Arresto y confesión de la fe
Según la tradición, Agapito era todavía un adolescente cuando compareció ante las autoridades romanas. El gobernador Antíoco habría intentado obligarlo a abandonar el cristianismo, pero el joven permaneció firme en la confesión de Cristo. La negativa a rendir culto a los dioses imperiales condujo a la flagelación y al encarcelamiento.
El relato tradicional presenta la juventud del mártir como un signo de la fuerza de la gracia divina. La edad de Agapito, más que aportar un dato biográfico comprobable, cumple una función espiritual: muestra que la fidelidad cristiana no depende de la edad, de la posición social ni de la fuerza física.
Las torturas de las actas
Las actas atribuidas a Agapito describen una sucesión de tormentos: una prisión insalubre y sin alimento, carbones encendidos sobre la cabeza, suspensión por los pies sobre un fuego humeante, agua hirviendo y otras formas de violencia física. También narran que el prefecto Antíoco murió antes que el mártir y que las fieras del anfiteatro no le causaron daño. Finalmente, Agapito recibió la muerte por espada.
El Martirologio romano conserva una versión más breve: después de los tormentos, Agapito habría sido arrojado a los leones sin sufrir daño y, finalmente, ejecutado a espada.
Estos episodios pertenecen al lenguaje tradicional de las pasiones martiriales. La intervención de animales que no atacan al condenado, la conversión de un funcionario impresionado por su fortaleza y la muerte repentina del perseguidor aparecen en diversos relatos hagiográficos de la Antigüedad tardía. Tales elementos expresan la victoria de Dios sobre la violencia y la impotencia de los ídolos, pero no ofrecen por sí mismos una garantía de historicidad literal.
La corona del martirio
La muerte por decapitación constituye el núcleo constante del relato. Para la teología católica, el martirio no consiste en buscar el sufrimiento, sino en permanecer fiel a la verdad cristiana cuando una autoridad intenta imponer la apostasía. El mártir no vence mediante la violencia: da testimonio de Cristo con la perseverancia, el perdón y la entrega de la propia vida.
Alfonso María de Ligorio presentó a Agapito, junto con san Vito, como ejemplo de la fortaleza que la gracia puede conceder incluso a un joven sometido a torturas. En esa interpretación espiritual, la respuesta del mártir transforma el instrumento de suplicio en signo de la corona celestial.