Origen y familia
Agustín nació en Tagaste, ciudad de la provincia romana de Numidia, en el norte de África. Su padre, Patricio, pertenecía a la administración municipal y profesaba inicialmente el paganismo; su madre, santa Mónica, era una cristiana fervorosa cuya influencia espiritual acompañó toda la vida de su hijo. Patricio recibió el bautismo hacia el final de su vida, gracias en buena medida al testimonio de Mónica.1
Agustín tuvo un hermano llamado Navigio y una hermana cuyo nombre no ha conservado la tradición. Esta última, después de enviudar, dirigió una comunidad femenina. La familia proporcionó a Agustín una educación cristiana inicial: recibió la señal de la cruz y fue inscrito entre los catecúmenos. Aunque durante una enfermedad llegó a pedir el bautismo, la recuperación de su salud hizo que lo aplazara, conforme a una costumbre entonces extendida.2
Estudios en Madaura y Cartago
Agustín recibió sus primeras enseñanzas en Tagaste y continuó sus estudios de gramática en Madaura. En torno al año 370 marchó a Cartago, capital cultural de la provincia africana, para estudiar retórica, disciplina esencial para la carrera jurídica y administrativa romana. Dominó con gran brillantez el latín, aunque nunca llegó a adquirir un conocimiento comparable del griego ni del púnico, lengua hablada por parte de la población africana.2
En Cartago leyó el Hortensio de Cicerón, obra hoy perdida. El libro provocó en él un profundo despertar intelectual: abandonó temporalmente las ambiciones puramente mundanas y comenzó a desear la sabiduría y la verdad. Más tarde recordaría que aquella lectura transformó sus aspiraciones y encendió en su interior el deseo de alcanzar la inmortalidad de la sabiduría.2
Sin embargo, su vida moral atravesó durante esos años un periodo de desorden. En torno al año 372 inició una relación estable con una mujer cuyo nombre no transmite la tradición y con quien tuvo un hijo, Adeodato. La relación duró aproximadamente quince años. Agustín reconoció posteriormente la gravedad de aquella situación, pero también mostró en sus escritos que su conversión no consistió en un cambio repentino, sino en un largo proceso de búsqueda, lucha interior y gracia divina.1
El maniqueísmo
Durante su juventud, Agustín se adhirió al maniqueísmo, movimiento religioso de carácter dualista que explicaba la realidad mediante la oposición entre dos principios, uno bueno y otro malo. La doctrina maniquea pretendía ofrecer una explicación racional del origen del mal y prometía un conocimiento reservado a quienes alcanzaban determinado grado de iniciación.
Agustín permaneció vinculado al maniqueísmo durante varios años, pero acabó decepcionado por sus respuestas insuficientes y por la debilidad intelectual de sus dirigentes. El problema del mal continuó preocupándole, aunque más tarde encontró una explicación distinta: el mal no constituye una sustancia independiente, sino una privación del bien, es decir, una carencia o corrupción de un bien creado.3
Roma y Milán
Agustín marchó a Roma en 383, buscando mejores oportunidades profesionales. Poco después obtuvo una cátedra de retórica en Milán, ciudad en la que entró en contacto con san Ambrosio, obispo de la ciudad y uno de los principales predicadores de la Iglesia latina.
Al principio Agustín acudía a las homilías de Ambrosio para perfeccionar su estilo oratorio. Pronto, sin embargo, quedó impresionado por el contenido de su predicación. Ambrosio le ayudó a superar la dificultad que encontraba en el Antiguo Testamento mediante la interpretación tipológica, que descubre en sus acontecimientos y figuras una orientación hacia Cristo. Así, Agustín comenzó a percibir la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, la razón filosófica y la fe cristiana.2
En Milán también conoció escritos neoplatónicos, probablemente a través de traducciones latinas. Aquellas obras le ayudaron a comprender a Dios como realidad espiritual suprema y a abandonar la concepción materialista que había dificultado su búsqueda. La lectura de las cartas de san Pablo completó progresivamente este itinerario intelectual y religioso.2




