La popularidad de San Albino se explica, en gran medida, por los milagros atribuidos a su intercesión. La tradición lo describe como taumaturgo con múltiples manifestaciones: curaciones de enfermos, recuperación de la vista para ciegos y milagros que afectaron incluso a la vida ordinaria marcada por el miedo y la injusticia.
Entre los episodios más recordados aparece el caso de un joven llamado Alabald, cuya resurrección se atribuye a la intercesión de Albino. La hagiografía también asocia al santo con un hecho de liberación carcelaria: Albino suplicó a un juez sin éxito la liberación de ciertos presos, y la noche siguiente un gran desprendimiento permitió que los prisioneros recuperaran la libertad, tras lo cual buscaron una vida reformada.
La transmisión de estas narraciones contribuyó a que el culto de Albino se extendiera con fuerza. La memoria del santo alcanzó espacios amplios de Europa occidental y, con el tiempo, llegó a otros territorios donde la devoción se consolidó en parroquias y comunidades.