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Samaria

Samaria designa tanto una antigua ciudad de Palestina como la región central asociada a ella y, en el Nuevo Testamento, el territorio habitado por los samaritanos. Su historia une la división del pueblo de Israel, la caída del Reino del Norte, la rivalidad religiosa con Judea y la apertura universal de la salvación manifestada por Jesucristo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSamaria
CategoríaEvento
DescripciónSamaria designa una antigua ciudad de Palestina, la región central asociada a ella y el territorio habitado por los samaritanos en el Nuevo Testamento
Referencias
  • 1 Re 16,24
  • Jn 4,13
  • Hch 1,8
Contexto HistóricoDesde la división del reino de Israel, la caída del Reino del Norte ante Asiria, hasta la evangelización en el Nuevo Testamento.
Importancia HistóricaUne la división del pueblo de Israel, la rivalidad religiosa con Judea y la apertura universal de la salvación manifestada por Jesucristo.
LugarJerusalén, Judea, Galilea, Sicar, Monte Garizín, Betel, Dan
Personas relacionadasOmrí, Ajab, Jezabel, Elías, Jesús, Mujer samaritana, Simón el Mago, Felipe, Pedro, Juan
TipoSuceso histórico, Región y ciudad histórica

Tabla de contenido

Nombre y significado geográfico

La palabra Samaria posee varios sentidos relacionados, pero no idénticos:

  • La ciudad de Samaria, capital del Reino de Israel o Reino del Norte.
  • La región de Samaria, situada entre Galilea, al norte, y Judea, al sur.
  • La población samaritana, grupo religioso y étnico cuya identidad tomó forma después de la conquista asiria del Reino del Norte.

La distinción entre ciudad y región resulta esencial. La ciudad nació como capital política durante el reinado de Omrí, mientras que la región recibió posteriormente el nombre de la ciudad y continuó llamándose Samaria incluso después de la desaparición del reino israelita.

Omrí compró a Sémer una colina y edificó allí una ciudad fortificada. El relato bíblico relaciona el nombre de la ciudad con su anterior propietario: «llamó a la ciudad que había construido Samaria, según el nombre de Sémer, dueño del monte» (1 Re 16,24).1

La ciudad de Samaria

Fundación por Omrí

Omrí, rey de Israel, trasladó la capital desde Tirsá a una posición más estratégica. La colina de Samaria dominaba las rutas del centro de Palestina y ofrecía buenas condiciones defensivas. La ciudad llegó a convertirse en el centro administrativo, militar y religioso del Reino del Norte.

La nueva capital consolidó la autoridad de la dinastía de Omrí. La tradición bíblica recuerda que el monarca fue enterrado en Samaria y que su hijo Ajab heredó el trono desde aquella ciudad.1

La importancia política de Samaria creció durante los reinados de Omrí y Ajab. Las potencias extranjeras llegaron a identificar el Reino del Norte con la «casa de Omrí», incluso después de la desaparición de aquella dinastía.2

Samaria durante el reinado de Ajab

Ajab convirtió Samaria en un centro de influencia fenicia. Su matrimonio con Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios, favoreció la introducción oficial del culto a Baal. El rey levantó en Samaria un altar y un templo dedicado a esa divinidad, además de erigir una aserap, símbolo cultual asociado a la religión cananea.1

La confrontación entre el culto a Yahvé y la religión de Baal marcó profundamente la historia religiosa del Reino del Norte. El profeta Elías representó la resistencia profética frente a la idolatría y denunció la infidelidad de la monarquía. La historia de Samaria no puede reducirse, por tanto, a una sucesión de cambios políticos: la Biblia interpreta la conducta de sus reyes desde la relación de Israel con la alianza divina.

El Reino del Norte y su crisis

La división del pueblo de Israel

Después de la muerte de Salomón, el pueblo de Israel quedó dividido en dos reinos:

  • El Reino de Judá, con Jerusalén como capital, al sur.
  • El Reino de Israel, con Samaria como capital, al norte.

La separación tuvo una dimensión política, pero también religiosa. La peregrinación a Jerusalén mantenía la unidad cultual en torno al templo. La instauración de santuarios alternativos en Betel y Dan profundizó la ruptura entre ambos reinos. La división religiosa acompañó y reforzó la separación política entre Israel y Judá.3

La tradición bíblica juzga negativamente a los reyes del Norte porque mantuvieron estructuras cultuales contrarias a la centralidad de Jerusalén y toleraron diversas formas de idolatría. Sin embargo, la historia del Reino del Norte también incluyó la predicación de profetas que llamaron a la conversión y defendieron la fidelidad a Dios.

La conquista asiria

Durante el siglo VIII antes de Cristo, el Reino del Norte sufrió la expansión del Imperio asirio. Tiglatpiléser III ocupó amplias zonas del territorio y deportó parte de la población. El debilitamiento político dejó a Samaria expuesta a nuevas rebeliones y a una intervención definitiva.

El rey Oseas dejó de pagar el tributo asirio y buscó apoyo extranjero. Salmanasar IV emprendió entonces el asedio de Samaria. La ciudad resistió durante tres años y cayó finalmente en torno al año 722 antes de Cristo, durante el reinado de Sargón II. La conquista puso fin al Reino de Israel como entidad independiente.4

La población sufrió deportaciones y la región pasó a formar parte de la administración imperial asiria. Las fuentes antiguas hablan de la llegada de grupos procedentes de diversas regiones conquistadas. Al mismo tiempo, una parte de la población israelita permaneció en el territorio. Este proceso explica la compleja formación histórica de la comunidad samaritana, aunque no conviene describirla de manera simplista como una mera población extranjera.4

La región de Samaria después de la caída del reino

Tras la conquista asiria, Samaria dejó de designar solo una capital y pasó a identificar una provincia y una región. El nombre continuó vinculado al territorio central de Palestina durante los periodos imperial, helenístico y romano.

La deportación y la llegada de nuevos grupos alteraron la composición social y religiosa de la región. La tradición bíblica describe una mezcla de culto a Yahvé y prácticas idolátricas. Los nuevos habitantes conservaron elementos de la religión israelita, pero también mantuvieron cultos propios.5

La población samaritana desarrolló una identidad particular. Reconocía especialmente la autoridad de la Ley de Moisés y vinculaba su culto al monte Garizín. En tiempos de Jesús, el santuario samaritano del Garizín constituía el centro religioso de la comunidad, mientras que los judíos reconocían el templo de Jerusalén como lugar legítimo del culto nacional.3

Judíos y samaritanos

Una ruptura histórica y religiosa

La relación entre judíos y samaritanos estuvo marcada por la desconfianza, la rivalidad y la separación cultual. La reconstrucción del templo de Jerusalén después del exilio intensificó las tensiones. Los samaritanos ofrecieron colaboración, pero la comunidad judía rechazó su participación; el conflicto posterior profundizó la distancia entre ambos grupos.5

Los samaritanos afirmaban su pertenencia a la tradición de los patriarcas y veneraban a Abrahán, Isaac y Jacob. Sin embargo, aceptaban como Escritura principalmente el Pentateuco y no otorgaban la misma autoridad a los escritos proféticos. Esta diferencia religiosa acompañaba una separación histórica y social ya consolidada.6

En el siglo I, muchos judíos consideraban a los samaritanos heréticos, cismáticos o extranjeros. La hostilidad llegó a expresarse mediante insultos: llamar «samaritano» a alguien podía equivaler a acusarlo de infidelidad religiosa y desprecio social.6

Jesús y la samaritana

El Evangelio según san Juan sitúa en Samaria uno de los encuentros más importantes de la vida pública de Jesús: el diálogo con la mujer samaritana junto al pozo de Sicar.

La mujer recuerda la oposición entre ambos pueblos cuando pregunta cómo un judío puede pedir agua a una samaritana. La escena muestra una separación real, no una simple diferencia de costumbres. Santo Tomás de Aquino explica que la frase «los judíos no se tratan con los samaritanos» expresa la distancia existente entre las dos comunidades.7

Jesús atraviesa esa frontera sin negar la historia ni aprobar la idolatría. Entabla diálogo con la mujer, revela su situación personal y la conduce progresivamente hacia la fe. El agua del pozo sirve como punto de partida para anunciar el agua viva, símbolo de la gracia y de la vida que procede de Cristo. La sed física conduce así a una enseñanza sobre la sed espiritual del ser humano.8

Cuando la mujer pregunta si el culto verdadero debe realizarse en Jerusalén o en el monte Garizín, Jesús desplaza la discusión hacia su cumplimiento definitivo: «los que adoran deben adorar en espíritu y verdad» (Jn 4,24). La respuesta no presenta una simple elección entre dos santuarios rivales; anuncia una relación nueva con Dios, fundada en la revelación del Hijo y en la acción del Espíritu.8

La parábola del buen samaritano

Jesús también colocó a un samaritano como protagonista de la parábola del hombre herido en el camino de Jerusalén a Jericó. En aquella sociedad, la elección del personaje resultaba provocadora: el extranjero despreciado aparece como modelo de compasión, mientras que otros personajes vinculados al ámbito religioso no actúan con misericordia.

La parábola no convierte la identidad samaritana en una categoría ideal ni ignora sus errores religiosos. Jesús utiliza la figura del samaritano para revelar que el amor al prójimo supera las fronteras étnicas, cultuales y sociales. La verdadera proximidad nace de la misericordia practicada.

La tradición patrística reconoció en esta parábola una inversión radical de las expectativas sociales de la época. San Juan Crisóstomo recuerda que los judíos consideraban al samaritano despreciable, pero Jesús lo presentó como ejemplo de compasión.6

El leproso samaritano

En el relato de los diez leprosos, solo uno regresa para dar gracias a Jesús, y ese hombre es samaritano. El Evangelio une así la fe agradecida con alguien situado fuera de la comunidad judía dominante.

La curación manifiesta que la misericordia de Dios alcanza también a quienes viven en los márgenes religiosos y sociales. El samaritano no recibe solo la salud corporal: reconoce la acción de Dios y vuelve para glorificarlo.

Samaria en la historia de la salvación

De la división a la reconciliación

La historia política del Reino del Norte describe guerras, deportaciones, cambios dinásticos y dominación imperial. La historia de la salvación contempla esos acontecimientos desde una perspectiva más profunda: Israel permanece llamado a la conversión, y Dios no abandona su designio por causa de la infidelidad humana.

La división entre Israel y Judá introdujo una herida en la unidad del pueblo. La rivalidad entre judíos y samaritanos prolongó esa fractura durante siglos. Sin embargo, el Evangelio presenta a Cristo como quien atraviesa las barreras acumuladas por la historia y conduce a los pueblos hacia el culto verdadero.

La reconciliación cristiana no consiste en borrar artificialmente las diferencias históricas, sino en llevarlas a una comunión nueva fundada en Cristo. El encuentro junto al pozo muestra que Jesús inicia esa reconciliación mediante la escucha, el diálogo, la conversión y la verdad.8

La evangelización de Samaria

Después de la resurrección de Cristo, Samaria ocupó un lugar destacado en la expansión de la Iglesia. Los Hechos de los Apóstoles presentan la predicación en Samaria como una de las primeras etapas de la misión cristiana después de Judea.

Felipe anunció allí a Cristo, y muchos samaritanos acogieron la predicación. Pedro y Juan acudieron después para confirmar aquella comunidad mediante la oración y la imposición de las manos. La entrada de los samaritanos en la Iglesia manifestó que la salvación no quedaba restringida a Judea ni a un único grupo étnico.9

Este acontecimiento posee un alcance eclesial decisivo. Samaria representa el primer gran paso desde una comunidad marcada por la separación hacia un pueblo reunido en Cristo. La misión cristiana no ignoró las heridas antiguas, pero tampoco permitió que esas heridas determinaran el futuro del Evangelio.

Simón el Mago

Los Hechos de los Apóstoles relacionan con Samaria a Simón el Mago. Este personaje creyó inicialmente en la predicación cristiana, pero después intentó comprar con dinero el poder de comunicar el Espíritu Santo. Pedro reprendió severamente su actitud.

La tradición cristiana llamó simonía al intento de comprar o vender bienes espirituales. El episodio recuerda que la incorporación externa a la comunidad cristiana necesita una conversión auténtica y que la gracia de Dios no puede convertirse en objeto de comercio.

Samaria y la Iglesia

La evangelización de Samaria ocupa un lugar teológico propio en el libro de los Hechos. Jesús había anunciado que sus discípulos serían testigos «en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8). La geografía de la misión expresa un crecimiento ordenado:

  1. Jerusalén, centro de la primera comunidad.
  2. Judea, territorio del pueblo judío.
  3. Samaria, comunidad históricamente separada.
  4. Los confines de la tierra, horizonte universal de la Iglesia.

La incorporación de los samaritanos anticipa la entrada de los gentiles. Antes de cruzar plenamente las fronteras del mundo pagano, la Iglesia tuvo que superar la barrera interna entre judíos y samaritanos. La misión en Samaria muestra que Cristo derriba los muros creados por la enemistad religiosa y política.9

Significado espiritual de Samaria

La sed de Dios

El pozo de Sicar simboliza la búsqueda humana de una vida plena. Jesús parte de una necesidad elemental -la sed- para revelar que solo Dios puede satisfacer definitivamente el deseo de verdad, amor, justicia y libertad. El agua viva representa la vida divina comunicada por Cristo y llevada a su plenitud por el Espíritu Santo.8

La superación de las fronteras

Samaria recuerda que las divisiones históricas no tienen la última palabra. Jesús no actúa con desprecio hacia la mujer samaritana ni evita el contacto con su pueblo. Dialoga con respeto, denuncia el pecado y ofrece la verdad. El encuentro cristiano exige las tres dimensiones: dignidad de la persona, conversión y comunión en la verdad.

La misericordia como criterio

El buen samaritano enseña que la pertenencia religiosa no puede separarse de la caridad. La misericordia concreta revela quién cumple realmente la voluntad de Dios. El samaritano de la parábola no aparece como modelo por su origen, sino por su compasión activa ante el sufrimiento.

Samaria en la perspectiva católica

La tradición católica contempla Samaria desde tres niveles inseparables:

  • Histórico: capital del Reino del Norte y centro de una región transformada por la conquista asiria.
  • Religioso: lugar de una comunidad separada de Judea, con culto propio y una interpretación particular de la Ley.
  • Salvífico: territorio que Cristo visita, evangeliza y reúne en la Iglesia.

La Samaria del Antiguo Testamento y la Samaria del Nuevo Testamento mantienen una continuidad geográfica e histórica, pero no representan exactamente la misma realidad política. El antiguo Reino del Norte desapareció con la conquista asiria; la población samaritana del tiempo de Jesús pertenecía a una comunidad posterior, formada mediante complejos procesos de continuidad israelita, desplazamiento de pueblos y reorganización religiosa.

Cristo no redujo a los samaritanos a su pasado ni legitimó la hostilidad existente. Les ofreció la verdad, acogió su respuesta de fe y abrió con ellos una etapa nueva de la historia de la salvación. Samaria pasó así de ser símbolo de división a convertirse en signo de la universalidad del Evangelio y de la reconciliación de los pueblos en Jesucristo.

Citas y referencias

  1. La Biblia de Nueva Versión Revisada, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, 1 Reyes 16 (1993). 2 3
  2. Israelitas, Enciclopedia Católica, Israelitas (1913).
  3. Antonio García Moreno. Adorar al Padre en espíritu y verdad, 14 (1991). 2
  4. Cautividades de los israelitas, Enciclopedia Católica, Cautividades de los israelitas (1913). 2
  5. Antonio García Moreno. Adorar al Padre en espíritu y verdad, 9 (1991). 2
  6. Juan 4:1-3, San Juan Crisóstomo. Homilía 31 Juan 3:35-4:12, 2. 2 3
  7. Capítulo 4, Santo Tomás de Aquino. Comentario sobre el Evangelio de San Juan, 4:9 (1272).
  8. Papa Francisco. Solemnidad de la Conversión del Apóstol San Pablo - Celebración de las Vísperas (25 de enero de 2015), Solemnidad de la Conversión del Apóstol San Pablo - Celebración de las Vísperas (25 de enero de 2015) (2015). 2 3 4
  9. Antonio García Moreno. Adorar al Padre en espíritu y verdad, 10 (1991). 2
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