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San Acacio

San Acacio es el nombre atribuido a varios santos de la Antigüedad cristiana, entre ellos un mártir de Bizancio, un obispo de Melitene del siglo III y un obispo de Berea. La tradición hagiográfica y los calendarios orientales los han distinguido de manera desigual, por lo que conviene separar sus biografías y evitar identificar automáticamente a todos los personajes llamados Acacio.

Emil Jakob Schindler - Monks putting the bill on the coat of Acacius
Ver información de la imagenEmil Jakob Schindler - Monjes presentando la cuenta en la capa de Acacio, hacia 1868. Emil Jakob Schindler, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSan Acacio
CategoríaPersona
DescripciónNombre atribuido a varios santos de la Antigüedad cristiana, entre ellos un mártir de Bizancio, un obispo de Melitene del siglo III y un obispo de Berea
AtributosAtributos militares (mártir de Bizancio), ornamentos episcopales y un libro (obispo)
Festividad31 de marzo
OrigenProcede del griego Akákios
Personas RelacionadasSan Mucio, Diocleciano, Maximiano, Constantino el Grande, Decio, Marciano, Asterio, Eusebio de Samosata, Flaviano de Antioquía, Papa Dámaso I, San Juan Crisóstomo, Acacio de Constantinopla, Acacio de Cesarea, Zenón
TipoSanto

Tabla de contenido

Nombre y variantes

El nombre procede del griego Akákios y aparece también bajo las formas latinizadas Acacio, Acacio de Bizancio, Acacio de Melitene, Acacio de Berea, Acates o Agato. La diversidad de nombres y lugares originó confusiones en los calendarios, los martirologios y las narraciones medievales.

La tradición occidental llamó Acacio o Agato al mártir de Bizancio, mientras que otras fuentes emplearon el nombre de Acacio para obispos de Melitene y Berea. La investigación hagiográfica distingue hoy varios personajes, aunque las antiguas compilaciones no siempre ofrecen datos suficientes para resolver todas las identificaciones.

San Acacio mártir de Bizancio

Vida y martirio

El Acacio considerado mártir de Bizancio vivió durante la persecución de los emperadores Diocleciano y Maximiano, a comienzos del siglo IV. La tradición lo presenta como un centurión de origen capadocio. Su testimonio cristiano lo condujo a la detención y al proceso judicial.1

La tradición bizantina lo cuenta entre los mártires más antiguos de la ciudad. Algunas fuentes antiguas lo presentan como uno de los pocos mártires genuinamente vinculados a Bizancio, junto con san Mucio.1

Las narraciones de su pasión transmiten el recuerdo de un cristiano que permaneció fiel a Cristo frente a la autoridad imperial. Sin embargo, los relatos hagiográficos de la Antigüedad tardía suelen incorporar discursos y detalles literarios difíciles de verificar históricamente. La prudencia crítica aconseja distinguir el núcleo tradicional -la veneración antigua de un mártir llamado Acacio en Bizancio- de los pormenores narrativos añadidos posteriormente.

Culto en Constantinopla

Constantinopla llegó a tener dos o quizá tres iglesias dedicadas a san Acacio. Una de ellas atribuía su fundación al emperador Constantino el Grande. El templo recibió el sobrenombre de «la Nuez», porque, según la tradición, incorporaba en su estructura el nogal donde el mártir habría sido suspendido durante la flagelación.2

La existencia de estos santuarios muestra la importancia que alcanzó el culto de Acacio en la capital imperial. La veneración de sus reliquias y de los lugares vinculados a su pasión contribuyó a consolidar su memoria litúrgica en Oriente.

Fecha litúrgica

Las Iglesias orientales celebran a san Acacio en distintas fechas, aunque el 31 de marzo figura como una de las conmemoraciones principales para el Acacio asociado a Melitene.3

El mártir de Bizancio aparece también en calendarios y martirologios con fechas propias. La diversidad de celebraciones refleja la existencia de varios santos homónimos y la transmisión independiente de sus cultos.

Acacio, obispo de Melitene

El obispo del siglo III

Otro san Acacio fue obispo de Melitene, ciudad de Armenia Menor. Vivió durante la persecución del emperador Decio, a mediados del siglo III. La tradición relata que compareció ante el tribunal de un magistrado llamado Marciano para dar razón de su fe cristiana.3

Acacio defendió la fidelidad de los cristianos al emperador en el ámbito civil, pero rechazó participar en el culto imperial. El proceso incluyó un interrogatorio sobre la fe cristiana, la naturaleza de Dios y las religiones paganas. La narración de su defensa lo presenta como un testigo de la unicidad de Dios y de la dignidad de Cristo.4

El relato de la pasión afirma que el juez ordenó encarcelarlo y remitió las actas del proceso al emperador Decio. Acacio recibió finalmente el perdón imperial y no murió ejecutado. Por ese motivo, algunos autores lo consideran confesor de la fe más que mártir en sentido estricto.4

Enseñanza y milagros

Las fuentes antiguas atribuyen a este obispo una notable capacidad doctrinal y numerosos milagros. La tradición oriental lo veneró como pastor eminente y defensor de la fe durante la persecución.3

La identificación exacta de su sede presenta dificultades. Algunos autores lo consideran obispo de Antioquía de Pisidia; otros lo sitúan en Melitene, y una tercera opinión duda incluso de su condición episcopal. La documentación conservada no permite resolver definitivamente la cuestión.4

Acacio, obispo de Berea

No debe confundirse con los anteriores Acacio de Berea, obispo sirio del siglo IV y comienzos del V. Nació hacia el año 322 y entró en una comunidad monástica próxima a Antioquía, dirigida por Asterio. Más tarde, Eusebio de Samosata lo ordenó obispo de Berea.5

Defensa de la ortodoxia

Acacio destacó durante las controversias arrianas y defendió la doctrina católica sobre la fe nicena. Participó en debates relacionados con el apolinarismo y suscribió una profesión de fe que confesaba las dos naturalezas de Cristo. También intervino en el Concilio de Constantinopla del año 381, convocado para reafirmar las definiciones de Nicea y rechazar la doctrina de los macedonianos.5

Su trayectoria episcopal incluyó también momentos de conflicto. Participó en la consagración de Flaviano de Antioquía, acto que provocó la oposición del papa Dámaso I. La ruptura duró aproximadamente una década, hasta que el Concilio de Capua lo readmitió en la comunión eclesial hacia los años 391 o 392.5

Relación con las controversias cristológicas

En su vejez, Acacio actuó como enviado entre las Iglesias de Oriente y Roma. La tradición histórica lo presenta como un hombre de gran capacidad diplomática, aunque también registra su hostilidad hacia san Juan Crisóstomo y su actuación controvertida durante la controversia nestoriana. Por ello, algunos historiadores antiguos lo describieron como una figura de carácter complejo y difícil de valorar de forma unívoca.5

Este Acacio no corresponde al mártir de Bizancio ni al obispo de Melitene del siglo III. La coincidencia del nombre explica buena parte de las confusiones posteriores.

Relación con otros personajes llamados Acacio

Acacio de Constantinopla

También llevó el nombre de Acacio el patriarca de Constantinopla que ocupó la sede entre los años 472 y 489. Su actuación durante la controversia monofisita y su apoyo al Henótico del emperador Zenón provocaron el llamado Cisma acaciano, que enfrentó a Constantinopla con Roma hasta el año 519.6

Este patriarca no debe confundirse con un santo mártir. La tradición histórica lo estudia principalmente en el contexto de las controversias cristológicas posteriores al Concilio de Calcedonia.

Los acacianos del siglo IV

El nombre de acacianos designó también a un grupo teológico relacionado con Acacio de Cesarea. Este partido intentó adoptar una posición intermedia en las controversias trinitarias, rechazando tanto el término niceno homoousios como otras fórmulas defendidas por grupos rivales. El sínodo de Lámpsaco depuso a Acacio en el año 365, y el movimiento perdió después su importancia.7

La semejanza nominal entre este movimiento y los santos llamados Acacio no implica una relación directa con el culto de los mártires.

Tradición hagiográfica y valoración histórica

Las actas de san Acacio circularon en griego y en siríaco. La versión griega fue publicada en las colecciones de los bolandistas, mientras que también existió una antigua versión siríaca editada por Paul Bedjan. Los estudios hagiográficos han examinado la composición literaria de estos relatos y su grado de fiabilidad histórica.2

La tradición de Acacio de Melitene presenta un rasgo peculiar: aunque recibe con frecuencia el título de mártir, el relato de su proceso termina con la liberación imperial. Una antigua compilación observa precisamente que no existe certeza de que muriera por la fe, circunstancia que ayuda a explicar la escasa difusión de su culto en Occidente frente a su presencia en los calendarios orientales.8

La crítica histórica distingue, por tanto, tres niveles:

  • El núcleo histórico: la existencia de cristianos llamados Acacio, vinculados a Melitene, Bizancio y Berea.
  • La memoria litúrgica: la celebración de santos homónimos en diversas Iglesias.
  • Los elementos legendarios: discursos extensos, detalles de tormentos y episodios cuya redacción pertenece a una elaboración hagiográfica posterior.

Significado espiritual

La figura de san Acacio, especialmente en sus formas de mártir y confesor, representa la fidelidad cristiana ante la presión política y religiosa. Sus relatos insisten en que la obediencia civil tiene un límite: el cristiano puede respetar la autoridad legítima, pero no puede rendir culto a una criatura ni negar la soberanía de Dios.

La tradición de Acacio de Melitene pone además de relieve la importancia de la enseñanza doctrinal. Su defensa de la fe no aparece separada de la vida pastoral: el obispo instruye, acompaña a la comunidad y afronta el interrogatorio como representante de los cristianos perseguidos.

Acacio de Berea ofrece otra dimensión del mismo ideal: la defensa de la doctrina cristiana en medio de controversias internas. Su vida recuerda que la santidad episcopal también implica responsabilidad doctrinal, reconciliación eclesial y servicio a la unidad de la Iglesia.

Representación artística

La iconografía de san Acacio depende del personaje representado. El mártir de Bizancio suele aparecer con atributos militares, especialmente cuando la tradición lo identifica con un centurión. El Acacio obispo aparece revestido con ornamentos episcopales y acompañado de un libro, signo de su enseñanza.

Las escenas de su pasión pueden incluir la flagelación y el árbol de nogal relacionado con la iglesia constantinopolitana llamada «la Nuez». Este motivo pertenece a la tradición legendaria de su culto en Bizancio.2

Distinción entre los principales san Acacios

Para evitar confusiones, conviene distinguir:

  • Acacio mártir de Bizancio: centurión capadocio, vinculado a la persecución de Diocleciano y Maximiano.
  • Acacio de Melitene: obispo del siglo III, interrogado durante la persecución de Decio y liberado por el emperador.
  • Acacio de Berea: obispo sirio de los siglos IV y V, defensor de la ortodoxia nicena.
  • Acacio de Constantinopla: patriarca del siglo V, protagonista del Cisma acaciano, no identificado con los mártires homónimos.

Conclusión

El nombre de San Acacio reúne varias tradiciones cristianas antiguas. El mártir de Bizancio encarna el testimonio heroico durante las persecuciones; el obispo de Melitene representa la confesión pública de la fe; y el obispo de Berea muestra la responsabilidad pastoral y doctrinal de los obispos en tiempos de controversia. La distinción entre estos personajes permite comprender mejor la historia de su culto y valorar con rigor la tradición hagiográfica que los transmitió.

Citas y referencias

  1. San Víctor Mauro, mártir (303? d. C.), Alban Butler. Butler’s Lives of the Saints: Volumen II, 254 (1990). 2
  2. San Gibrián (c. 515 d. C.), Alban Butler. Butler’s Lives of the Saints: Volumen II, 255 (1990). 2 3
  3. San Acacio, Catholic Encyclopedia, San Acacio (1913). 2 3
  4. San Acacio, o Acacio, obispo (siglo III), Alban Butler. Butler’s Lives of the Saints: Volumen I, 723 (1990). 2 3
  5. Acacio, Catholic Encyclopedia, Acacio (1913). 2 3 4
  6. Acacio, Edward G. Farrugia. Encyclopedic Dictionary of the Christian East, Acacio (2015).
  7. Los acacianos, Catholic Encyclopedia, Los acacianos (1913).
  8. San Benjamín, mártir (c. 421 d. C.), Alban Butler. Butler’s Lives of the Saints: Volumen I, 724 (1990).
Modificado el 21 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.65Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/0gxgb55p5

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