En la tradición hagiográfica se presentan diversas formas del nombre de este santo. Con frecuencia se le llama San Alberto de Trapani, atendiendo a su lugar de origen. En algunos relatos también aparece como «de Sicilia», lo que subraya el marco geográfico desde el que se entiende su biografía y, en consecuencia, su inserción en el mundo carmelitano de la isla.1
Es importante subrayar que, cuando se trata de santos medievales, no siempre contamos con una biografía moderna con datos completos y verificables; por ello, en ocasiones la documentación que transmite su vida mezcla elementos históricos con tradiciones posteriores. En el caso de Alberto de Trapani, las fuentes conservadas incluyen justamente esa mezcla: datos sobre su pertenencia al Carmelo y su vida de oración, junto con narraciones más difíciles de comprobar.2

