecer prioridades cuando los recursos son limitados, pero esas prioridades deben respetar la dignidad de todos. La deliberación requiere prudencia, transparencia, participación social y consideración simultánea de diversos principios éticos. La Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales sostiene que no existe una solución puramente técnica para la distribución sanitaria y que el criterio fundamental consiste en atender a cada persona conforme a su necesidad.