Vida y martirio
El Acacio considerado mártir de Bizancio vivió durante la persecución de los emperadores Diocleciano y Maximiano, a comienzos del siglo IV. La tradición lo presenta como un centurión de origen capadocio. Su testimonio cristiano lo condujo a la detención y al proceso judicial.
La tradición bizantina lo cuenta entre los mártires más antiguos de la ciudad. Algunas fuentes antiguas lo presentan como uno de los pocos mártires genuinamente vinculados a Bizancio, junto con san Mucio.
Las narraciones de su pasión transmiten el recuerdo de un cristiano que permaneció fiel a Cristo frente a la autoridad imperial. Sin embargo, los relatos hagiográficos de la Antigüedad tardía suelen incorporar discursos y detalles literarios difíciles de verificar históricamente. La prudencia crítica aconseja distinguir el núcleo tradicional -la veneración antigua de un mártir llamado Acacio en Bizancio- de los pormenores narrativos añadidos posteriormente.
Culto en Constantinopla
Constantinopla llegó a tener dos o quizá tres iglesias dedicadas a san Acacio. Una de ellas atribuía su fundación al emperador Constantino el Grande. El templo recibió el sobrenombre de «la Nuez», porque, según la tradición, incorporaba en su estructura el nogal donde el mártir habría sido suspendido durante la flagelación.
La existencia de estos santuarios muestra la importancia que alcanzó el culto de Acacio en la capital imperial. La veneración de sus reliquias y de los lugares vinculados a su pasión contribuyó a consolidar su memoria litúrgica en Oriente.
Fecha litúrgica
Las Iglesias orientales celebran a san Acacio en distintas fechas, aunque el 31 de marzo figura como una de las conmemoraciones principales para el Acacio asociado a Melitene.
El mártir de Bizancio aparece también en calendarios y martirologios con fechas propias. La diversidad de celebraciones refleja la existencia de varios santos homónimos y la transmisión independiente de sus cultos.