San Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, una pequeña ciudad de Numidia, en el norte de África3,6. Su familia, aunque de buena posición, no era rica. Su padre, Patricio, era pagano y de temperamento violento, mientras que su madre, Mónica, era una devota cristiana cuyas virtudes ejemplares finalmente llevaron a su esposo a recibir el bautismo y a tener una muerte santa alrededor del año 3713,6.
Agustín recibió una educación cristiana en su infancia, siendo signado con la cruz e inscrito entre los catecúmenos. En una ocasión, gravemente enfermo, pidió el bautismo, pero al pasar el peligro, pospuso el sacramento, siguiendo una costumbre lamentable de la época3,6. En su juventud, cayó en malos caminos, llevando una vida moralmente licenciosa y adhiriéndose intelectualmente al maniqueísmo hasta los treinta y dos años3.
Su Confesiones, escritas alrededor del año 400, no son solo una autobiografía, sino una profunda alabanza a la acción de Dios en su alma2. En esta obra, Agustín narra su tortuoso camino hacia la fe, desde su aversión por el griego en su niñez hasta su fascinación por el latín y su posterior búsqueda de la verdad7,3. El Papa Benedicto XVI destacó que la conversión de Agustín no fue un evento de un solo momento, sino un largo viaje interior que culminó con su bautismo en Milán por San Ambrosio la noche antes de Pascua del año 3878.

