En la tradición hagiográfica, Agapito aparece como un joven cristiano —generalmente presentado con unos quince años— que habría sido llevado ante un gobernador llamado Antiochus en Praeneste (Palestrina) y condenado por negarse a abandonar la fe.1
Conviene precisar desde el comienzo un punto importante: no se dispone de datos históricos seguros y plenamente verificables sobre su vida y martirio en sentido estricto, porque las narraciones concretas que circularon sobre él se consideran de fiabilidad dudosa. En efecto, se afirma que «en realidad no se sabe nada con certeza» de este santo salvo el hecho de que fue mártir y fue sepultado en Palestrina, ya que sus actas se juzgan espurias (es decir, no auténticas o no procedentes de un origen fiable).1

